Voz sui generis, Daniel Wence Partida, la poética del rancho

El escritor michoacano, egresado de la Facultad de Letras y de la Ibero de Puebla, tiene la rotundidad y ternura de un buen mediador.

Rita Gironès

Escribir la voz de los personajes. Practicar la escucha y traducir sus partículas. Dar voz a otros y, en ello, dejar asomar la propia inmanencia. La perspectiva del escritor es tan única que no se debe ni a sí misma. Sabe de la naturaleza impermanente de la realidad y se entrega por completo al reajuste de la vida. La literatura ordena la habitación caótica del mundo. ¿Cómo lo hace? Daniel Wence (Michoacán, 1983) encuentra la manera. El escritor michoacano, egresado de la Facultad de Letras y de la Ibero de Puebla, tiene la rotundidad y ternura de un buen mediador. El poeta se convierte en un facilitador para nuestro entramado más confuso. Cantarra, su obra ganadora de la primera Convocatoria de Cuento Infantil y Juvenil del Programa Editorial Universitario, es una delicatessen literaria. Escucha la voz de una cigarra queriendo reescribir su libertad y decisión… ¿la oyes?

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¿Qué querías ser de niño?

Siempre supe que quería ser escritor. Leí La historia sin fin, de Michael Ende, y recuerdo que me sorprendió de allí una frase: “Una especie de nada está acabando con todo”. Eso me pareció un lenguaje tan distinto al que yo usaba en la vida cotidiana... Y me empecé a preguntar cuál era el secreto de una frase dicha de esa manera. Hablando con mamá y papá me empezaron a aproximar tanto como pudieron a los libros. En realidad, no había mucho acceso ni lo hay todavía en la comunidad de donde soy originario. Pero fui conociendo algunos autores y libros. Cuando supe que una persona estaba detrás de un libro, me dije: yo quiero estar detrás de este artefacto llamado libro. Y aquí estoy, fui enfocando toda mi vida hasta llegar ahí.

¿Qué quieres ser ahora?

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Un buen ser humano.  

En una palabra, ¿cómo te describirías?

Raro.

¿Sirve la literatura en un mundo tan caótico como el que vivimos?

Sirve, sí. La Academia me puede odiar por decirlo, pero yo he atestiguado dando talleres para las infancias, por ejemplo, cómo dialogan y transforman la literatura y otras artes, el teatro, el cine… He visto cómo nos permite hacer una pausa, sentarnos a pensar y revisar la historia propia y la de la humanidad, conocer otras historias y proponernos un cambio. Sí, yo creo que sirve muchísimo, soy una firme convicción de que las artes, además de ser bellas, nos tocan de otras formas.

¿Qué papel debería jugar el teatro, poético o político?

Creo que no es responsabilidad del arte tener un papel político. Esa decisión la toma el artista y uno puede prescindir o no de ello. No es su responsabilidad porque puede caer en lugares muy complejos. Creo que más bien uno toma esa decisión. Seguramente también te ha pasado, a veces uno escribe sólo porque sí y otras uno dice: hoy tengo ganas de hablar de este problema. Y creo que ambas posturas son válidas.

¿Qué importancia tienen para ti las palabras? ¿Y el silencio?

Las palabras son mediadoras. Son una especie de canal que nos sirve como espacio de tránsito para la convivencia humana y la comprensión del entorno. Me gusta esa idea de que todo a nuestro alrededor es texto y de que todo es lenguaje. Esa idea de que todo lo podemos traducir o interpretar, no sólo con palabras, sino como un lenguaje. Las palabras crean realidades. Según nuestra manera de expresarnos es el mundo cómo lo transitamos. Por ejemplo, un conflicto sin palabras no llega a una buena resolución, termina en cosas horribles. Las palabras nos permiten que todo se suavice, se transforme, y sin ellas cómo sería posible. Y los silencios son también importantes. Tan importantes que, a veces, nos toca -y debería tocarnos mucho más- sólo escuchar con respeto las palabras de otras personas. Cuando hablo con mi madre me gusta más que sea ella quien hable, por ejemplo. Creo que tiene cosas más hermosas y más importantes que decir que yo, y ahí es mi silencio lo que aporto.

¿De qué te sientes orgulloso?

De ser de rancho.

¿De qué te arrepientes?

¡De no vivir en el rancho! Se llama La Plaza del Limón y pertenece a Ixtlán de los Hervores. Es una comunidad agricultora muy bella.

¿Tienes algún vicio?

Eh… (Risas)

Primera palabra que llegue a tu mente después de la mía.

Mujer: Mamá.

Hombre: Transformación.

Arte: Vida.

Amor: Amor.

Presente: Reflexión.

¿Qué cualidad admiras en las personas? ¿Y qué detestas de la gente?

Me gusta la franqueza, especialmente la gente asertiva. Se puede ser rudo y fuerte, pero sin herir. Partiendo de algo: la otra persona es tan persona como lo eres tú. Y detesto la hipocresía.

Un recuerdo de tu infancia.

La creciente del agua que bajaba del cerro y destruía toda la calle, pero que los niños la usábamos como si fuera un balneario. Era nuestra alberca para meternos a bañar con el agua del cerro.

Recomiéndanos un par de lecturas.

Aprovechando la presencia de mis amigos colombianos, recomiendo Un beso de Dick, de Fernando Molano Vargas. Es un adorado poeta y narrador colombiano. También te diría Las Visiones Fantásticas de María José Ferrada. Esos dos libros son preciosísimos.

¿Qué harías si fueras millonario?

¡Bibliotecas, becas y viajes! Abriría bibliotecas en todos los ranchos y viajaría a todas partes: Soy muy andariego, pero no siempre he podido...

¿Crees en el destino?

No exactamente como una cuestión de fe, pero muchas veces me ha sorprendido algo que podemos llamar casualidad y luego no siento que sea una casualidad, sino que por alguna razón se cruzan ciertos caminos.

¿Qué es para ti la Cultura, Daniel?

La Cultura es un proceso formativo, algo que nos amasa. No me gusta romantizar la Cultura porque también puede ser horrible, muy violenta. En realidad, se puede culturizar cualquier cosa. Hay cosas que consideramos muy bellas en la cultura que pueden no serlo, por ejemplo, en detrimento de los animales. Pienso que también podemos tomar decisiones culturales en nuestra vida, decidir qué hacer con nuestras capacidades culturales y artísticas. No podría definirla como algo único, más bien me gusta pensarla como algo formativo y por lo tanto cambiante y que evoluciona. Una palabra aproximada a lo que veo como Cultura podría ser transformación. La Cultura es evolución.

Rita Gironès, escritora, docente y artista escénica. Catalana y mexicana. Lleva 20 años residiendo en Michoacán trabajando activamente por la cultura. Apasionada de las Humanidades, obtiene el Premio Nacional de Dramaturgia en México, 2022.

facebook: Rita Gironès

instagram: ritagirones