Arte mural en Michoacán

Descubre cómo Michoacán se convirtió en estado pionero del muralismo en los años treinta bajo la visión del rector Gustavo Corona y el general Lázaro Cárdenas.

Pintura mural mexicana que representa las tradiciones, el folclor, el paisaje y las luchas sociales agrarias de Michoacán en el siglo XX.
El muralismo en Michoacán funcionó desde sus inicios como un espejo del Renacimiento artístico mexicano y la integración comunitaria.

La historia del muralismo en Michoacán es amplia y una parte de ella está condensada en el libro El muralismo en Michoacán, coordinado por el Centro de Documentación e Investigación de las Artes, y publicado por la editorial Cuarta República. La creación mural en el estado, representa una gran aportación a la cultura y patrimonio de México, sobre todo porque este arte es un tema de identidad nacional. Es imprescindible destacar que Michoacán fue uno de los estados pioneros en la producción muralística, que inició en los tempranos años treinta, cuando el Rector de la Universidad Nicolaíta, Gustavo Corona Figueroa (1899-1991) abrió espacios en sus instalaciones para el arte mural, un acto similar al que había realizado José Vasconcelos en la capital mexicana.

Corona aseguraba que su programa trataba de hacer una réplica de lo que se había hecho en Florencia, una de las ciudades de Italia con gran cantidad de murales realizados durante el Renacimiento. Su referencia a esa ciudad tal vez explique que hayan sido extranjeras y extranjeros los muralistas que contrató para hacer murales en las instalaciones universitarias de Michoacán. Pero también demostró ser un funcionario con amplio criterio, porque las primeras fueron artistas mujeres: Ryah Lundins había practicado en otro país, Marion Greenwood ya había elaborado un mural en Taxco Guerrero con asesoría de Pablo O’Higgins y Grace aprendió la técnica del fresco con la enseñanza de su hermana Marion.

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Ellas se subían a la tarima y trataban con los albañiles que les ayudaban en esa labor, razón por la cual fueron criticadas por una sociedad moralista que censuraba a las mujeres que, desde su punto de vista, hacían trabajo masculino. Marion abordó un tema regional, a diferencia de Grace y Ryah, quienes pintaron temáticas que aludían a la industrialización, no a la identidad nacional ni regional, que es lo que marcaba el centro del país.

Igual procedieron los siguientes muralistas contratados por Corona: Reuben Kadish y Philip Goldstein (Guston), recomendados por Siqueiros, quienes pintaron un tema críptico y doloroso como la guerra y el fascismo en sus múltiples vertientes. Cada autora, cada autor, impuso su propio sello.

Si bien el iniciador del arte mural en el estado fue el rector Corona, Lázaro Cárdenas también dio un impulso durante su período como presidente (1934-1940). Para consolidar el muralismo, invitó a connotados artistas como Fermín Revueltas y Ramón Alva de la Canal, dos muralistas pioneros, quienes trazaron su obra en la línea identitaria regional y fundacional de nación con iconografía histórica. Revueltas hizo referencia a escenas de la lucha por la Independencia en dos cuadros murales situados en el Colegio de San Nicolás, y Alva de la Canal representó la vida de José María Morelos en el interior del Monumento que, sobre ese importante personaje de la Independencia, se construyó en Janitzio, a solicitud de Cárdenas.

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La producción mural no sólo se realizó en Morelia y Janitzio, en esos mismos años treinta se empezó a expandir hacia otros municipios. Uno de ellos fue Jiquilpan donde José Clemente Orozco y Roberto Cueva del Río pintaron sus obras. El primero en la biblioteca pública de esa localidad y el segundo, en la escuela primaria Francisco I. Madero. Por su parte, Juan O’Gorman, otro famoso pintor, representó la Historia de Michoacán en la Biblioteca Gertrudis Bocanegra en Pátzcuaro, con su peculiar estilo barroco desde lo prehispánico hasta la Independencia.

