La Grazia: Sorrentino y el dilema de a quién le pertenecen nuestros días

Sorrentino es un maestro del enredo, es como un chef que le va agregando ingredientes a un platillo digno de estrella Michelin

“No es fácil estar a la altura de nuestros principios”

Paolo Sorrentino

PUBLICIDAD

“¿De quién son nuestros días?, ¿A quién le pertenecen nuestros días?”, se cuestiona el presidente de Italia, Mariano De Santis, interpretado por el magnífico actor veterano Toni Servillo, cuando, a pocos meses de que su mandato termine, debe decidir si aprueba o no la ley de eutanasia. Ese legado que está por heredar es precisamente lo que lo atormenta y es el tema centra de La Grazia (2025), la más reciente obra del cineasta napolitano Paolo Sorrentino, también autor de películas como La gran belleza (2013), Juventud (2015) y Fue la mano de Dios (2021), entre muchas otras.

El pasado 26 de marzo una noticia saturó nuestras redes cibernéticas y porqué no decirlo, cimbró la conciencia de algunos de nosotros. Noelia Castillo Ramos, una joven española de 25 años de edad, recibió la eutanasia tras una batalla legal de dos años. Su vida, marcada por el sufrimiento causado por sus carencias económicas, el divorcio de sus padres y lo más grave, la violación múltiple de tres hombres, derivó en un intento de suicidio al arrojarse de un quinto piso.

No logró su deseo de terminar con su existencia, pero sí quedó parapléjica y su infierno se hizo aún más insoportable. Y aunque en España la eutanasia es legal desde el 2021, para que cada caso sea aprobado, debe pasar por un proceso de valoración sumamente burocrático y que al final de cuentas la decisión queda en manos de la Comisión de Garantía y Evaluación, y más cuando alguna de las partes se opone a dicha decisión; en este caso era su padre, quien argumentaba que Noelia no estaba en sus cabales y que por lo mismo no tenía el derecho de hacer esta solicitud. Aquí la cosa se pone muy complicada.

PUBLICIDAD

Imagínense estar en los zapatos del papá. Ahora imagínense estar en los de Noelia. Y es que no todo es blanco o negro; hay una escala de grises que es donde transcurre la vida, y es ahí, en esa ambigüedad, donde viven las interpretaciones, donde la perspectiva de dos o más partes juegan un papel crítico que en muchos casos afectan al individualismo.

Gerónimo, el padre de Noelia, luchó intensamente para evitar la muerte de su hija, e incluso se apoyó en la Asociación de Abogados Cristianos para llevar a cabo esta batalla. Y es precisamente a este punto al que quiero llegar, que vivimos a expensas de dos leyes supremas: la del hombre y la de Dios.

El padre de Noelia cuando agotó las instancias terrenales, acudió a la divina, a aquella que teóricamente rige nuestra moral, y aún así no tuvo éxito. Su hija, a través de todos los mecanismos legales existentes en ese país, logró decidir por sí misma. Y volvemos a la pregunta inicial: ¿de quién son nuestros días, a quién le pertenecen?; en este caso a ella, a la chica que decidió ponerle fin a su sufrimiento.

En La Grazia, en sus más de dos horas de duración, Sorrentino nos confronta (si, no nos complace, nos confronta) y, a través de Mariano De Santis, nos hace parte de su propio dilema: dejar el poder con resultados “satisfactorios y cumplidores” ó aprobar esta ley disruptiva y pasar a la historia como el Presidente que no solamente dejó un precedente jurídico si no que destruyó la Ley Divina, aquella que dicta que solo Dios da y solo Dios quita, y si consideramos que en Italia está la sede de la iglesia católica, pues la decisión se vuelve aún más polémica.

Tan es así que Mariano acude a su buen amigo, el Papa, para recibir de él algún sabio consejo que lo ayude a tomar esta difícil decisión. Obviamente la respuesta de Su Santidad fue a favor de la vida. El Presidente de Italia está cada vez más confundido, no sabe qué hacer, y para aumentarle aún más la tensión a la trama, resulta que su hija Dorotea, quien aparte de ser jurista y su asesora personal, lo está constantemente acechando para que autorice dicha ley. Pobre Mariano, no la tiene fácil.

Sorrentino es un maestro del enredo (un enredo perfectamente bien estructurado), es como un chef que le va agregando ingredientes a un platillo digno de estrella Michelin. Y La Grazia no es la excepción. Aparte del tema central sobre la eutanasia, el mandatario tiene una segunda consigna en su agenda: otorgarle (o no) el indulto a dos prisioneros que cumplen una condena por asesinar a sus respectivas parejas.

