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Morelia, Michoacán a 28 de mayo de 2017
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Foto: Christan Mallarini. Ana Hurtado es una mujer moreliana de 28 años de edad.

Ana, apasionada por la nutrición

24 de marzo, 2017

Redacción web/La Voz de Michoacán

Adrián Bucio/La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán.-Ana camina hacia el interior de una sala. Adentro, una lámpara esclarece la materialidad de los sillones, que tienen la pinta de estar cómodos. Ahí está ella, se sienta. Tiene las piernas cruzadas y los brazos encima de ellas. Al poco rato, menciona: “desde que entré a la carrera de Nutrición, supe que era para mí”. Y lo corrobora, asegura que desde pequeña siempre balanceó “carbohidratos, lípidos y proteínas”. Es algo que viene de su mamá, menciona.

Ana Hurtado es una mujer moreliana de 28 años de edad. Tiene el cabella rubio, corto y ondulado, tez blanca, complexión delgada, estatura media, nariz delgada y labios no muy gruesos. Actualmente ejerce la profesión de nutrióloga y tiene su propio consultorio. Y sentados en la sala del Hotel Cantera Diez, comenzamos con la entrevista.

¿Dónde pasaste tu niñez?

Toda la infancia la viví aquí en Morelia Michoacán. Me acuerdo que siempre me la pasé muy feliz, al lado de mis hermanos y mis papás. Yo era la consentida siempre, porque era la más chica y recuerdo que salía mucho a jugar, a recolectar luciérnagas en las lluvias de junio. Toda mi familia es moreliana.

¿Cómo era Ana de pequeña?

Era una niña inquieta. Tenía muchísima imaginación para el momento del juego. Recuerdo que había veces que me amarraba una toalla en la espalda y me aventaba y decía que era un superhéroe. Jugaba al laboratorio, recolectaba insectos y demás. También fui muy sociable, jugaba mucho con mis primas, e inclusive mi mamá dice que no lloré cuando me llevó al preescolar.

De niña, ¿cómo era tu relación con tus papás?

Mis papás nos dedicaban mucho tiempo. Por ejemplo, mi padre siempre construía cosas para nosotros, como casas del árbol y demás espacios de juego. Era muy dedicado, a tal nivel que también los niños vecinos se llevaban bien con él. Ahora creo que incluso llegó a ser una figura paterna para muchos, no sólo para mis hermanos y yo. Por otro lado, mi mamá me hacía vestidos y también nos daba mucho de su tiempo.

La luminosidad de las lámparas de alrededor permea en los cabellos de Ana. Son muy ondulados y con un pigmento rubio. Ella sostiene que la relación con sus papás y hermanos fue crucial para saber qué estudiar. Admite que ellos la orientaron. Y aunque primero decidió dedicarse al diseño de modas, luego descubrió que lo suyo es la nutrición.

¿Cómo empieza tu gusto por la nutrición?

Mi mamá siempre ha sido una persona que se cuida nutricionalmente. Desde que era joven hacía ejercicio, mantenía una alimentación balanceada y tomaba las famosas malteadas de suplementos. Todo eso yo lo veía e iba aprendiendo. Creo que aunque en ese tiempo no lo tenía en mente, la nutrición ya me llamaba la atención.

¿Te veías de futura nutrióloga?

 Cuando recién salí de la prepa, no me visualizaba como nutrióloga. Mi sueño era el diseño de modas. Quería hacer prendas y vestidos. Entré un rato a la carrera; sin embargo, se me dificultó la parte del patronaje. Era hacer las medidas, pasarlas al papel y luego llevarlas a la tela. Ahí descubrí que no tenía paciencia para coser, y decidí dejarlo.

¿Y qué hiciste?

Uno de mis hermanos, el de en medio, me comentó sobre la carrera de nutrición. Me dijo “deberías de meterte ahí”. La licenciatura recién se había abierto en la universidad que a mí me gustaba, en la que yo quería estar. Fue por eso que no lo pensé dos veces y me inscribí enseguida.

¿Qué pasó en esa etapa?

Recién que llegué a la universidad, vi unas materias que me espantaron. Bioestadística, bioquímica, epidemiología y toxicología fueron asignaturas que, en un principio, me asombraba el verlas en el plan de estudios. No obstante, desde que puse un pie en el aula de clase, supe que me encantaría la nutrición.

Ana afirma que desde pequeña fue una niña inquieta. Se la pasaba de aquí para allá, corría, brincaba y demás. Ya de grande, descubrió que su inquietud seguía en ella. “Yo no me visualizaba en un consultorio, porque se me hacía aburrido estar en un solo lugar”, asevera. Luego dice “como era inquieta, quería estar en un hospital, de un lado para otro”. Asegura que la idea le llegó cuando hizo sus prácticas:

“La etapa de prácticas, fue la mejor de mi carrera. Disfruté estar en el hospital haciendo mi trabajo, porque en ese momento me visualizaba ahí. Además, aprendes muchas cosas porque te topas con especialistas de todos los ámbitos de la medicina y con enfermos de varios padecimientos. Diario era un caso diferente. Por ejemplo, un día nos tocó un paciente que gracias al tratamiento nutricional, despertó del coma. Fue muy impactante”, puntualiza.

¿Qué significa ser nutriólogo en México?

Es una responsabilidad muy grande porque ocupamos los primeros lugares en obesidad infantil. El mexicano sufre mucho de enfermedades de hipertensión. Somos muy diabéticos. Es un peso enorme, porque tenemos que ir muchas veces en contra de las marcas refresqueras o de comida chatarra. Se trata de hacer mucha conciencia tanto en papás como en niños y cambiar sus hábitos nutricionales.

¿Cómo cambiar los hábitos nutricionales de una persona?

A veces es muy difícil porque hay personas que te dicen “no me puedes quitar esto” o “yo no voy a comer aquello”. El moderar el consumo y la frecuencia de determinadas comidas es algo que siempre se les recomienda. Sin embargo, es muy desafiante el encontrar la manera de mejorar los hábitos de los pacientes, eso es lo que tiene que hacer un nutriólogo, variar sus formas de entrar a las dietas de la gente.

¿Qué es lo que más te gusta de la nutriología?

El trabajar con niños es lo que más me gusta. Desde la parte de los nutrimentos que requiere un bebé hasta la ablactación, que es la etapa en donde el niño empieza a comer alimentos distintos a la leche materna. Incluso, planeo realizar un diplomado en nutrición infantil para especializarme en ese rubro.

¿Cuáles son metas?

Primero quiero entrar y terminar el diplomado en nutrición materno infantil. Luego hacer otro para el área deportiva. A largo plazo, me interesa abrir un albergue sin fines de lucro para mujeres que tengan niños y que sean de bajos recursos. Ahí se les proveería de orientación nutricional. Me interesa la parte espiritual, llevar a más personas al despertar de la conciencia.

¿Cómo te describes a ti misma?

Soy una mujer que ha afrontado muchas problemáticas, pero que de cada una de ellas me he sabido levantar. Me he hecho más fuerte. Quiero ayudar a la demás gente en lo que pueda. Tengo ganas de aportar mis conocimientos para causas nobles. Soy una persona que sabe lo que quiere.

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