Dentro de mi trabajo profesional en el museo, conoces a muchas personas creativas y talentosas, te enteras de los proyectos emergentes y de las actividades de los artistas. Hay proyectos que captan mi atención, de los cuales me mantengo pendiente, primero por respeto y porque creo que el mundo del arte es para aquellos que son apasionados, capaces de navegar contracorriente, de evolucionar y adaptarse. Es difícil sobrevivir, pero más complejo mantenerse vigente, es sin duda lo más complicado dentro del gremio artístico, un sector económico precario que muestra barreras y un contexto complicado para desarrollar tus proyectos sin un respaldo institucional. Por ello, es que hoy inicio este reportaje haciendo un reconocimiento a todos los artistas, que se aventuran en la difícil tarea de emprender y apostar en el sector cultural. Motivado por ello, es que quiero escribir de un gran proyecto independiente: Insecto Negro. En la calle de Amado Nervo, en el número 45 del centro histórico de Morelia, Michoacán existe un espacio independiente que late y se mantiene vivo. Un local que con un anuncio luminoso te invita a ingresar y que te sorprenderá por lo abundante de su contenido visual, en un inicio podrás pensar que es una galería de arte, pero luego verás una prensa y herramientas en las paredes, pero también un diván y una cama para tatuar. Todo aquello te intriga y te hace preguntar qué es lo que sucede en ese lugar: ¿Qué es Insecto Negro? Para responder estas preguntas pudimos entrevistarnos con tres de los artistas asociados del estudio-taller: Raquel Palominos, Zaizhi Monfon Lagunas y Julio César Flores, quienes de manera separada nos compartieron su visión sobre este proyecto colectivo que desde hace más de una década mantiene encendida una llama en el corazón del centro histórico moreliano. ¿Qué es Insecto Negro? Definir un espacio como Insecto Negro no es tarea sencilla, y eso habla bien de él, de su diversidad. Sus propios integrantes nos comparten descripciones que se complementan y que revelan la riqueza de un proyecto que no cabe en una sola categoría. Para César Flores “Magenta”, la respuesta es directa: "Insecto Negro es un espacio, es una galería, taller de producción gráfica y estudio de tatuajes. La idea es mostrar el trabajo de algunos colaboradores y que se siga manteniendo activo un taller de producción". En esta síntesis caben tres funciones que en muchos espacios culturales suelen existir por separado: la exposición, la creación y el oficio. Zaizhi Monfon, fundador del proyecto, amplía esa definición desde su historia y su misión: "Ha sido siempre el mismo objetivo y la misma misión: tener un taller abierto al público, que las personas interesadas en la gráfica puedan contar con un espacio, con las herramientas básicas para desarrollar algún proyecto, ya sea gráfico o de técnicas mixtas". Para él, este espacio no discrimina entre pintores, grabadores o artistas escénicos; ha habido incluso compañeros de teatro que han llegado a practicar performances en sus instalaciones. La apertura ante las posibilidades es una de las mayores cualidades que hacen a Insecto Negro un espacio versátil. Raquel Palominos, la integrante más reciente, lo describe desde la experiencia del encuentro: un lugar que resuelve la soledad inherente al trabajo artístico y que ofrece lo que pocas veces se tiene en el medio independiente: un sitio físico donde crear en compañía. "Mi chamba siempre ha sido muy solitaria", confiesa, "ha sido y sigue siendo un reto trabajar en equipo, ceder en cosas y también defender las que creo que pueden funcionar para el bien de todos". Para ella, Insecto Negro es ante todo un ejercicio de comunidad. El origen: de Nurite Gráfico a Insecto Negro La historia de Insecto Negro comienza antes de su propio nombre. El espacio ubicado en una calle estrecha del centro histórico, lleva once años activo y ha tenido varias vidas: fue tienda, fue Nurite Gráfico, y ahora es lo que es. El relato más preciso de su fundación lo cuenta Zaizhi Monfon, quien lo vivió desde el primer día. En 2014, Zaizhi ganó el Premio de menores de 35 años en la categoría de estampa en el XVI Encuentro de Pintura y Estampa Efraín Vargas. Con ese recurso, junto con un grupo de amigos —entre ellos Otilio García Marabel (†), Juan Horacio Vera López, Salvador Juárez y Fátima Ortiz—, compraron una prensa y abrieron un taller al que llamaron Nurite Gráfico. En aquellos años la gráfica vivía un auge en Morelia, pero los tornos de la facultad estaban saturados y no existían talleres alternativos fuera del ámbito escolar. "Fue de los primeros talleres de esta nueva era de la gráfica michoacana que se abrieron en la ciudad", nos comparte como parte de esta visión primera. El colectivo creció hasta reunir