La Voz de Michoacan

Opinión,Raúl Castellano

Desaparecer en México

Opinión

Ago 02, 2017, 7:17

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Raúl Castellano

Sabido es que la inseguridad y la violencia unidas, tienen a México en una posición como uno de los países más violentos posibles. Nuestro país ocupa el segundo lugar de los países en donde han muerto un mayor número de personas, solo después de Siria que vive una auténtica guerra. La descomposición de nuestro país visto hasta hace pocos años, se desató con la tristemente famosa “guerra contra las drogas” que, además de tenerla perdida, ha producido miles de muertos, tantos, que superan los de algunas guerras entre países.

En México ocurren asesinatos, secuestros, ajustes de cuentas, ejecuciones, asaltos, cobro de piso, extorsiones, robo de huachicol, narcobloqueos y algo más, terriblemente horroroso: desapariciones. En el país, durante la última década, ha habido 32 mil desaparecidos. Sin embargo, se discute que pudieran ser el triple, debido a que no todos los casos son denunciados por diversas causas; una de ellas es el miedo. Y no es para menos, ya que en muchas ocasiones, son las policías penetradas por la delincuencia y otras autoridades, las responsables de muchas desapariciones.

Existe un caso positivo para la averiguación de las desapariciones. Esto ocurrió en el Estado de Nuevo León, donde se formó , hace menos de dos años, el Grupo Especializado de Búsqueda Inmediata (GEBI), que ha logrado una gran eficacia. Entre Marzo de 2014 a marzo de 2015, hubo 1,602 personas desaparecidas, de las cuales fueron localizadas 1,407 y de este número, 1,359 fueron encontradas con vida. Hay un dato alarmante en todo esto, que es el hecho que de el mayor número de desaparecidos, 746 personas, sus edades fluctúan entre los 12 y los 18 años. Los resultados de este Grupo han sido notables: en el 90% de los casos de las denuncias presentadas, se logró averiguar el paradero de las personas buscadas, dentro de las 72 horas.

Esta experiencia tan positiva nos revela la necesidad de constituir el “Sistema Nacional de Búsqueda”, sin que por esto los estados de la República dejen de tener los propios, semejantes al del Estado de Nuevo León. En adición a eso, debe formarse un “Registro de Personas Desaparecidas y No Localizables”.

El caso de la desaparición de 43 jóvenes en la ciudad de Iguala, en el Estado de Guerrero, es sin duda el más emblemático, el más terrible, por que el responsable aquí, fue el Estado. Existen todas las evidencias de cómo la policía de esa ciudad los detuvo y, en camionetas de esa autoridad, se los llevaron y no han sido vueltos a ver.

Y con el problema de las desapariciones, están las fosas, de las que Guerrero está lleno y las hay por todos lados. Pero no sólo Guerrero; Veracruz tiene también muchas y en Morelos también, dentro de las que destaca la de Tetelcingo. En este estado, hay casos de personas fallecidas, cuyos cuerpos no fueron entregados a sus familiares arguyendo diversos pretextos, a cual más de estúpidos, y fueron a parar a las fosas. Las autoridades de Morelos dijeron en su momento, que los cuerpos que se encontraban en esta fosa, eran de cadáveres que se encontraban en el Servicio Médico Forense, entre los años de 2010, 2011 y 2012. Esta explicación resultó no ser cierta

Solo la posible complicidad de las autoridades con el crimen organizado, podría explicar todos los errores cometidos. Los cadáveres simplemente son arrojados, sin ningún respeto y sin ningún protocolo como el tomar el ADN, fotografía de cada uno, descripción de características como el sexo, estatura, peso, huellas digitales, de ser posible, y otras precauciones que contribuyan a que los familiares puedan encontrarlos y reclamar los cuerpos, y darles una sepultura digna y puedan comenzar su duelo. Para la familia, el fallecido es mucho más que un simple cadáver; se trata de un ser querido, padre, madre, hermano o hijo, con el que están vinculados por fuertes lazos de sangre y de amor, que son indestructibles. Por favor, tengan respeto, hagan su trabajo como profesionales, tengan compasión.

Por otro lado, el no proceder como se ha señalado, impide que, si la muerte de una persona se debió a la comisión de un homicidio o murió después, a causa de las lesiones inferidas, o antes fue secuestrada o privada de su libertad, no habría forma de investigar. Otra razón frecuente es porque de plano no quieren hacerlo, debido a su incapacidad e ineficiencia para investigar crímenes. Muy graves resultan las dos posibilidades.

Tal vez nos hayamos vuelto insensibles ante tantas muertes como ocurre, por desgracia, en nuestro sufrido país, y no demos importancia a esta macabra realidad que nos consume.

La más reciente desaparición, en el estado de Tamaulipas, ha sido el de una joven mujer española, originaria de Valencia, que viajaba con su esposo mexicano y su pequeña hija. Un auto en el que iban hombres, fuertemente armados, les obligaron a detenerse, y bajaron solo a la mujer y se la llevaron; han pasado más de cuatro semanas y no hay noticias de ella. No ha habido petición de rescate, sino que fue algo así como un “levantón”, como se dice en el argot criminal y por ello se le tiene como desaparecida. En la investigación del caso, la actuación inmediata de las autoridades es primordial. En este caso así se ha procedido; incluso, ha intervenido la Policía Federal, en colaboración con las autoridades estatales, pero por desgracia no ha habido resultados.

Ariel Dulitzky, presidente del Grupo de Trabajo Sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU –nos dice Carmen Aristegui- habló con una madre, quien le pidió que trasmitiera una pregunta a todas las autoridades: “Si su hijo hubiera desaparecido, ¿qué haría usted”? Dulitzky señala: “En esa pregunta no solo se resume el calvario que sufren las familias sino que sintetiza el llamado a la adopción de políticas públicas eficaces y eficientes para asegurar los derechos a la verdad, a la Justicia, la reparación y a la memoria”.

México necesita, de manera urgente, adoptar políticas públicas adecuadas, para contrarrestar este crimen insoportable.

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