Poco o nada sé del origen de mi sangre. Sin embargo, un día, mientras habitaba las páginas de Jorge Luis Borges, tropecé con un nombre que se parecía demasiado al mío; un eco inconfundible en la memoria del español: Rafael Cansinos Assens. El hallazgo me perturbó con la fuerza de un relámpago tardío. Ver mis propios apellidos en el rostro de un escritor total —un traductor que había desafiado los desiertos árabes y hebreos— me ensombreció y me iluminó a la vez. Continué la lectura con el pulso titubeante de quien busca un espejo en la penumbra. Dudé, por supuesto, de mis raíces. Sabía que el parentesco no venía de la carne; mis ramificaciones familiares nada tienen que ver con aquel hombre de letras, y mis coordenadas geográficas apenas se asientan en el Bajío guanajuatense, sin traspasar las fronteras de esta tierra interior. Aun así, quise ir lejos en el mapa de la imaginación y emularlo; soñé con abrir, bajo su guía, la puerta infinita de Las mil y una noches. Pero mi estilo es apenas un intento: un pulso diario por levantar poemas y ensayos desde una mirada oblicua. Saber que Cansinos Assens vertió al español esa monumental obra anónima y oriental fue un descubrimiento decisivo. Para el lector distraído esto podría ser un simple dato de enciclopedia; para mí se convirtió en una suerte de destino: la certeza de que mi única herencia posible era leer su traducción, asomarme al abismo de sus páginas aun desde mi propia escasez. Su labor no solo me impone cátedra; me estremece. Celebro llevar sus apellidos con apenas una mínima variante, una sola letra de diferencia que me separa y me une a él desde este lado del Atlántico. Aquí en León, donde nací y donde el paisaje del Bajío resguarda mi escritura, configuro mi mundo. Sé que difícilmente cruzaré el océano para conocer el ancho mundo; mi viaje es otro. Mi pasión es el regreso: leer y releer las voces de México, los ecos de España y la vasta tradición latinoamericana. No soy traductor ni pretendo serlo, pero busco el diálogo con los ausentes a través de esas versiones espléndidas que nos salvan de la distancia. Por eso, algún día escribiré con el rigor debido sobre quien ya considero mi pariente lejano en la tinta: el maestro de Borges, el hombre que junto a Pedro Garfias encendió la hoguera del ultraísmo en los años veinte. Por ahora, desde mi taller blanco, dejo este mínimo homenaje a la hermosa coincidencia de nombrarnos. Miguel Cansino Assens Miguel Cansino Assens (León, Guanajuato, 1983) es poeta, ensayista y editor. Cofundador de La escritura oblicua. Su poesía y ensayos indagan en el erotismo y la heteronimia; ha publicado en medios locales y nacionales y desarrolla actualmente el proyecto ensayístico y poético El taller blanco.