La Voz de Michoacan

Opinión

La muerte de los políticos

Juan Pablo Ríos y Valles Boysselle

Nov 02, 2017, 23:46

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Juan Pablo Ríos y Valles Boysselle

La vida está llena de miedos y suele ser la muerte el más grande de ellos, pareciera que dejar de estar aquí sin alcanzar a lograr todo lo pospuesto, evidenciaría que no valió la pena suprimir el deseo y forzar la voluntad. Irse ahora, sería como haberse hecho millonario con cargo al erario público sin tiempo suficiente para limpiar la imagen con donaciones y dando discursos anticorrupción, o como haber despedido al Fiscal de la FEPADE sin que hubiese quedado invalidada la investigación contra Ruiz Esparza y la campaña de Peña Nieto por violar el debido proceso en todo el show.

Normalmente la muerte le da sentido a la vida, es el reloj en contra el que nos apura, es el deseo de trascender a través de los que se quedan lo que acelera el paso del que se va. Pero hace tiempo que dejó de ser así.

En Michoacán, la violencia se ha llevado la vida, la guadaña escogió a los jóvenes para arrebatarles el sueño de una vida en familia y cambiársela por el deseo de dinero fácil, armas, diversión y adrenalina. El proceso fue lento, pero bien logrado, fueron años de crisis económica los que cavaron la tumba de la esperanza, la segregación social hizo agonizar al sueño de cambiar de clase social y el compadrazgo le pegó un tiro a la educación como método de superación. Hoy valen más pocos años con vida de rey que un buen nombre o un recuerdo memorable.

El veneno no sólo lo han tomado quienes jalan gatillos, defraudan socios o roban en lo despoblado, también los niños comienzan a beberlo inadvertidamente, se les entrega cada vez que frente a ellos se habla mal del otro, lo respiran cuando aprenden que hacer trampa está mal sólo si te cachan y se les inyecta cuando se suple el amor, el tiempo y los cuidados con regalos. De apoco descuidamos nuestros valores, transformamos la tradición de ser un Michoacán de personas trabajadoras, agricultores honrados, comerciantes hábiles, anfitriones amables y amigos incomparables y llegamos al momento en que las profesiones, antes honrosas, dan repugnancia.

Tal es el caso de la política: no debería existir distinción más alta que la de servir a los demás desde la presidencia municipal o la gubernatura, escuchar las inquietudes de los ciudadanos y tener la capacidad de resolverlos habría de ser lo anhelado de esos trabajos, sin embargo vemos que ya comienzan las peleas y golpes bajos para lograr la candidatura en 2018. Quizá si supieran que los municipios están quebrados, que el crimen organizado los amenazará, que su vida será absolutamente pública y que con dificultad tendrán tiempo libre, dejarían de buscar con tanta ansia sentarse en la silla. No es así, inclusive invierten recursos, erigen estrategias y hasta prometen por adelantado con tal de derrotar al otro y llegar a la boleta.

El hueso está envenenado y mata las pocas buenas intenciones de aquellos que llegaron al poder con más hambre que deseo de un mejor futuro, igual ha sucumbido quien habían desempeñado el cargo y salido ileso como el que no sin cansarse de buscarlo tuvo que cambiar de color y romper con el pasado. ¿Será que este proceso electoral traiga sorpresas y pueda existir entre los precandidatos alguien con verdadero espíritu de servicio que no nos traicione?

Quizá a la luz de la muerte pudiésemos entender por qué los familiares a quienes esta semana se les erige un altar, decidieron entregar inclusive su sangre por los demás, por qué prefirieron el bien público antes que la riqueza personal y por qué son más las anécdotas de los momentos que pasaron que el dinero que contaron. Ojalá que eso hiciese que en 2018 encontremos una persona con la que se pueda hacer equipo, que escuche y actúe con la dignidad que merece celebrar su vida inclusive después del trienio.

 

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