ENTREVISTA | Gildardo Gallo: Dar vuelta al mundo para encontrarse

“Vivir y dormir con las gentes de otros pueblos me hizo darme cuenta que existían verdaderos problemas fuera de mí”

Rita Gironès, colaboradora La Voz de Michoacán

Hay viajes que transforman, viajes que curan. Viajar como backpacker es una interfaz de ternura y bestialidad con uno mismo. El backparcker reduce el peso del equipaje a una mochila y se embarca solo en un viaje donde el tiempo, el espacio y la memoria cuestionan irremediablemente quién eres. A partir de carreteras y paisajes, a partir de personas desconocidas que se vuelven importantes, el viaje se concibe como un crisol de vivencias para el Ser.

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El fotógrafo Gildardo Gallo salió de México hace años, fue por allá del 98. Pidió un permiso por 3 meses en su trabajo y ya cumple más de la mitad de su vida fuera del país. Y conste que irse de México no era el plan, pero para alguien audaz, la búsqueda del entramado personal no es obstáculo. Quería visitar a un amigo que residía en Florencia y se fue quedando en otros lares. Días, meses, años. Antes de quedarse en Florencia viajó por el resto del mundo. Se afincó en Tailandia, en la India y en Australia. No lo tenía pensado de ningún modo, fueron destinos que se iban dando, quizás porque en ese periodo de su vida no tenía compromisos. Nada que perder, nada que dejar atrás.

Dio la vuelta al mundo sin lujos, sumando vivencias al estilo backpacker que hoy podría relatar por horas. Por suerte, viaja siempre con un diario y muchos de aquellos días han quedado escritos. Pero la poética del viaje va más allá y es más honda: a medida que sumaba kilómetros, más se adentraba en lo que traía cargando su corazón y que no podía resolver a nivel inconsciente. 

“Vivir y dormir con las gentes de otros pueblos me hizo darme cuenta que existían verdaderos problemas fuera de mí”. Un día cuando ya vivía en Italia, decidió aventurarse al sueño de conocer la India. Duró casi un año la estadía en el país asiático, el tiempo y la escucha necesarias para sanar. Un viaje transformador y de profundo crecimiento personal para el artista mexicano. Los ojos con los que ves las cosas, ven también el milagro que sucede adentro.

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¿Cuál ha sido el viaje de tu vida?

Mira, instintivamente, la primera respuesta que me viene es la India. Estuve casi un año pudiendo recorrer el país y logré recorrerla casi por completo. Volé a Bombay y bajé en autobús a Goa. De allí empecé a recorrer muchísimos lugares. Sucede que cuando me fui de México a Europa arrastraba un dolor muy grande. Ese dolor, que tiene que ver la infancia, mi adolescencia y también una parte amorosa, hizo que mi viaje solo a la India me acercara muchísimo a la espiritualidad. 

Viajar de Goa a Trivandrum en tren (por supuesto en clase económica donde no había turistas, sólo trabajadores y gente del lugar) fue muy impactante para mí. La India tiene tantas religiones, tantos idiomas, es tan difícil comunicarse, la alimentación, las enfermedades, sus costumbres, la pobreza, fue para mí cambiar todo. Las comodidades a las que yo estaba acostumbrado se pusieron en juego y también todas las certezas con las que yo creía vivir. Me movió mucho.

¿Qué país o qué cultura que no conoces te encantaría conocer?

No conozco Japón y tengo muchas ganas. Me llama la atención el altruismo de la gente japonesa. Estudié mucho tiempo Kendo, la disciplina de arte marcial que hacían los samuráis. Me atrae mucho su historia, la ética, la dignidad, en gran parte su filosofía. Y luego por conocer la maravilla de sus primaveras.

¿Cómo preparas un viaje? ¿Lees algo de historia del lugar que visitarás o te dejas sorprender sin más?

¡Yo soy el hombre del último minuto! Yo parto y ya después me voy informando. Me gusta mucho preguntarle a la gente, más que estarme informando a través de internet o por alguna guía turística. 

 ¿A qué país de los muchos que conoces te gustaría regresar?

Hay 2 lugares donde dejé el corazón por diferentes motivos. Uno es Tailandia, allí viajé con un amigo que se enfermó grave y la experiencia de estar con él en esa situación me hizo entender el valor de la amistad. Él se tuvo que regresar lamentablemente sin concluir ese viaje. El otro lugar al que regresaría sin duda sería Australia.

¿Eres valiente y pruebas la gastronomía local de los lugares a donde viajas? 

¡Sí, claro! Me encanta entrar a los mercados y probar todo lo que el país ofrece, eso es parte de conocer su cultura.

