El pasado 20 de junio, la Fábrica de San Pedro en Uruapan inauguró la instalación “El río que canta”, una propuesta interdisciplinaria del artista Erick Meyenberg (Ciudad de México, 1980) en colaboración con el compositor Juan Sebastián Lach (Ciudad de México, 1970). La obra combina música coral, iluminación y arquitectura industrial para transformar la memoria del río Cupatitzio en una experiencia inmersiva. La Fábrica de San Pedro esta situada en el antiguo complejo industrial textil de San Pedro, en el barrio de San Pedro, Uruapan, Michoacán; es un espacio que surge ante la necesidad de reconstruir el tejido social y fortalecer la identidad cultural de la región, una iniciativa de crear un espacio público capaz de detonar oportunidades de desarrollo social, educativo, cultural y turístico en Uruapan. Desde hace algunos años, se ha ido adaptando y restaurando en todo su complejo histórico, pero también se ha ido configurando como uno de los centros culturales y expositivos más importantes del país. Como parte del proceso de restauración del patrimonio físico al que se ha sometido este recinto, hoy presentan una remodelación mayor de la Sala de Máquinas (la primera fue en 2016 a través del proyecto: Exposición “Sala de Máquinas: Arqueología Industrial”), misma que durante décadas fue impulsada por el caudal de las aguas del rio Cupatizio, y ahora en 2016 bajo la premisa de la interrogante: ¿qué memorias permanecen activas en los espacios industriales una vez que las máquinas dejan de funcionar? Por ello, es se que comisiona, esta obra artística, financiada con recursos públicos a través del estímulo fiscal de efiartes para presentar este ambiente histórico y acervo industrial. La propuesta que se inauguró este sábado 20 de junio, consiste en una instalación del artista interdisciplinario Erick Meyenberg (Ciudad de México, 1980), acompañada por una composición sonora de Juan Sebastián Lach (Ciudad de México, 1970) este último es profesor la ENES, en el campus Morelia de la universidad y lleva la carrera de Música y Tecnología artística. La composición fue interpretada por el Coro del Conservatorio de las Rosas de Morelia. La obra fue titulada El río que canta y se explica que es una obra que busca recuperar esa memoria y la transforma en una experiencia inmersiva donde luz, sonido y arquitectura dialogan para activar nuevas formas de percibir el espacio. ¿Qué es una instalación? Como parte de la vocación de esta sección, nos hacemos preguntas detonantes respecto del mundo del arte y la oferta que aquí divulgamos, y mucho de ello se desprende de cuestionarnos lo obvio. Escuchamos que en el mundo del arte contemporáneo existen estos términos que al parecer nos parecen sencillos, pero que si nos preguntamos existen trasfondos interesantes. Para Johannes Stahl, en el Diccionario de conceptos de arte contemporáneo editado por Hubertus Butin (2009), la instalación es un término amplio que se ha ido configurando con el tiempo y que hoy engloba todos los fenómenos artísticos vinculados al espacio, especialmente el del espectador. A diferencia de la escultura tradicional como obra tridimensional, borra los límites entre obra y entorno. Aunque rastreable desde los años treinta, el concepto se consolidó en los sesenta y setenta, manteniendo dos rasgos esenciales: su difícil comercialización por las dimensiones que exige y su carácter contextual, pues muchas instalaciones solo pueden desplegarse en el espacio para el que fueron concebidas. Stahl subraya que las instalaciones poseen una fuerte función aurática y ejercen influencia sobre otros medios por su carácter multimedial. Se distinguen por integrar elementos vivenciales —acústicos, hápticos, olfativos, visuales y temporales— que determinan la estética de la obra y amplían la interacción con el público. ¿Quién es Erick Meyenberg? Erick Meyenberg, bajo la curaduría de Tania Ragasol, fue el artista seleccionado y comisionado para el Pabellón de México en la 60ª Exposición Internacional de Arte de La Biennale di Venezia y lo hizo a través de la videoinstalación “Nos marchábamos, regresábamos siempre”. El artista mexicano con raíces alemanas y libanesas, estudió la Licenciatura en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) de la UNAM. Posteriormente, realizó una Maestría en Artes Visuales en la Universität der Künste (UdK) en Berlín, Alemania (2005-2009), donde fue tutorado por la reconocida artista alemana Rebecca Horn. Su obra se encuentra en colecciones públicas de gran prestigio, como el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC-UNAM), el Museo Amparo, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), la Fundación Telefónica México y la Fundación Benetton en Italia. Entre sus exposiciones individuales recientes destacan Things We Do for Love (Arte Abierto, 2022, Más allá de los árboles (Museo Tamayo, 2021 y Re Mayor no es azul (Museo Amparo, 2020). Un proyecto colectivo Durante la inauguración de esta pieza se dieron cita algunas de las autoridades que forman parte de este proyecto: Norma Adriana Magaña Madrigal, directora del Centro Cultural Fábrica de San Pedro, Eduardo Mier y Terán, director de Terreno Baldio Arte, Rodrigo Sigal, director del Centro Mexicano para las Artes Sonoras (CMMAS). En la participación de las autoridades, Estefanía Ángeles presidenta de la Fundación Javier Marín, refirió que: esta es la primera vez que la fundación