Emiliano Medina, colaborador La Voz de Michoacán Han sido repetidas las ocasiones en que la sede del Mundial se ha visto comprometida por acciones al interior del país anfitrión que poco han tenido que ver con el fútbol. Desde sedes polémicas como Rusia o Qatar, hasta gobiernos dictatoriales y tiránicos en Argentina e Italia, la política y el fútbol en pocas ocasiones están realmente separados. Este es un recuento de aquellas sedes que, por algún motivo, han estado en medio de la polémica previo al inicio de la Copa del Mundo. Italia 1934 fue el primer Mundial con una sede muy polémica. Fue organizado por el régimen fascista de Benito Mussolini, cinco años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. A lo largo del certamen se reportaron escandalosos errores arbitrales a favor de la anfitriona Italia, que terminó por consagrarse campeona. El asedio de Mussolini sobre la selección italiana se prolongó hasta la siguiente edición, en 1938, cuando en suelo francés el cuerpo técnico italiano recibió un telegrama de “il Duce”. “Vencer o morir” fue la consigna. Italia se consagró bicampeona y, junto con Brasil, son las únicas selecciones que han ganado dos mundiales de forma consecutiva. El mundial de Argentina 1978 pasó a la historia como uno particularmente gris. Esto nada tuvo que ver con el pueblo argentino, sino con el régimen militar de Jorge Rafael Videla. El torneo fue utilizado como instrumento de propaganda política, lo que hizo que la fiesta del fútbol se viera manchada, especialmente durante la inédita goleada que la selección albiceleste le propinó a la selección peruana para avanzar a la final. Previo al inicio del encuentro, Argentina necesitaba ganar por cuatro goles para dejar fuera a Brasil. En el vestuario local se presentó Videla, acompañado por Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos. La orden era clara: Argentina debía ganar. La albiceleste se impuso por seis goles y, a la postre, se coronó campeona del certamen. Quedó para la historia que, a escasos kilómetros del Estadio Monumental donde se celebró la final, se encontraba la Escuela de Mecánica Armada (ESMA), dónde la dictadura torturaba a disidentes políticos. Más recientes son las polémicas de los Mundiales de 2018 en Rusia y de 2022 en Qatar, celebrados en países acusados de violentar derechos humanos y, en el caso qatarí, de utilizar condiciones de neo esclavitud para erigir monumentales estadios. En ambos casos, el torneo funcionó como una herramienta de sportswashing, cuya finalidad fue lavar la imagen de regímenes autoritarios a costa de celebrar mega eventos deportivos. Aunque no es una estrategia novedosa ni exclusiva del fútbol, ha sido utilizada especialmente por países árabes, como el régimen saudí con la Fórmula 1 y con la reciente designación del Mundial de 2034 en Arabia Saudita. Es espectáculo para legitimar dictaduras. Finalmente, la sede de México 2026 ha estado en el ojo público recientemente, sobre todo porque serán cuatro los partidos que se disputarían en territorio tapatío, siendo el España vs Uruguay de fase de grupos el más relevante. Tras la quema de vehículos y toma de carretas ocurridas después del asesinato de “El Mencho”, programas de televisión españoles han manifestado que hoy “México se encuentra en un estado de guerra”, ejerciendo presión para que su selección no dispute su partido en Guadalajara. Lo que es un hecho es que, a menos de 150 días de que comience la máxima fiesta del fútbol, México deberá ofrecer condiciones para auspiciar un evento de tal magnitud. Tan sólo el tiempo dirá si México se une a una deshonrosa lista de sedes polémicas que han albergado este evento. Emiliano Medina, aspirante a maestro en Ciencia Política por el CIDE, frustrado director técnico de fútbol. emilianomedina19@outlook.es