Alfredo Zalce, originario de Michoacán, se sumó posteriormente debido a que al terminar sus estudios en la entonces Academia de San Carlos (1924 a 1927) se quedó en la capital del país a realizar diversas actividades artísticas. Inició la producción mural en su estado natal en 1936, con la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), organización antifascista, a la que pertenecía, cuando esta realizó una feria de arte en Morelia, y junto con Leopoldo Méndez pintó un retrato monumental en la entonces Confederación Revolucionaria Michoacana del Trabajo, obra que no suele mencionarse y que fue destruida posteriormente debido a que se calificó de comunista.

Pero su producción mural se desplegó a partir del impulso de Lázaro Cárdenas cuando este se desempeñaba como vocal ejecutivo de la Comisión Hidrológica de la Cuenca del Tepacaltepec, creada en mayo de 1947 por el presidente Miguel Alemán. La historia es por demás interesante. En su proyecto, Cárdenas quiso implementar talleres de artes plásticas en los pueblos adyacentes a la presa, pese a que no era una tarea de la Comisión. Para Cárdenas era importante la acción comunitaria y la integración territorial con las artes.

Los talleres serían coordinados por Zalce, quien haría los programas y formaría equipos con aspirantes a artistas para hacer trabajos de decoración en las escuelas que se estaban construyendo.

La producción mural continuó con artistas de diferentes estados. El neoleonés Federico Cantú pintó en el Museo Regional Los cuatro jinetes del Apocalipsis sobre el lago de Pátzcuaro, una visión crítica de las atrocidades de la conquista en esa región, desde una línea bíblica, pero sin tinte religioso. En ese mismo espacio, Ryah Ludins había pintado un mural en 1935, que no terminó.

A partir de esa década, la producción mural no se ha detenido, aunque no siempre ha tenido el apoyo gubernamental. En ocasiones los muralistas también lo han hecho como solidaridad y para dejar memoria, tal como lo hicieron Zalce y sus colegas Pablo O’Higgins e Ignacio Aguirre, quienes entregaron sus murales en 1950 a la escuela primaria de Caltzontzin, poblado donde fueron reubicados los habitantes de las regiones afectadas por la erupción del volcán Paricutín, acaecida siete años antes.

Son muchos los muralistas que han aportado con su obra al patrimonio de su estado, la mayoría, nacidos en Michoacán,  algunos muy prolíficos como Alfredo Zalce o Manuel Pérez Coronado “MAPECO”, quién además de realizar murales en diversas localidades del estado, hizo una réplica del mural que pintó Juan O’Gorman en el Museo de Historia ubicado en el Castillo de Chapultepec en la Ciudad de México, en el auditorio del Museo Regional de Morelia. Otros artistas que han pintado obra mural son Jesús y Janitzio Escalera, Alfonso Villanueva Manzo, Agustín Cárdenas Castro, así como Adolfo Mexiac.

De esa manera edificios de diversas localidades del estado se fueron cubriendo con obra mural, de artistas extranjeros, michoacanos o de diversas partes del país. La mayoría abordaron temas históricos, preferentemente Independencia, Revolución y etapa moderna, así como Historia regional con sus paisajes, tradiciones, folklore, sus artesanías y sus luchas agrarias, característica del muralismo de la primera mitad del siglo XX.

Pocos presentaron las problemáticas de su momento, eso le correspondió a otra generación, la cual dio lugar a una nueva etapa mural surgida hacia finales de los años setenta, de la mano del Taller de Investigación Plástica, encabezado por José Luis Soto González, quien impulsó un muralismo de vanguardia y comunitario, sin llamarlo así en ese momento, préambulo del muralismo colaborativo y relacional, el cual, además de sacar al mural de los interiores para  que pudiera ser visto por todos, integró a los espectadores a los procesos de producción, desde la temática hasta la colaboración.

Así este breviario pretende aportar algo de lo mucho que tiene Michoacán en producción mural.

Guillermina Guadarrama Peña

Guillermina Guadarrama Peña, investigadora Cenidiap/INBAL