Cuéntanos algo imprescindible que te llevas cuando vas de viaje.

Un diario. 

Qué extrañas cuando sales de viaje?

No extraño mucho, soy una persona bastante adaptable. Me adapto a todo: la comida, el clima, si duermo en el piso no tengo problema, si me das una King size también estaré bien.

Como fotógrafo reconocido y habiendo logrado expresar tanta sensibilidad en tus trabajos artísticos, ¿qué tipo de fotos haces cuando viajas?

Sabes, nunca he hecho un viaje para tomar fotografías como tal, soy mucho más de vivir las experiencias y sentarme en la banqueta viendo a la gente pasar. Y claro que tomo algunas fotos de recuerdo, pero nunca he hecho un proyecto fotográfico sobre un país específicamente, por ejemplo, y es algo que me gustaría mucho. Últimamente, he tenido en mente esta posibilidad. 

Me considero un gran observador. Me gusta mucho poder compartir con la gente que tengo, casualmente al lado, tomando un café. Valoro mucho convivir con ellos. Y esa es una de las cosas que he aprendido viajando solo: la necesidad de comunicar. Cuando viajas acompañado no tienes esas ganas de abrirte a conocer otras personas. El taoísmo practica precisamente el arte de observar sin hacer juicios, una de las grandes virtudes del ser humano. Ha sido una experiencia increíble, te das cuenta que todos los conceptos que tenemos del bien y del mal pueden cambiar, me refiero a las costumbres entre una cultura y otra. 

Cuéntanos una anécdota de algún viaje.

Verás, hay 2 experiencia que las recuerdo con mucho cariño. Una está relacionada con un viaje a Asia, justo en el Triángulo de Oro (recibe ese nombre porque abarca zonas de Tailandia, Laos y Birmania) y famosa históricamente por ser uno de los centros de producción de opio más grandes del mundo. Fue un viaje al que nos aventuramos con un amigo, un viaje de toda una noche por un río lleno de cocodrilos. El lanchero nos dejó en un lugar paradisíaco en mitad de la selva. Después de varias horas caminando nos encontramos con una pared que pudimos escalar y ver desde lo alto uno de los lugares más increíbles y que más me han gustado de mi vida. ¡Estábamos por encima de las nubes! Se veía toda la selva y las nubes abajo… Fue fascinante. Se estaba haciendo de noche y nosotros no teníamos donde quedarnos. Al final, terminamos en una aldea (la historia es más larga y con momentos increíbles) viviendo una experiencia de lo más particular.

La otra anécdota es también asombrosa, fue en un viaje por cuestiones de trabajo. Tuve la oportunidad de estar un par de meses dentro de la Amazonia con los Guaraníes por la parte de Ecuador. Yo entré a la Amazonia gracias a la Universidad Católica de Chile que me consiguieron un permiso para ir a fotografiar unas plantas. Estuve en una reserva ecológica con botánicos y biólogos. Fue algo excepcional. No había manera de comunicarse con los indígenas de allí y conseguimos un chico como guía que, junto a 3 amigos suyos, me ayudaron a mover todo el equipo. 

Ese viaje estuvo lleno de historias, pero hubo una parte donde fuimos a fotografiar una zona donde las plantas son tan gigantes que la luz no entra. Ellos se ubican a través de los árboles o las plantas –así como nosotros lo hacemos a través de los edificios, de las casas o las calles- y tienen una visión más aguda que la nuestra. En un momento, me señaló una serpiente que se enroscaba en los árboles. Su respeto por la naturaleza hacía que yo tuviera que caminar con mucho cuidado. Imagínate, me alejé 50 pasos y me era imposible regresar a donde estábamos. Mi sentido de la ubicación me hacía alejarme cada vez más. En fin, llegamos a una zona donde entraba un único rayo de luz que atravesaba los árboles, y, por un instante, fue que pude ver como en ese rayo se concentraba un universo. Estaba lleno de insectos. Todos en ese rayo de luz. ¡Qué belleza impresionante! (Esa anécdota es también mucho más larga e incluye un episodio gastronómico en una aldea donde nos ofrecieron de comer algo que resultaría inconcebible en nuestra cultura).

¿Qué esperas tú de un viaje?

La verdad, espero regresar siendo otra persona. Y espero también el poder ver siempre las cosas con ojos nuevos, como las ve un niño.

¿Cuál es tu próximo viaje, Gildardo?

Descubrí un lugar aquí en Italia donde existe la 2ª muralla más grande del mundo después de la Muralla China. Se llama Il Forte di Fenestrelle. Próximamente tendré la oportunidad de descubrir ese lugar que no sabía que existía.