once integrantes en su mejor momento. Pero los proyectos personales, los cambios de vida y los distintos horizontes fueron diluyendo paulatinamente aquella primera formación. Algunos se fueron, llegaron otros —Brenda Méndez, Diego Leonardo Rivas, Ernesto Giacopello, Dulce Ácido, Jonathan Tapia, Saúl Corzo—, y con el tiempo el espacio fue perdiendo el rumbo compartido. "Decidimos reestructurar y hacer lo que ahora es Insecto Negro", explica Zaizhi, "que es más o menos lo mismo pero diferente." La diferencia está en la forma: menos tienda de arte, más galería. César Flores, Magenta, precisa que la cronología: como Insecto Negro el espacio tiene tres años de vida, aunque la trayectoria del lugar sea mucho más larga. La transformación implicó también una renovación de sus integrantes: hoy el colectivo lo conforman Zaizhi Monfon, Raquel Palominos, Quetzal Fuerte y el propio Magenta. Para Raquel Palominos, el origen del espacio se relaciona con su ingreso a este colectivo, que representó más un acercamiento fortuito donde la generosidad de los residentes le invitó a formar parte desde el primer día: “Todo comenzó por la necesidad de resolver un grabado: tenía la obsesión de hacerlo en cobre. Fue entonces cuando coincidí con Zaizhi en la calle; su confianza me dio seguridad. Su apoyo fue muy amable, me guió en todo el proceso y logré sacarlo adelante. Como nos llevamos muy bien y me sentí cómoda, además de que necesitaban integrantes, me invitaron a quedarme. Acepté, aunque mi trabajo siempre ha sido muy solitario, y eso representó un reto: aprender a colaborar en equipo, sobre todo con hombres, lo cual es otra dinámica distinta. Para mí ha sido importante intentar trabajar con más personas, aprender a ceder en algunas cosas y defender en otras que considero valiosas para el bien común. En esencia, lo más significativo ha sido abrirme al trabajo en equipo y a nuevas posibilidades”. Lo que motiva al colectivo Hay una razón para que cada uno de ellos siga apostando por Insecto Negro, y también hay obstáculos que los mantienen en un equilibrio. Cuando se les pregunta por sus motivaciones y sus dificultades, los tres coinciden en ciertos puntos. Para Zaizhi, la satisfacción más grande sigue siendo la misma que lo animó a abrir el taller hace más de una década: ver a estudiantes y egresados producir en un espacio que de otra manera no tendrían. La vocación de servicio es genuina. Más allá de eso, disfruta el papel de punto de referencia en el mapa de la gráfica michoacana, ese lugar al que se puede llegar sin cita y trabajar con material prestado. César Flores valora la dimensión colectiva del proyecto: la posibilidad de mostrar el trabajo de varios artistas en un mismo espacio y de mantener activa una producción que, desde lo individual, sería más difícil de sostener. Raquel, por su parte, destaca el valor del intercambio humano. Para una artista que describe su trabajo como fundamentalmente solitario, Insecto Negro representa la oportunidad de abrirse a otras perspectivas y de aprender a construir desde el consenso. Las dificultades Si hay una constante en las tres conversaciones es la precariedad económica, esa realidad que el sector cultural arrastra en México con una persistencia que ya nadie encuentra sorprendente, pero que sigue siendo devastadora. Zaizhi lo pone en términos concretos: "Más que nada necesitamos clientes. Obra y producción hay, pero ¿qué se hace con esa obra si no hay un mercado directo? Esa es la bronca. En Morelia hay dos facultades de artes, lo que garantiza una producción constante de artistas y de obra, pero sin una estructura de comercialización que responda a esa oferta, el trabajo se queda estancado”. El comentario de Zaizhi apunta a algo más profundo que las finanzas del taller: "El arte pasa a un tercer o cuarto término, cuando debería ser primordial". Lo que vivimos durante la pandemia, recuerda, fue la demostración más clara de que el arte no es prescindible: leer, ver series, pintar, dibujar fue lo que evitó que la gente "se volviera loca" en el encierro. Raquel señala otro obstáculo más cotidiano: la dificultad de coordinar proyectos individuales con las exigencias del colectivo. "Cada quien tiene proyectos propios que de repente nos impiden coincidir u organizarnos, es difícil gestionar como la economía y conseguir como los ingresos o los medios para sostenerlo y sobre todo para que mejore, no solo que sobreviva, sino que mejore económicamente". Y agrega, con una sinceridad y cierta ironía que nos hizo reír: “Porque pues sí, hay como muy pocos recursos o como convocatorias y pues están todas muy peleadas, ¿no? Y también, pues, justo como son muchos hombres, como que últimamente ya los hombres ya pasaron de moda, entonces como que institucionalmente