Compartir la memoria. Entrevista con Cristian López

Entrevista con el Dr. Cristian López Raventos. De administrar el bar Barcelona a enseñar Historia del Arte en la UNAM Morelia y cuestionar los nacionalismos

Cristian Lopez Raventos profesor de Historia del Arte en ENES UNAM Morelia
El Dr. Cristian López Raventos reflexiona sobre los 17 años que lleva residiendo en la capital michoacana.

Recuerdo que celebré mi cumpleaños en el 2013 en el bar Barcelona que se encontraba justo al lado del Corral de la Comedia, frente al Teatro Ocampo. Ahí transmitían todos los partidos de la liga europea y española. Lo administró durante un par de años, del 2012 al 2014, Cristian López, quien había llegado a Morelia en 2009 para hacer una estancia académica en la Facultad de Psicología de la Universidad Michoacana.

Hace unas semanas nos encontramos por casualidad en un congreso de filosofía y quedamos para tomar un café y remontarnos en la historia, así como en los momentos en que comenzó a echar raíces en Michoacán, pues, a pesar de haber coincidido con él en varias ocasiones, nunca habíamos conversado sobre su lugar de procedencia ni acerca de los motivos que había encontrado para quedarse en esta ciudad, en la que se siente aceptado siendo español, ya que nadie le ha demandado convertirse en mexicano. La naturalización es una cuestión que se ha planteado de manera muy seria y filosófica: ¿qué implica elegir otra nacionalidad que no sea aquella que ya se lleva impuesta desde el nacimiento y con la que se carga el resto de la vida? «Entiendo que uno puede elegir ‒dice Cristian‒, porque una nacionalidad u otra te puede brindar otras oportunidades de trabajo, pero viviendo aquí no he sentido que me demanden o exijan ser mexicano, ni se ofenden porque siga siendo español. No siento esa imposición; además, pienso que, a ningún francés, si viniera aquí, le iban a decir que se ponga de mexicano», dice. Y al acabar su frase, me provoca la risa. Así pasamos un buen rato de la charla, en la que se asoma la ironía y el humor, mientras me va contando cómo es vivir «desdibujado» entre dos tierras, lo que forma parte de su historia.

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Cristian López Raventos es oriundo de Vilanova i la Geltrú, una ciudad que se encuentra en la provincia de Barcelona y que colinda con Sitges, donde se realiza uno de los festivales de cine más famosos. A su llegada a Morelia, se dedicó a dar clases en el IMICH, que fundó la maestra Blanca Cárdenas, donde impartía historia del cine. Durante un tiempo se mantuvo de «profesor taxista», pues daba vueltas por toda la ciudad para ir a las distintas escuelas en las que iba encontrando un sitio en la docencia, hasta que terminó por estacionarse finalmente en la Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia de la UNAM, en la licenciatura de Historia del Arte.

Licenciado en Sociología por la Universidad de Barcelona, Maestro en Investigación en Psicología Social y Doctor en Psicología Social por la Universidad Autónoma de Barcelona, Cristian López realizó una tesis sobre los videojuegos, un campo interesante para analizar la producción de nuevas subjetividades y la construcción de prácticas que hoy definen nuestras interacciones virtuales. Su inclinación por el estudio de los videojuegos y la aplicación de la tecnología en la vida cotidiana las combina con su observación desde el plano de la semiótica, el análisis del discurso y la curiosidad que le despiertan estas interrelaciones entre la crítica cultural, la dimensión simbólica y la interpretación de la imagen. En ese sentido, asegura que, a través de sus clases, busca sembrar en sus estudiantes algo de esa mirada analítica y de conciencia histórica, para así incentivar una reflexión sobre la propia historia y acerca de lo que ha pasado con ciertas prácticas de la cultura popular. «En general ‒me dice‒, considero que hay pocos archivos, información, reflexión sobre el mundo del videojuego, que, por otro lado, es el que ha permitido aprender cosas que hoy nos parecen básicas, como pedir ciertos servicios a través de las aplicaciones. Todo lo que tenemos hoy en marcha ya estaba en los videojuegos; toda esa naturalización del neoliberalismo como cultura se da a través de ese campo. Pero prácticamente todo lo que salió en los 80 (consolas, casetes, revistas) está perdido, y es un problema porque no hay testimonios de cómo fue desarrollándose la industria del videojuego. Y a pesar de los intentos con esa especie de arqueología, hay muy poco rastro de ese mundo, porque la gente piensa que no hace falta ni se preocupa por guardar o archivar».

Pienso en sus palabras, y reparo en qué tanto la memoria como la conciencia histórica son dos palabras claves que sobresalen en su mirada como profesor. De hecho, cuando le pregunto sobre ello, él reconoce que, si perdemos dicha conciencia, la curiosidad por saber de dónde salen las cosas y los discursos, se corre el riesgo de convertirlos en mitos. Por esa razón, afirma que el divulgador de historia mexicano, Juan Miguel Zunzunegui (a quien seguramente lee Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid), quiere simplificar el discurso al referir que los españoles sólo querían gestionar a las culturas originarias: «Parece que ahora resulta que todo discurso vale, y no es así. Recuperar la conciencia histórica es lo que busco en mis clases. Incluso, les digo a mis alumnos, hay que revisar lo que llaman “mexicanidad”, desde cuándo está, quién se la inventa, para qué, y qué deja fuera».

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También es crítico con lo que ocurre actualmente en España, que vive desmemoriada, sostiene: «Si no es capaz de extender una reflexión sobre su pasado más reciente, de hace 45 años, ya no te digo sobre su pasado colonial. ¿Cómo les vas a pedir una reflexión colonial o poscolonial si no se quiere reconocer que somos el país del mundo con más muertes en cunetas? En España, la gente piensa en la conquista: “Pues sí, pasó, no nos quedó nada”, y ahí se queda. No hay conciencia histórica de la dimensión colonial. Y así podemos seguir con muchos otros temas que deberíamos revisitar aquí y allá. ¿La gente sabe de dónde sale el Día de la Hispanidad y por qué? Pues nace, precisamente, el día en que España pierde todas las colonias, inventa un desfile de militares, como un intento de construir un discurso. Es necesario tener conciencia sobre nuestra historia porque, de lo contrario, nos quedamos con las visiones nacionalistas, que pensamos que iban a desaparecer con la globalización, pero aquí están». Y agrega todavía: «Si criticas las visiones nacionalistas, muchos te llegan a cuestionar: “¿Entonces usted es anti-su-tierra?”. “¡Pues, depende!”. Mis abuelos tenían un amor tremendo por la tierra, pero en el sentido primigenio de la palabra, del cuidado de la tierra, de los caminos, del campo, porque eso es lo que valoraban, no ese nacionalismo metadiscursivo, de la nación, de las esencias».

En su ejercicio como profesor, López Raventos invita a sus estudiantes de Historia del Arte, a revisitar la propia historia para no convertirla en mito, para que las nuevas generaciones tengan un criterio más amplio y consciente, pues son ellos quienes se encargarán de narrar lo que se hizo, bien o mal, en nuestro pasado y decidirán lo que debe conservarse para el futuro.

17 años residiendo en Morelia

2 años administró el bar Barcelona

Liliana David

Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.