JAIME DARÍO OSEGUERA MÉNDEZ En 1823 el presidente James Monroe, definió con alta claridad las pretensiones de su imperialismo naciente: las intervenciones de los europeos no se tolerarían más en el continente americano; en caso de que se dieran serían asumidas como una amenaza directa para el gobierno de los Estados Unidos. Así nace la Doctrina Monroe. La independencia de los países americanos de las colonias de Europa principalmente de España y Portugal en la primera mitad del siglo XIX, abrió una nueva en la política del mundo. El inicio del fin de del colonialismo europeo como había existido hasta el momento, supuso el estreno de otra nueva en el continente americano. Los países recién independizados padecían de gran debilidad estructural, producto de muchos fenómenos diversos. En el caso mexicano el parto fue doloroso después de una larga guerra de independencia, que devastó de fondo la base productiva del país. En todas las naciones independientes que lucharon por la independencia, se vivieron procesos destructivos del sistema económico cuyos ingresos principales dependían de la extracción que hacían los peninsulares en su beneficio. Una consecuencia de estas guerras largas fue el enfrentamiento de las clases dominantes, los peninsulares de siempre y la nueva burguesía criolla que reclamó legítimamente su lugar en el espacio político, pero también en el económico y social. El resultado fue una gran inestabilidad de la que se aprovechó el gobierno de los Estados Unidos para lanzar su arenga en contra de las potencias europeas en un supuesto ejercicio de protectorado continental. La frase que resumió los primeros elementos de la Doctrina Monroe fue “América para los americanos”. El odio hacia las monarquías europeas particularmente España y Francia tuvo entonces un resquicio de salida, y provocó que esta doctrina se afianzara rápidamente en las nuevas naciones independientes quienes, entre otras cosas, mantenían deudas coloniales, sostenían economías de ultramar, seguían teniendo incipientes procesos industriales que extraían la renta y los recursos naturales a favor de los europeos y particularmente mantenían una burguesía muy vinculada con los países de Europa. Las monarquías europeas por su parte se sintieron tentadas a resolver el problema de la independencia y al mismo tiempo mantener colonizados a los nuevos estados nacionales intentando mandar a sus propios representantes, hijos, amigos, una nobleza rancia que pretendía continuar, ya desde el territorio americano, la dominación a través del linaje. Muy pronto esas amenazas se volvieron pretexto para que Estados Unidos interviniera en la vida interna de los países americanos, sus vecinos, aludiendo que protegía sus propios intereses. Aquí podemos señalar la semilla, el principio del gran expansionismo norteamericano en el siglo XIX que evolucionó a las modalidades del imperialismo que durante todo el siglo XX mantuvo sojuzgado no sólo a los estados americanos sino también a una buena parte del mundo. El Destino Manifiesto por su parte fue un planteamiento ideológico, una mezcla entre religioso, político y fundamentalmente imperialista para manejar que los Estados Unidos siendo una nación reciente, nueva, trabajadora, tenía por gracia divina el derecho de dominar y gobernar a los países de América Latina, particularmente aquellas zonas mexicanas de entonces, donde había poca población como las tierras de California y Arizona. Se trata del planteamiento derivado de un sentimiento de superioridad bajo el cual los Estados Unidos han pretendido que su civilización sea el modelo de vida para todos los demás países en los términos teológicos, políticos, económicos y culturales. Como Doctrina Donroe se conoce a la versión actual del presidente Donald Trump respecto de su intención de intervenir siempre en favor de los intereses estadounidenses en América Latina. Donroe es la expresión máxima de la esquizofrenia de Trump en su afán por controlar las relaciones políticas a nivel mundial. Los ejemplos son varios, quiso cambiar de nombre el Golfo de México, retomar el canal de Panamá para manejarlo, comprar Groenlandia como una forma absolutamente jocosa, de mostrar su ignorancia sobre la historia del mundo. Secuestró a maduro y tiene amenazados a algunos más. Tira bombas en el Caribe contra embarcaciones desconocidas. El extremo ha sido esta idea ridícula de anexar a Canadá como su estado numero 51, siendo aquel un país soberano, vecino y en muchos casos profundamente más desarrollado que los Estados Unidos, lo cual ha causado hilaridad absoluta entre los círculos políticos de Canadá. Originalmente la idea Trumpiana de la Doctrina Donroe se dirige contra la expansión económica de las potencias externas que se encuentran en América Latina. Particularmente China que tiene invadido Centroamérica de nuevas construcciones, aeropuertos, puertos, zonas económicas especiales que le beneficien y se ha convertido en el principal promotor de comercio en esos lugares del mundo. Bajo esta versión adaptada de Trump, hoy se encuentra tensa la relación entre México y los Estados Unidos. Ahí se encuadran sus pretensiones de imponer aranceles, para hacerse sentir y negociar sus temas de manera más favorable para ello, marcando presencia hegemónica por encima de nuestro país. El muro del Trump, por el que tanto alarde hizo para ganar la presidencia, no representa una división geográfica sino una forma de dominación y de rechazo hacia las maneras de nuestra convivencia cotidiana. Hoy la amenaza tiene otros matices. Más delicados para México, porque hay señales visibles del involucramiento de políticos en procesos judiciales que se desarrollan en Estados Unidos, vinculados con la delincuencia organizada. La línea es delgada porque por un lado no gusta su afán intervencionista, pero por el otro, hay mucho riesgo en defender lo indefendible. Ellos están en sus intereses y van a seguir atacando. De eso se trata la Doctrina Donroe.