La Voz de Michoacan

Opinión

Cuentística

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ

Dic 03, 2017, 7:54

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MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ

 

La Real Academia Española define la palabra cuentística en los siguientes términos

1. Adj. Perteneciente o relativo al cuento (narración breve).2. f. Género narrativo representado por el cuento (narración breve).” Pero, ¿qué es un cuento? Etimológicamente, este vocablo tiene su antecedente en “la palabra latina computus, con una síncopa de la u intermedia. La evolución es computu (m) > comptu > comtu> cuento, con diptongación de la o tónica. Significaba más bien cuenta o cómputo. Se vincula a una forma prefijada, computare (contar, calcular), a partir del verbo simple putare (estimar, considerar). La palabra cuenta también se deriva de computare. Muchas palabras comparten esta raíz, como putativo, computadora, reputación, imputar, etc.” Este fue el origen del concepto que evolucionó para designar una “Breve narración de sucesos ficticios o de carácter sencillo, hecha con fines morales o recreativos” Tercera acepción que aparece en la XIX edición del Diccionario de  la RAE. Hipotéticamente, se dice que el cuento apareció en la India como cuento escrito, porque los cuentos han existido desde que los seres humanos lograron cierto dominio sobre el lenguaje oral y fueron transmitidos de generación en generación a través de los siglos. Según Miguel Diez R., el primer cuento de la historia fue “‘La historia de los dos hermanos’ es un antiguo relato egipcio escrito a finales de la dinastía XII (siglo XIII a.C.) que ha llegado en muy buen estado hasta nuestros días en el llamado Papiro D´Orbiney, conservado en el Museo Británico de Londres. Fue escrito por el escriba Ennana -aunque son citados también los escribas Hori y Meremope- y relata la historia de dos hermanos, Anubis el mayor y Bata el más pequeño. Aparte ser un cuento maravilloso -mágico-fantástico-, con referencias mitológicas y seguramente políticas, su importancia  se debe a la descripción de caracteres y tipos humanos, y curiosamente muestra en su primera parte una notable similitud con la historia bíblica  que narra el intento de seducción de José por parte de la esposa de Putifar (Génesis, 39)”.

El cuento, como nosotros lo conocemos, aparece en el siglo XIX , ya considerado género literario, que debe diferenciarse del cuento tradicional, porque este último carece de autor, es decir, surge en forma anónima. En cambio los cuentos actuales tienen autor y casi no existe ningún narrador que no haya escrito algún cuento. Al respecto, Roger Pinon dice: “El cuento popular no se localiza ni en el tiempo ni en el espacio. El tema se desarrolla en torno a un héroe, esencialmente errante, que se encuentra con sucesivos obstáculos o enemigos y, siempre al final, los vence.” Otro autor considera que el cuento tiene tres finalidades esenciales. La primera es satisfacer la curiosidad y  servir de distracción, evasión, fantasía y emoción. La segunda a enseñar algún contenido moral o sobre cualquier aspecto de la experiencia humana. La tercera  hace participar al oyente de una parte del patrimonio cultural del pueblo a fin de incorporarlo a la comunidad. Estas finalidades pueden aparecer en forma conjunta o solamente una o dos.

El cuento literario se consideró durante muchos años como un género menor o subgénero, y en la medida que se fue reconociendo su importancia, debido a su brevedad, belleza, mensaje, humanidad, alcanzó una aceptación generalizada y se le dio la categoría de género.

Se ha dicho que el cuento fue la forma literaria más antigua. Así lo sostuvo don Juan Valera al expresar: “Habiendo sido todo cuento el empezar de las literaturas, y empezando el ingenio por componer cuentos, bien puede afirmarse que el cuento fue el último género literario que vino a escribirse.”

En efecto, los cuentos modernos lograron personalidad propia con el Romanticismo de la segunda mitad del siglo XIX, y autores como Hoffman, Edgar Alan Poe, Pushkin, Gautier, Maupassant, Henry James, Flaubert, Turguénev, Sherwood Anderson, Saki, O. Henry, Kafka, Elizabeth Bowen, Ernest Heminway, T. S. Powys y muchos otros escritores notables han elaborado cuentos de excepcional valor literario.

Lo importante radica en la capacidad creativa, pues como dice nuestro gran novelista y cuentista Juan Rulfo: “Considero que hay tres pasos; así como en la sintaxis hay tres puntos de apoyo: sujeto, verbo y complemento, así también en la imaginación hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar, es decir, darle forma. Estos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia.”

Carlos Mastrángelo, en su libro El cuento argentino, define el cuento de la siguiente manera: 1. Un cuento es una seria breve y escrito de incidentes; 2. De ciclo acabado y perfecto como un círculo; 3. Siendo muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes en sí; trabados éstos en una única e ininterrumpida ilación; sin grandes intervalos de tiempo y espacio; rematados por un final imprevisto, adecuado y natural.

Abelardo Díaz Alfaro, citado en La gran enciclopedia de Puerto Rico, cuyas autoras son Margarita Vázquez y Daisy Caraballo, dice “El cuento es, para mí, síntesis poética; se acerca en mi concepto a lo que es en poesía el soneto. No puede en este género perderse una sola línea, un solo trazo. La trama es secundaria en el cuento. Ésta puede ser elemental y, sin embargo, resultar efectiva si el tratamiento es adecuado… El trazo que se da debe ser definitivo, no hay lugar a enmiendas”.