nadie nos apoya. Mejor firmaré sola”. Expresa con sarcasmo. Los artistas de Insecto Negro César Flores / Magenta César Flores (1987) es egresado de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Michoacana, especializado en pintura. En el mundo del arte firma como “Magenta”, un seudónimo que carga su propia identidad visual. Además de sus actividades en el taller, es tatuador, lo que lo coloca en esa intersección entre el arte culto y el arte aplicado sobre el cuerpo. En 2016, dentro del Proyecto “Gran Formato. Realización artística de imagen expandida (4x8) del Centro Cultural Clavijero”; produjo la pieza La Batalla, Mixta; aerosol y acrílico sobre MDF 14mm, 400 x 800 cm. Su obra personal transita por la ilustración, la pintura y el muralismo, pero que unifica todo su trabajo es una preocupación profunda por la psicología humana. "Me gusta mucho la percepción de lo que pasa primero con el individuo: lo que piensa, lo que hace, cómo afecta", explica. Trabaja con las problemáticas de salud mental como materia prima creativa, convencido de que hay que estar bien con uno mismo para poder estar bien con el entorno. Zaizhi Monfon Lagunas Zaizhi Yubin Monfon Lagunas (1987) es egresado de la Facultad Popular de Bellas Artes, especializado en gráfica. Firma como Zaizhi Monfon, convencido de que el nombre, ya es suficientemente distintivo. En el año 2014 recibió el premio en la categoría de artistas menores de 35 años en el XVI Encuentro de Pintura y Estampa Efraín Vargas. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en países como México, España, Estados Unidos, Australia, Argentina y Japón. En los últimos años su trabajo ha girado hacia el autorretrato, impulsado por una travesía personal que comenzó con episodios de ansiedad y estrés antes de la pandemia y que se intensificó durante el confinamiento. La burocracia del sistema de salud pública, el laberinto de encontrar atención psicológica adecuada, fueron paradójicamente generando más ansiedad. La salida fue hacia adentro: largas caminatas con su perro en los cerros, diálogos íntimos con uno mismo. De esa experiencia nació su serie actual: Diálogos Internos, conversaciones que el artista tiene consigo mismo y que lleva al papel a través de técnicas mixtas de gráfica. La metodología es tan personal como el tema: imprime la misma placa varias veces sobre el papel para crear sensación de movimiento, de imagen que no se congela, que tiembla. Raquel Palominos Raquel Medina Palominos es originaria de Lázaro Cárdenas, Michoacán, y firma con el apellido de su madre: Raquel Palominos. Su formación es, en sus propias palabras, híbrida: estudió arquitectura en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y durante la pandemia cursó una maestría en dibujo, completando su educación con cursos, talleres y el aprendizaje autodidacta que ofrece internet. Su disciplina principal es el dibujo, desde el cual se mueve hacia distintos materiales según la necesidad de la imagen. Su obra es fundamentalmente autobiográfica y explora la imaginación, lo onírico y lo cotidiano. No se encierra en corrientes ni en estilos: puede hacer surrealismo o realismo puro, dependiendo de lo que la imagen y el medio le exijan. "Voy creando conforme voy sintiendo la necesidad". Quetzal Fuerte Es un artista que desarrolla su obra principalmente en el paisaje urbano, a través del mural en Espacios basura, tomando como influencia la teoría de Rem Koolhaas (Paises Bajos, 1944). Quetzal es egresado de la Facultad de Arquitectura por la UMSNH. Iniciado en las disciplinas del arte urbano, hoy desarrolla una trayectoria profesional en una plástica madura, consciente y de un profundo rigor social, con una visión ecológica, como comunitario. Su lenguaje visual es abarca dentro de diversos temas, la exposición de sus raíces michoacanas. En 2022 rompió el circuito local para instalarse en la escena global como el Artista Oficial de los Latin Grammy, interviniendo el Grammy Museum de Los Ángeles. Hoy la invitación es para que vayamos a conocer este proyecto, enterarnos de su oferta a través de redes sociales y especialmente a conocer este espacio de artistas que día con día tienen algo nuevo por ofrecer. Insecto Negro tiene un gran número de propuestas para coleccionistas de toda índole y de todos los precios, tener un tatuaje de autor; además de la posibilidad de aprender alguna técnica en sus talleres. Como ya se dijo antes está ubicado en Amado Nervo #45, Centro histórico de Morelia, 58000 Morelia, Michoacán y sus redes sociales son: instagram.com/insecto.negroo y en Facebook como Insecto Negro. José Roberto Morales Ochoa José Roberto Morales Ochoa, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales. Instagram: @jrobertomorales Email: imrobertomorales@gmail.com