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Foto: Twitter. La monarquía saudita es sunita y el gobierno iraní es chiita, las dos ramas del islam, separadas desde la muerte de Mahoma en el año 632.

Tensión entre Irán y Arabia Saudita responde a intereses

8 de enero, 2016

admin/La Voz de Michoacán

La reciente tensión entre Irán y Arabia Saudita lejos de tener raíces religiosas responde más bien a estrategias internas de grupos de poder en cada nación que buscan apuntalar sus posiciones políticas en el marco de un complejo panorama regional.

Si bien es cierto, la monarquía saudita es sunita y el gobierno iraní es chiita, las dos ramas del islam, separadas desde la muerte de Mahoma en el año 632, la tensión actual entre ambas naciones rebasa el antiguo conflicto religioso.

La ejecución del prominente clérigo chiíta de Arabia Saudita, Nimr al-Nimr, ha traído tensiones entre los principales actores regionales en Medio Oriente.

Frederic Wehrey, un estudioso de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, que investiga las políticas de identidad en el Golfo Pérsico, cree que la ejecución de Nimr fue motivada por la política doméstica en Arabia Saudita.

En concreto, la familia real saudita quería apaciguar a los poderosos clérigos sunitas molestos por la cooperación del reino con Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico, un grupo yihadista sunita.

También se está librando una batalla en relación a quién sucederá al rey Salman, quien a pesar de haber ascendido a la monarquía el año pasado, podría no ser rey por mucho tiempo.

En septiembre, el periódico The Guardian publicó una carta sin firmar de un príncipe saudita que describía una lucha de poder dentro del reino, al igual que preocupaciones en relación a que “el rey no se encuentra en una condición estable”.

En Irán, a una línea dura vinculada a la poderosa Guardia Revolucionaria que está tratando de afirmarse ante los políticos pragmáticos del gobierno de Teherán que acaban de firmar el acuerdo nuclear con las potencias mundiales.

Este grupo busca afirmarse como diciendo “todavía tenemos un poder y deben tomarnos en cuenta”, sostuvo Wehrey, quien añadió que ambas naciones hay poderes o identidades que buscan un cierto aventurerismo regional.

“Esta idea de que estas dos potencias están predestinados para la rivalidad inmutable debido a la antigua división entre sunitas y chiítas no puede llegar tan lejos”, dijo Wehrey en una larga entrevista con la revista estadunidense The Atlantic.

La relación saudita iraní ha oscilado entre la cooperación, la competencia, y la confrontación en las últimas décadas, así como las diferencias religiosas entre las dos naciones se han mantenido constantes, señaló.

“Estamos viviendo en una era donde el sectarismo tiene resonancia. Hay gente, hay élites, hay medios de comunicación, hay clérigos que trafican con ella”, indicó el experto al destacar lo que llama identidades.

Las identidades están constituidas con el desglose de las instituciones, el desglose de los gobiernos; personas están recurriendo a estas identidades. Estas dos potencias regionales se están introduciendo en conflictos que son próximos pero a su vez muy sectarios, explicó.

El experto se refiere a la intervención de Arabia Saudita en Yemen contra los hutíes, que son apoyados por Teherán, que ganaron posiciones hasta expulsar al presidente electo Abu Mansur Hadi, mientras en Siria la influencia de ambas naciones es decisiva en el conflicto.

La lucha regional también se está haciendo presente en lugares como Líbano, de mayoría chiíta, donde a Arabia Saudita le gustaría contener la influencia de Hezbolá, respaldado por Irán, e Irak, donde los sunitas ahora se sienten privados de derechos.

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