A tan solo dos días de que se realice la tan esperada inauguración del Mundial del 2026, en México se siente como una fiesta a la que tienes que ir casi que, por obligación, no puedes faltar simplemente porque ofreciste tu casa para hacerla. Diversos factores pueden explicar el sentimiento tan desangelado de esta “gran fiesta del futbol”, en primer lugar como sabemos, la FIFA consideró conveniente dividir la sede en tres diferentes países de América del Norte, muy al estilo T- MEC entre México, Estados Unidos y Canadá, encareciendo exponencialmente la posibilidad de asistir, teniendo costos de boletos para los partidos impagables y ahora lo nuevo, es que la FIFA cobra “licencia” para ver los partidos, un tipo “pago por evento” sacado de la manga. Todo esto pareciera implementado como para terminar de derrumbar la imagen ya tan cuestionada que se tiene de la FIFA y de su presidente Gianni Infantino, el único ser humano capaz de considerar apropiado darle a Donald Trump el primer Premio de la Paz de la FIFA – otra cosa que también, se sacó de la manga la organización- Siguiendo nuestro conteo de factores internacionalmente desoladores para este Mundial 2026, es sin duda el que estamos viendo desde nuestros celulares la guerra entre Rusia y Ucrania, el genocidio de Israel contra el pueblo palestino y simultáneamente invadiendo a Líbano, en guerra contra Irán, en la cual sigue estando muy confusa la nueva postura de los Estados Unidos en ese conflicto y no olvidemos las terribles guerras civiles en Sudán, Siria y Yemen, que aunque no estén tan viralizadas siguen existiendo. Por otro lado en nuestro país, se esperan grandes manifestaciones de asociaciones y colectivos encabezando diversas causas, desde la movilización anunciada por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano exigiendo precios justos y la urgente ayuda a nuestro campo, la Asociación de Transportistas pidiendo seguridad en carreteras y los dignísimos colectivos de madres buscadoras, quienes visibilizan uno de los más grandes dolores de nuestro país, la lamentable crisis de más de 132 mil mexicanas y mexicanos desaparecidos. ¿Dónde están? La semana pasada asistí a una conferencia enfocada en turismo y su derrama económica en el país, donde le preguntaron sobre los retos que enfrenta México, la conferencista comentó frases como: “debemos de pensar en que todos los ojos del mundo estarán viéndonos y debemos de dar nuestra mejor cara”, “las manifestaciones dan mala imagen al país” incluso creo que mencionó algo como: “la ropa sucia se lava en casa”. No tengo desarrollada la capacidad para transmitir lo desagradable que fue para mi escuchar esos comentarios, llenos de frases rancias, insensibles y llenas de prejuicios a las grandes luchas por la dignidad de nuestra población. Debo reconocer que no todas y todos los seres humanos debemos o podemos indignarnos por las mismas cosas, pero si nos enfocamos en los temas que la figura del Estado debe considerar como importantes, los cuales se pueden definir como: “Interés Nacional”, la conversación se puede poner más objetiva. A pesar de que no hay un consenso sobre la definición de cómo cada Estado debe identificar su “Interés Nacional”, lo que si existe, es un claro acuerdo que la jerarquía de prioridades van de la siguiente forma: En primer lugar es la supervivencia del propio Estado desde lo territorial, su población y sus instituciones de gobierno, una vez alcanzado este punto de seguridad, se puede transitar al segundo, el cual se identifica como desarrollo integral, entendiendo ese desarrollo en los sectores económicos, sociales, culturales, tecnológicos, educativo y de salud pública entre otros, y dejándolo en el último lugar, se identifica como interés, el proyectar una buena imagen nacional con el objetivo de obtener estatus y prestigio a nivel internacional. Esto quiere decir claramente que la prioridad de nuestro gobierno no es estar dando una “buena imagen” al mundo durante los días que tengamos los partidos, tampoco es pintar la ciudad de rosa, ni poner candelabros ridículos en las estaciones del metro, ni mucho menos esconder con vallas la pobreza y los terribles niveles de desigualdad que tenemos en México. Nuestro país lamentablemente es uno de los países mas desiguales en el mundo, donde tomando el último informe de Oxfam México: “ El 1 % más rico de la población — 1.3 millones de personas— percibe 35 % del ingreso total, posee 40 % de la riqueza privada nacional y es responsable del 23 % de las emisiones contaminantes”, esta concentración de riqueza, se vuelve aún más ofensiva, cuando existe en el mismo país con: “18.8 millones de personas sin acceso a una alimentación nutritiva, 38.5 millones con carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar y 21 millones de mujeres que dedican al menos una jornada completa al trabajo de cuidados no remunerado.”[i] La “Gran fiesta del Mundial” se siente tan desangelada porque somos una especie colectiva, se siente incomodo estar celebrando al mismo tiempo que desde nuestros celulares podemos ver el sufrimiento de las madres ya se enterrando o buscando a sus hijas e hijos. En este momento la prioridad no es “dar una buena imagen al mundo” o “juntarnos para ver los partidos”, en este momento nuestra prioridad es organizarnos para poder en un futuro volver a celebrar. Marisa Barbosa Serrato. [i] OLIGARQUÍA O DEMOCRACIA. Oxfam México, febrero 2026