M Baquero Goyanes, en su libro El cuento español en el siglo XX, dice lo siguiente: “El cuento es un precioso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción, de signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiado para ser expuesta poéticamente, encarna en una forma narrativa, próxima a la novela pero diferente a ella en la técnica e intención. Se trata, pues, de un genero intermedio entre poesía y novela, apresador del matiz semipoético, seminovelesco, que sólo es expresado en las dimensiones del cuento”.

En suma, existen diferentes definiciones de cuento, siendo estas algunas de  las principales: 1. Narración breve, escrita generalmente en prosa, y que por su enfoque constituye un género literario típico, distinto de la novela y de la novela corta. 2. Breve relato de sucesos ficticios y de carácter sencillo, hecho con fines morales o educativos. 3. Relación de suceso – Relación de un suceso falso o de pura invención – Fábula que se cuenta a los muchachos para divertirlos. 4. Es un relato breve y artístico de hechos imaginarios. Son esenciales en el cuento el carácter narrativo, la brevedad del relato, la sencillez de la exposición y del lenguaje y la intensidad emotiva. 5. Breve narración en prosa, que desarrolla un tema preferentemente fantástico y cuyo fin es divertir. 6. Es una narración corta, breve, de hechos reales o ficticios, cuyo origen es la anécdota y su finalidad es entretener; a veces algo moralizadora. 7. Es un relato corto donde se narra una acción realizada por unos personajes en un ambiente determinado.

Existen diferentes tipos de cuentos: Cuentos en verso y prosa, cuentos populares y eruditos, cuentos infantiles, cuentos fantásticos y de misterio, cuentos poéticos, cuentos realistas e incluso cuentos de realismo mágico.

Los elementos de un cuento son los que a continuación se enuncian: Personajes, ambiente, tiempo, atmósfera, trama, intensidad, tensión, tono, entre otros.

La estructura se divide en: Introducción, desarrollo y desenlace.

Uno de los grandes escritores del siglo XX, William Faulkner, que ha influido de manera determinante en autores como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Juan Rulfo, escribió un minicuento que se incluye para dar una idea del genio creador de este gran exponente de la narrativa contemporánea:  “Esquileo I. El viejo Jackson era tenedor de libros o algo así, y ganaba un pequeño salario con el que debía mantener una numerosa familia; quería mejorarse con un mínimo esfuerzo, como buen descendiente de una vieja familia sureña, y entonces se le ocurrió la idea de arrendar una porción de estas tierras pantanosas de Luisiana y criar ovejas en ella. Había notado que la vegetación crece mucho más deprisa en las tierras pantanosas, y entonces pensó que la lana debía crecer también más en una oveja criada en zona de pantano. Así fue como abandonó su teneduría de libros, arrendó unos centenares de acres en la ciénaga del río Tchufuncta y la pobló de ovejas, usando el dinero del tío de su mujer, que era miembro de una vieja familia aristocrática de Tenesí. Pero los animales empezaron inmediatamente a ahogarse y para evitarlo les hizo cinturones salvavidas con toneles de madera, de modo que cuando las ovejas llegaban a aguas profundas flotaran hasta que la corriente las volviera a tierra firme. Esto resultó muy bien, aunque las ovejas siguiesen desapareciendo.

Entonces descubrió que los cocodrilos estaban devorándolas. Hizo una imitación de cuernos de venado con madera, y le puso un par a cada ovejita que nacía. Esto redujo sus pérdidas a un mínimo casi absoluto. Porque parece que la carne de venado no le gusta a los cocodrilos. Después de cierto tiempo se rompieron los salvavidas, pero por entonces las ovejas ya nadaban bastante bien, de modo que el viejo Jackson decidió que no valía la pena ponerles nuevos salvavidas. De verdad que las ovejas habían llegado a gustar del agua: la primera generación de ovejas solo salía del agua a la hora de comer… Cuando llegó la hora de la esquila, él y sus muchachos tuvieron que hacer el rodeo con botes; para la próxima esquila estas ovejas ya no salían del agua ni para comer; entonces él y sus muchachos andaban con los botes y ponían comederos flotantes para que se alimentaran.

La nueva generación de ovejas sabía incluso zambullirse. Ya no veían ni una en tierra; solo sus cabezas nadando entre los riachos. Finalmente llegó otra esquila. El viejo Jackson trató de agarrar una oveja, pero el animal nadaba más deprisa de lo que él podía remar, y las más jóvenes se zambullían bajo el agua y desaparecían. Así que finalmente tuvieron que pedir prestada una lancha de motor, y cuando por fin consiguieron fatigar a una de las ovejas y la agarraron y la sacaron del agua, observaron que solo en la parte superior del lomo tenía lana: el resto del cuerpo tenía escamas como el de un pez. Cuando sacaron a un corderito con un gancho de cazar caimanes, descubrieron que su cola se había ensanchado y aplastado como la de un castor y que ya no tenía patas. FIN”

Con este antecedente y bajo ese influjo, a nadie sorprenden las figuraciones de García Márquez en Cien años de soledad, pues esta obra es producto del genio de un hombre que poseía una iridiscente fantasía creadora, al igual que casi todos los escritores de su generción.

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