Un fósil retrasa 20 millones de años la historia de las arañas del pasado

El Cámbrico fue el primer sistema del Paleozoico en la escala temporal geológica. Duró 52 millones de años, desde hace unos 539 millones de años a hace, aproximadamente, 487 millones de años.

Fósil de Megachelicerax cousteaui mostrando la pinza o quelícera característica
El fósil 'Megachelicerax cousteaui' posee una garra alimenticia que lo sitúa como el quelicerado más antiguo jamás encontrado.

EFE / La Voz de Michoacán

Redacción Ciencia.- El análisis del fósil de un insecto marino de hace 500 millones de años, encontrado el siglo pasado en el desierto occidental de Utah (Estados Unidos), ha retrasado 20 millones de años la historia evolutiva de los quericerados, el grupo de artrópodos al que pertenecen las arañas o los escorpiones.

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Hasta este descubrimiento, descrito este miércoles en la revista Nature, el quericerado fósil más antiguo que se había encontrando (en Marruecos) databa de hace 480 millones de años.

El nuevo hallazgo retrasa el surgimiento de los quericerados hasta el periodo Cámbrico, y no al Ordovícico como se pensaba hasta ahora.

El Cámbrico fue el primer sistema del Paleozoico en la escala temporal geológica. Duró 52 millones de años, desde hace unos 539 millones de años a hace, aproximadamente, 487 millones de años.

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El fósil fue descubierto por un coleccionista aficionado (Lloyd Gunther) y donado al Museo de Historia Natural de la Universidad estadounidense de Kansas en 1981. El investigador de la Universidad de Harvard, Rudy Lerosey-Aubril, decidió investigarlo hace unos años como parte de un trabajo sobre los primeros artrópodos.

Una garra sospechosa

Junto a su compañero Javier Ortega-Hernández, también en el departamento de paleontología de invertebrados de la Universidad de Harvard, pensaron, al principio, que el  espécimen presentaba todas las características propias de su época; sin embargo, algo no cuadraba: en lugar de una antena, parecía contar con una garra.

“Las garras nunca se encuentran en ese lugar del cuerpo en un artrópodo del Cámbrico. Me llevó unos minutos darme cuenta de lo obvio: acababa de descubrir el quelicerado más antiguo jamás encontrado”, señala Lerosey-Aubri en un comunicado de la universidad.

El especimen ha sido apodado ‘Megachelicerax cousteaui’ en honor al explorador francés Jacques Cousteau por su labor de concienciación sobre el mundo marino.

Lerosey-Aubril dedicó más de 50 horas a limpiar cuidadosamente el fósil bajo el microscopio utilizando una aguja fina para revelar su sorprendente anatomía: con algo más de 8 centímetros de largo, el ‘Megachelicerax cousteaui’ conserva un exoesqueleto dorsal compuesto por un escudo cefálico y nueve segmentos corporales.

Esas dos regiones presentan apéndices distintivos: seis pares de extremidades especializadas para la alimentación y la detección en el escudo cefálico, y estructuras respiratorias en forma de placas debajo del cuerpo, que se asemejan a las branquias en forma de libro de los cangrejos de herradura modernos.

Sin embargo, su característica más extraordinaria es su inconfundible quelícera: un apéndice alimenticio en forma de pinza que define este grupo de artrópodos y distingue a las arañas de los insectos, ya que mientras éstos poseen antenas sensoriales como apéndices principales, los quelicerados tienen herramientas de agarre, a menudo venenosas.

A pesar del rico registro fósil existente del Cámbrico, hasta ahora nunca se había encontrado ningún artrópodo portador de quelíceras de esa época. Antes de este descubrimiento, los quelicerados más antiguos conocidos eran los hallados en Marruecos y datados hace 480 millones de años.

Una anatomía compleja no es sinónimo de éxito

La existencia de M. cousteaui 20 millones de años antes lo sitúa como una rama temprana del árbol genealógico de los quelicerados, una especie de transición clave que une a los artrópodos del Cámbrico (que parecen carecer de garra) con los quelicerados mucho más recientes, similares a los cangrejos herradura, las arañas que conocemos o los escorpiones.

“Megachelicerax demuestra que las quelíceras y la división del cuerpo en dos regiones funcionalmente especializadas evolucionaron antes de que los apéndices de la cabeza perdieran sus ramas externas y se convirtieran en algo parecido a las patas de las arañas actuales. Esto reconcilia varias hipótesis científicas contrapuestas: todo el mundo tenía en parte razón”, explica Ortega-Hernández.

El fósil captura una etapa crucial en la formación del cuerpo de los quelicerados, revelando que los elementos clave ya habían evolucionado inmediatamente después de la explosión Cámbrica, un período de innovación evolutiva extraordinariamente rápida.

"Esto nos indica que, a mediados del Cámbrico, los océanos ya estaban habitados por artrópodos con una complejidad anatómica que rivalizaba con las formas modernas", añade Ortega-Hernández.

Sin embargo, la adquisición temprana de esta anatomía compleja no condujo inmediatamente al dominio terrestre ni a la diversificación, los quelicerados permanecieron relativamente discretos durante millones de años, eclipsados por especies aparentemente más simples, antes de colonizar con éxito la tierra.

“Esto demuestra que el éxito evolutivo no solo tiene que ver con la innovación biológica: el momento y el contexto ambiental también importan”, concluye Lerosey-Aubril.