EFE / La Voz de Michoacán Madrid.- Las batas y delantales, prendas que han configurado el uniforme de las amas de casa y que vendían Amancio Ortega y Rosalía Mera en sus comienzos, suben a la pasarela para rendir tributo a las matriarcas por su trabajo como símbolo de amor, de cuidado y bienestar de los suyos. Mujeres con muchas obligaciones y pocos derechos. Tenemos que entender que "la indumentaria existente cumple una función y, sobre todo, llevan implícito un estatus social", explica a EFE el teórico de moda Román Padín Otero. La bata y el delantal no son unas simples prendas, son el símbolo de una generación de mujeres que ha trabajado muy duro, muchas de ellas sin tener la oportunidad de elegir. "Son bandera del empeño que ponían las madres para que todos estuviera perfecto", dice la estilista y experta en comunicación de moda Pepa Fernández. No es que fueran un símbolo, era una forma de vestir. "Desde la década de los 40 a los 90, las mujeres en las aldeas y pueblos llevaban esta prenda todo el día", cuenta el teórico de moda. Sin embargo, "estas prendas históricamente cumplían la función de uniforme de trabajo, ropa de diario, sencilla. Representan trabajo, pero no necesariamente de cocina", añade. Las matriarcas nunca se quejaban, siempre estaban dispuestas a ayudar y vivían por y para procurar la felicidad y el bienestar a los suyos, sin pensar ni tener tiempo en cumplir los suyos. Vestir bata o delantal no solo era evitar mancharse, sino asumir un rol social. En el imaginario colectivo, la bata y el delantal están vinculados a una mujer hacendosa barriendo, fregando o cocinando, tanto en la ciudad, en barrios de clase obrera y en las fábricas, como en ambientes rurales, donde se atiende la casa, el huerto y los animales domésticos. Representaba el orgullo del trabajo y el vínculo con el abastecimiento de la alimentación en los mercados de abastos, desde las verduras hasta el pan. Y con esa idea, la diseñadora Miuccia Prada, directora creativa de Miu Miu, reflexiona sobre el trabajo de las mujeres, sus desafíos, adversidades, experiencias. Mujeres que tenido muchas obligaciones y pocos derechos. "Invisibilidad cuestionada, visibilizada, reconocida y valorada. El trabajo como expresión de compromiso. El trabajo como símbolo de cuidado y amor. El trabajo como reflejo de independencia, como medio de autodeterminación", con estas palabras en una nota de prensa la firma italiana rendía homenaje a las matriarcas. "Las batas que sacó Miu Miu en pasarela son exactamente iguales a las batas para estar en casa que vendía Amancio Ortega, fundador de Inditex y su exesposa Rosalía Mera", dice Padín Otero. Son prendas que representan trabajo, pero también tienen un importante componente tierno. "Me recuerdan a mi abuela y a mi madre, rápidamente aparece en mi memoria los olores de la cocina, los guisos y dulces", añade Fernández. "Ante los efusivos abrazos a la vuelta de colegio, temía pincharse con algunos de los alfileres que se prendían mientras cosían para tenerlos a mano", cuenta entra risas. Sin embargo, Padín no ve esa lectura en la colección de Miu Miu. "Es una colección muy intelectual, tiene algo disruptivo, algo que llama la atención. La firma italiana las presenta con cuadros o flores, con cuello pico y anudadas a la cintura con la idea de recuperar lo auténtico, lo que tiene historia. "Creo que va a dar unos estilismo maravillosos", asegura Padín, quien considera que puede resultar ideal con un cinturón anchos, unos pendientes grandes y con un bolso debajo del brazo. Históricamente, el significado cultura del delantal ha cambiado en función de la forma y el material con el se ha confeccionado. "El antecedente de la batas y los mandiles que se ven en la pasarela está el 'justacorps', una especie de casaca muy larga, como un mandilón antiguo que lucían los hombres y servía para realizar las labores personales y cotidianas dentro de la Corte, daba distinción, sobre todo en la corte francesa con Luis XIV", añade Padín Otero. Estas prendas, que estaban en vías de extinción, vuelven a la primera plana de la moda. "Se siguen vendiendo en Galicia. Y la parte divertida es que en el Festival Agrocuir, el primer evento LGTBI de la España rural, que se celebra en Monterrosa, en la comarca de Ulloa, Lugo, la gente acude con la icónica bata", cuenta Padín.