Los dinoflagelados -algas unicelulares microscópicas- iluminan en tonos azules algunas playas y bahías del mundo; sin embargo, los cambios en la temperatura del mar, el pH del agua y la concentración de nutrientes provocados por el cambio climático ponen en riesgo la persistencia de este fenómeno. "Realmente son sistemas resilientes que hemos tenido por millones de años y, en este momento, se encuentran atrofiados porque tenemos un desequilibrio monumental", sostiene Marcela Gutiérrez-Graudiņš, fundadora de la organización de justicia oceánica Azul. La bioluminiscencia es una reacción biológica que se produce en distintos organismos para defenderse, atraer a una pareja o ante situaciones de estrés. En el caso de los dinoflagelados, esta reacción se produce por "estímulos mecánicos" como el movimiento de los peces o de un barco en el agua, dice Brenda María Soler Figueroa, científica del Centro Smithsonian de Investigación Ambiental. El resultado de esta reacción es la emisión de destellos de luz que, en lugares con concentraciones altas de estos organismos -como Bahía Mosquito, Fajardo o La Parguera en Puerto Rico-, tiñen el mar de un brillo azulado. Para que estas microalgas se acumulen y brillen, deben reunirse unas "condiciones adecuadas" de temperatura, pH y nutrientes que el cambio climático está modificando, cuenta José Manuel López Nicolás, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia. Vulnerabilidad climática Como el cambio climático está calentando los océanos y los dinoflagelados "necesitan una temperatura óptima" para producir bioluminiscencia, "si esa temperatura no está, no van a actuar", explica López Nicolás. Por otro lado, la acidificación del océano -la absorción del exceso de CO2 en la atmósfera- "baja el pH" del agua, provocando que "algunos de estos dinoflagelados no puedan sobrevivir" en ese ambiente "más ácido". Otro efecto del cambio climático es que "altera las corrientes marinas y los ciclos de nutrientes" necesarios para la alimentación de estas microalgas, dice el catedrático; añade que, "si en vez de haber nutrientes, hay restos de microplásticos", tampoco se va a producir bioluminiscencia. En este sentido, la investigadora Soler Figueroa apunta que las precipitaciones son una fuente de entrada de nutrientes, por lo que la concentración de dinoflagelados bioluminescentes está directamente relacionada con los "patrones de precipitación". Si en época de lluvias aumenta el número de estos organismos, durante las sequías se producen "reducciones drásticas"; lo mismo ocurre durante eventos meteorológicos extremos que "cambian el equilibrio dinámico de estos sistemas". "En el huracán María, sencillamente desaparecieron todos los organismos", cuenta sobre los ecosistemas bioluminiscentes de Puerto Rico; y advierte que con el cambio climático se esperan sequías más largas y huracanes más intensos: "todo esto, en definitiva, va a estar afectando a estos sistemas". Efectos indirectos Para Alexis Hernández Delgado, investigador senior de la ONG boricua Sociedad Ambiente Marino, el cambio climático tiene múltiples efectos indirectos sobre la bioluminiscencia. En el Caribe han proliferado las "arribazones gigantescas de sargazo (macroalgas)", que reducen más del 99%" la entrada de luz solar en el agua "para la actividad fotosintética"; esto modifica las "condiciones de crecimiento" de los dinoflagelados, explica. Además, el polvo del Sáhara que llega al Caribe debido a variaciones en los "patrones de circulación atmosférica" lleva hierro, que actúa como "abono" para el sargazo y hace que "prolifere" su crecimiento. "Esos aportes de algas se quedan atrapados" y su descomposición "consume el oxígeno disuelto" en el agua, perjudicando a los organismos bioluminiscentes, concluye. Impacto humano La cercanía del ser humano es otro factor de impacto en los dinoflagelados "si no es manejada correctamente", advierte María Fernanda Barberena-Arias, catedrática de Ciencias Naturales en la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Añade que "el uso de la tierra" en la cuenca hidrográfica influye en la "calidad del agua" donde viven estos organismos, ya que las lluvias "pueden arrastrar contaminantes y afectar a la bioluminiscencia". También ve como un "impacto directo" que las personas entren en el mar con cremas solares o repelentes de mosquitos porque "se puede ver como una contaminación que podría afectar a los dinoflagelados". Son "sistemas que responden rápidamente a cambios ambientales", defiende Barberena-Arias ante esta aparente fragilidad. Los ecosistemas bioluminiscentes "han sido resilientes", sostiene Gutiérrez-Graudiņš, "lo que pasa es que hemos tenido muchísimo efecto en el océano y es algo que apenas empezamos a ver". EFE / La Voz de Michoacán