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La Voz de la Fe 16 septiembre

Sep 17, 2017, 7:55

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Obispo Javier Ávila Hernández

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 

Este fin de semana como país celebramos un acontecimiento histórico grandioso: “La independencia nacional”, Y recordamos con gratitud  a los protagonistas, a los héroes, hombres y mujeres comprometidos con una solo causa: “la libertad”.  Es difícil para nosotros dimensionar los sufrimientos y adversidades que sufrieron los que estuvieron dispuestos  a dar su propia vida con el fin de romper las cadenas de la esclavitud, la opresión y la injusticia.

El legado que hoy disfrutamos va más allá de bendiciones y oportunidades como nunca, vivimos en una tierra rica en recursos naturales. La otra parte de su herencia es la gran luz de su ejemplar sacrificio.

Importantísimo considerarlo, pues hoy, a pesar de contar con los adelantos tecnológicos más asombrosos, miles de nuestros hermanos siguen viviendo en la extrema pobreza, con salarios que a todas luces no les alcanza para cubrir sus más elementales necesidades. Y muchos otros en perores condiciones, careciendo incluso de una oportunidad de empleo.

Por ello tal vez el legado más importante de Morelos, Hidalgo, Allende, Guerrero y tantos más es su ejemplo. Lo dieron todo, incluso la vida por una libertad que ellos no iban a disfrutar. Y por una muerte que ellos sabían casi segura. Así redimieron la tierra con la efusión de su sangre. Ellos cumplieron lo que dijo nuestro Señor: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

¿Acaso no contrasta esa actitud con este tiempo de maldad, egoísmo e impunidad?

Lo que hace que nos preguntemos: ¿Llegará un día en que nuestra nación esté al borde de desintegrarse en pedazos y rodar por el suelo; y sus libertades estén al borde de la ruina?

Durante siglos nuestros antepasados sufrieron y se sacrificaron para que pudiéramos recibir las bendiciones de la libertad. Si ellos estuvieron deseosos de sacrificar tanto para establecernos como un pueblo libre, ¿no deberíamos desear hacer lo mismo para mantener esa libertad para nosotros y para las generaciones futuras?

Cuando un pueblo recibe tan grande legado es claro que tiene la enorme responsabilidad de lograr que esta libertad se perpetúe.

Hoy necesitamos honrar a nuestros héroes no solo con gritos de júbilo,  sino con acciones congruentes que hagan eco a los principios de libertad y de justicia. Hoy más que nunca necesitamos aprender, practicar y enseñar que la obediencia a las leyes divinas y los principios constitucionales de libertad y justicia, esa es la única manera de ser libres.

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