¿Pero porqué mezclar dos temáticas tan distintas como lo es el indulto y la eutanasia?, pes he aquí donde viene la magia de Don Paolo Sorrentino. En el caso de Maria Gallo (Alessia Giuliani), sus argumentos se basan en que asesinó a su marido porque estaba enfermo de su cabeza, que la golpeaba constantemente y que al quitarle la vida lo liberó de esa prisión mental y a la vez se salvó de, que en una de esas golpizas, fuera ella la víctima mortal; y en el caso de Domenico Samaritano (Roberto Zibetti) asfixió a su esposa ya que padecía de un avanzado Alzheimer y ya no quería verla sufrir. Es decir, sacar de la cárcel a estos dos exconvictos, era, indirectamente, una manera de aprobar la eutanasia, incluso cuando no estuviera relacionada con una enfermedad terminal o invalidez como lo fue el caso de Noelia Castillo.

Ahora bien, ya que los contextualicé sobre el argumento principal de esta película, vamos a adentrarnos en esos pequeños detalles que son los que precisamente caracterizan la filmografía de este director italiano. Comencemos con los símbolos.

Sorrentino nunca nos narra sus historias de manera lisa y llana, él las fortalece con un lenguaje lleno de alegorías que no son gratuitas, al contrario, cada una de sus obras goza de metáforas que enaltecen el mensaje en cuestión. Por ejemplo, en La Grazia hay una escena de un caballo agonizando, sufriendo tumbado en el suelo, y en donde la solución más generosa sería sacrificarlo, pero nuestro personaje principal se niega a hacerlo, no quiere ser él quien termine con su vida, si no que sea la propia ley natural la que lo haga. Obviamente este dilema fortalecerá más adelante su decisión por autorizar o no la ley de eutanasia.

Es importante mencionar que Mariano De Santis enviudó siete años atrás, y el recuerdo de su esposa también se vuelve un factor determinante en su vida sobre su propia percepción de la muerte. Es decir, más allá de una cuestión jurídica o religiosa, a él lo mueven los recuerdos los sentimientos, las ausencias. Y si él ha sufrido tanto por la pérdida de su mujer, ¿porqué se va a atribuir el rol de ser él mismo un despojador de vidas?

Continuando con las obsesiones del director, Sorrentino es un ferviente crítico del arte contemporáneo; lo cataloga como hueco y sobrevalorado. Por ejemplo, en La Gran Belleza hay una escena donde una chica desnuda corre hacia un muro y se estrella contra él, ese fue el performance. En La Grazia ha un personaje femenino, quien aparte de ser la mejor amiga de la infancia del Presidente, es una poderosa influyente en el círculo artístico de Italia y constantemente hace fuertes aseveraciones sobre este tema.

Su nombre es Coco Valori (Milvia Marigliano) y es ella quien al final de la película termina acompañándolo en su autoexilio. Es decir, como ya lo comenté, nada es fortuito en el cine de Paolo; cada personaje, cada elemento, cada símbolo está puesto ahí por alguna razón, pero y ¿qué más abona Coco a la historia?, pues que es atea y su opinión sobre la eutanasia influye en la de su amigo.

Ya para finalizar, hablemos de la vejez. En La Grazia, de nuevo Sorrentino aborda este tema de una manera tan obvia (porque así lo desea) que no nos resulta indiferente. Pareciera que es algo que le afecta, que le importa mucho o probablemente que lo atormenta. Tanto la muerte como la senectud es un común denominador que se refleja en sus historias. No sé si lo hace para mover nuestras conciencias y hacernos entender que somos seres destinados a marchitarnos y por lo tanto a morir, o probablemente para dignificar esa etapa de nuestras vidas.

Sea como sea, sus películas nos confrontan, por lo menos a mí me conmueven, me hacen reflexionar sobre el porqué estamos aquí, y en este caso, en el de La Grazia, cuando me pongo en la piel de Mariano De Santis, me reta a echarme un clavado hacia mi interior, me desafía a recapacitar en que cada decisión que tomamos en el presente traerá alguna consecuencia en el futuro. A eso yo le llamo “la Y de la vida”; ese punto de inflexión sin retorno, en donde una vez que tomemos la ruta escogida, ya no habrá vuelta atrás y tendremos que asumir las consecuencias de nuestros actos. Y aquí planto esta pregunta de nuevo, ¿a quién pertenecen nuestros días?; mi respuesta es clara y contundente, a nosotros, a nadie más.

Espacio Solaris es un espacio de exhibición cinematográfica independiente, alternativo e incluyente ubicado en el corazón de la ciudad de Morelia. También es el hogar del podcast Butaca 39 y de la Muestra de Cortometraje Contemporáneo 5C.

IG. Espaciosolaris FB. Espacio Solaris