En Tzintzuntzan Los Espías salen a las calles en búsqueda de Jesús, quien será aprehendido hoy en la noche

Por las calles se percibe un silencio que solo se interrumpe con el sonido de los cascos de los caballos cuando van pasando o el sonido del silbato que los Espías conocen bien; las personas salen de sus casas para verlos pasar.

12 Cristos visitan los espías durante el jueves santo. Fotos: Angélica Ayala.

Angélica Ayala, colaboradora La Voz de Michoacán

Tzintzuntzan, Michoacán.- Los Espías o Legionarios, son una tradición centenaria que sigue vigente en Tzintzuntzan, son los jóvenes que cada miércoles y jueves de Semana Santa, recorren las calles de este poblado y de la comunidad de Ojo de Agua para apresar a Jesús de Nazaret, los buscan montados en caballos sin sillas, sus uniformes son pantalón y camisa blanca, con un pequeño moño rojo del lado izquierdo, que combinan con la faja y las calcetas, la montera o capucha colorada solo tiene una pequeña abertura por donde miran, no hablan, solo se comunican con un silbato de barro.

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La legión simula a los soldados romanos de aquella época cuando Jesús fue crucificado, sin embargo, Los Espías enmarcan esta acción como parte de la religiosidad y penitencia, algunos participan por tradición, otros en honor al Cristo del Santo Entierro que se venera en el templo de La Soledad, ubicado en el atrio de Los Olivos. Este Cristo, es venerado por miles de creyentes, los lugareños relatan que la imagen elaborada con pasta de caña de maíz y bulbos de orquídeas, creció y por ello tuvieron que añadirle un espacio a la urna que lo protege.

Los jóvenes que participan son mayores de 15 años, se visten con pantalón y camisa blanca, su cintura la rodean con una faja roja, al color de la montura que cubre sus rostros, dejando solamente unas hendiduras a la altura de los ojos, también utilizan calcetas rojas que cubren desde los pies hasta las rodillas. Su actividad la inician y terminan saludando al Cristo del Santo Entierro, se santiguan y hacen sonar los silbatos de barro, nadie habla, el silbato es su único modo de comunicarse, el sacerdote los bendice.

Aunque el calor es intenso después del mediodía y durante la tarde, la montura solo se la quitan para comer el desayuno y la comida que les ofrecen los habitantes del lugar, una tradición que sigue vigente entre las familias de la capital del imperio purépecha. Durante el miércoles, el primer día que salen a las calles, solamente visitan tres de los cristos que permanecen en resguardo del mismo número de familias.

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Por las calles se percibe un silencio que solo se interrumpe con el sonido de los cascos de los caballos cuando van pasando o el sonido del silbato que los Espías conocen bien, ya sea para parar o para seguir con el recorrido; las personas salen de sus casas para verlos pasar, en algunos casos, se pueden apreciar algún adorno de color morado en la fachada del inmueble.

Durante todo el jueves santo, los Espías visitan a los Cristos que están a resguardo de algunas de las familias de Tzintzuntzan, y que han pasado de una generación a otra, como son los cristos de San Bartolo, San Pablo, San Pedro, Santa Ana, San Miguel, San Mateo, San Juan, Santa Magdalena, al parecer cada uno representa a los barrios que integra la cabecera municipal.

En cada hogar, los Cristos los colocan en un altar que adornan con flores y papel color morado y blanco, un espacio especial para que Los Espías entren, se arrodillen y se persignen. Los legionarios pasan por grupos, sin quitarse la montera empiezan al sonar el silbato de barro, un sonido que mueve sentimientos de penitencia, después salen del lugar y continúan con su recorrido de búsqueda y visita de los 12 cristos en total, montan sus caballos y al silbido de su capitán empiezan a cabalgar, todos formados en orden y soportando el intenso calor.