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Telic

Vidal Mendoza

Sep 13, 2017, 7:36

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Vidal Mendoza

Hoy en día, muchos de nosotros preferimos no vivir en el presente, un tiempo de crisis persistente, incertidumbre política y miedo. No es que el futuro se vea mejor, sombreado por los avances tecnológicos que amenazan el desempleo generalizado y por los peligros del cambio climático catastrófico. No es de extrañar que algunos sean tentados por las comodidades de un pasado nostálgicamente imaginado.

El lema de autoayuda “vivir en el presente” se desliza rápidamente fuera de foco. ¿Qué significa vivir en el presente? Vivir cada día como si fuera el último, sin pensar en el futuro, es simplemente un mal consejo, una receta para la imprudencia. La idea de que uno puede hacerse invulnerable a lo que sucede separándose de todo menos del presente es una ilusión irresponsable.

A pesar de esto, hay una interpretación de vivir en el presente, inspirada por Aristóteles, que puede ayudarnos a enfrentar la crisis actual y las crisis perpetuas de lucha y fracaso en la vida. Hay una idea en el lema de autoayuda que la filosofía puede redimir.

El principio de la sabiduría aquí es pensar en lo que estamos haciendo. Nos dedicamos a todo tipo de actividades: leer un artículo en el periódico, reflexionar sobre la vida, asistir a una protesta, preparar un informe, escuchar música, conducir a casa, hacer la cena, pasar tiempo con la familia o amigos. Aunque todas estas actividades llevan tiempo, hay una diferencia crucial en cómo se relacionan con el momento “presente”.

Usando la terminología de la lingüística, podemos distinguir actividades de dos tipos fundamentales. Las actividades telic -de “telos”, la palabra griega para propósito- apuntan a estados terminales, por el cual se completan. Piense en leer este artículo o conducir a casa del trabajo. Una vez de llegar a la meta, has terminado: el punto de la actividad se ha logrado. Puedes hacerlo de nuevo, pero sólo a modo de repetición. No todas las actividades son así. Algunas actividades son atléticas: no apuntan a estados terminales. Por mucho que reflexione sobre la vida o pase tiempo con su familia, no puede completar estas actividades. Aunque finalmente dejarán de hacerlas, no apuntarán a un punto en el que no haya más de ellas qué hacer.

Aristóteles hizo la misma distinción, contrastando dos clases de acción o praxis: kinesis y energeia. Las acciones cinéticas son telicas y por lo tanto incompletas. Como escribió Aristóteles en su “Metafísica”: “Si estás aprendiendo, no has aprendido al mismo tiempo.” Cuando te preocupas por las actividades de telic, proyectos como escribir un informe, casarse o hacer la cena, la satisfacción está siempre en el futuro o pasado. Todavía está por alcanzarse y luego se ha ido. Las actividades telic son agotables; de hecho, apuntan a su propio agotamiento. Por lo tanto, exhiben una auto-subversión peculiar. Al valorar y así perseguir estas actividades, pretendemos completarlas, y así expulsarlas de nuestras vidas.

Por el contrario, las actividades atléticas no terminan por naturaleza y no son incompletas. Al definir tales actividades, podemos destacar su inagotabilidad, el hecho de que no apuntan a estados terminales. Pero también podríamos hacer hincapié en lo que hace Aristóteles: se realizan plenamente en el presente. “Al mismo tiempo, uno está viendo y ha visto, es entendimiento y ha entendido, está pensando y ha pensado”. No hay nada que usted necesita hacer para realizar una actividad atlética, excepto lo que está haciendo ahora mismo. Si lo que te importa es reflexionar sobre tu vida o pasar tiempo con tu familia o amigos, y eso es lo que estás haciendo, no estás en el camino para alcanzar tu fin: ya estás ahí.

¿Qué significa, entonces, vivir en el presente, y qué ganamos al hacerlo?

Vivir en el presente es apreciar el valor de las actividades atléticas como pasear, escuchar música, pasar tiempo con la familia o con los amigos. Participar en estas actividades no es extinguirlas de su vida. Su valor no está hipotecado para el futuro ni destinado al pasado, sino que se realiza aquí y ahora. Es preocuparse por el proceso de lo que está haciendo, no sólo por los proyectos que pretende completar.

El consejo es fácil de leer mal. Vivir en el presente no es negar el valor de las actividades telicas, de hacer una diferencia en el mundo. Eso sería un terrible error. Tampoco podemos evitar participar en tales actividades. Pero si los proyectos son todo lo que valoramos, nuestras vidas se convierten en auto-subversivas, encaminadas a extinguir las fuentes de significado dentro de ellas. Vivir en el presente es rechazar la excesiva inversión en proyectos, en logros y resultados, que no ve valor inherente en el proceso.

Vivir en el presente no es evitar el trabajo duro o la lucha. Junto a los proyectos que se ocupan en tu profesión o en tu vida política, las actividades telemáticas que te importan son el proceso atlético de protestar contra la injusticia o hacer tu trabajo. Valorar el proceso no es huir del trabajo o del compromiso político. Por eso vivir en el presente no es una abdicación de la responsabilidad ética o una receta para el desapego.

Enfocarse en la telic es considerar, muy a menudo, en la distancia y la precariedad de nuestros objetivos: proveer cuidado de salud para todos, detener el crecimiento de la corrupción política, limitar el calentamiento global a 2 grados. Las consecuencias importan, al igual que las actividades que las apuntan. El punto de protesta política es cambiar el mundo. Y sin embargo, el proceso también es importante. El valor de defender lo que es correcto, de ir a la huelga o marchar en las calles, no se agota por el valor de sus efectos. No es totalmente borrado por el fracaso. Protestamos en parte porque no vemos mejor manera de hacer una diferencia, en parte para hacer que el presente cuente para algo, sea cual sea el futuro.

 

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