realiza una instalación que combina composición musical e iluminación en una antigua Sala de Máquinas, un espacio donde conviven tecnologías nuevas y antiguas. Se advirtió al público que, por la naturaleza de la obra, quienes fueren sensibles a la luz, padezcan epilepsia o claustrofobia deberían abstenerse de ingresar. Por su parte, Rodrigo Sigal atendió las preguntas del público y comenzó diferenciando el concepto de música frente al de artes sonoras. Señaló que ambos trabajan con el mismo ámbito: el sonido como materia de construcción y como medio para generar diálogo con las audiencias, pero no se organizan de la misma manera. Mientras la música suele estructurarse en torno a armonías, ritmos y formas definidas, las artes sonoras se desarrollan principalmente en el tiempo, explorando otras posibilidades expresivas más allá de la lógica musical tradicional. Se trata de un proyecto verdaderamente multidisciplinario, que integra luces, sonido y la experiencia de grabar un río y las implicaciones de grabar a un coro de nueve personas. Lo más valioso no es únicamente la parte técnica, sino la riqueza que surge de la colaboración y del trabajo colectivo ¿Qué tanto modificó o aportó Juan a la idea de Erick? En su discurso inaugural Erick Meyenberg explicó que la instalación nació de la intuición de trabajar con voces en medio de las máquinas, inspirada en la fuerza del río Cupatitzio. La obra transfiere esa energía natural al sonido y la luz, apoyándose en referencias literarias y filosóficas como el mito de la Rodilla del Diablo, Hölderlin y el Cantar de los Cantares. La colaboración con Juan Sebastián Lach enriqueció el proyecto al expandirlo hacia múltiples disciplinas. Cuando recibí la invitación de Javier, Eduardo y Estefanía para trabajar en este lugar tan impresionante, lo primero que imaginé fue la presencia de voces en medio de las máquinas. Esa intuición inicial se convirtió en la huella que guió todo el proyecto. Al investigar la historia del recinto, descubrí que la fábrica se construyó junto al río Cupatitzio, cuya fuerza movía las enormes máquinas y generaba energía eléctrica para la comunidad. Me fascinó cómo la naturaleza y el ser humano, en interacción, dieron origen a un espacio próspero como Uruapan. De ahí surgió la idea de realizar una transmutación poética de esa fuerza del río hacia el sonido y la luz. La obra se resuelve estéticamente a través de juegos de magnitudes: la voz humana, el sonido y la luz, todos en un mismo nivel de intensidad y poder expresivo. Para anclar la pieza al lugar, recurrimos a diversas fuentes literarias, entre ellas el mito de la Rodilla del Diablo, origen del río Cupatitzio, cuyo nombre significa precisamente el río que canta. Esa coincidencia reforzó la intuición inicial de trabajar con voces. El proceso creativo con Juan Sebastián fue una delicia, porque siempre se expande más allá de la música hacia la filosofía, la pintura o el cine. Él me recomendó un documental sobre el Danubio que relee un poema de Hölderlin interpretado por Heidegger, donde el río se vincula con potencias mitológicas y con el origen de la técnica. Esa referencia encajó perfectamente en el guion que desarrollamos. Además, incorporamos otras fuentes como el Cantar de los Cantares, uno de los poemas más sensuales de la Biblia, que complementó el texto y aportó una dimensión poética y espiritual a la obra. Juan Sebastián Lach declaró que la composición nació de la exploración sonora del lugar, integrando grabaciones de agua y del taller textil. El proceso evolucionó hacia una pieza coral cuadrafónica que combina música y arte sonoro, donde confluyen mitos, referencias poéticas y sonidos de campo. Para él, lo importante no es la forma —coro o grabación—, sino la manera de organizar y tratar los materiales. La composición, aunque lleva mi firma, no la hice solo. El proceso fue compartido: Erick me acompañó señalando caminos, sugiriendo ajustes y marcando cuándo algo funcionaba o no. La gestación comenzó en octubre, cuando visitamos este lugar por primera vez. Pasamos dos días abiertos a la sensibilidad sonora del entorno: grabamos en el taller textil, recorrimos el río Cupatitzio y registramos cascadas y sonidos del agua que hoy forman parte de la pieza. A partir de esas experiencias empezamos a forjar una idea, nutrida de referencias filosóficas y poéticas. Hacia diciembre y enero surgieron los primeros bocetos, algunos inspirados en Ravel Ravel, que nos ayudaron a resolver aspectos clave de la obra. Poco a poco, esos ensayos se transformaron en una pieza coral, proceso que tomó varios meses y que incluyó reuniones con Coral Arteaga, directora del coro, para definir la colaboración. Como mencionaba Rodrigo, esta obra conjuga muy bien la diferencia entre música y arte sonoro. Aunque se trata de una pieza en formato fijo —una grabación cuadrafónica con cuatro bocinas que generan un coro inmersivo—, también incorpora sonidos de campo. En ella confluyen lo sacro y lo profano, el mito de la Rodilla del Diablo y otras referencias literarias, en una experiencia que busca ser tanto poética como sensorial. Desde mi perspectiva, el hecho de que haya un coro no le resta carácter de arte sonoro. Lo esencial está en cómo se organizan y se tratan los materiales, en la manera de pensar y estructurar la obra. Durante esta presentación se subrayó el carácter interdisciplinario de la instalación, donde voces, música, luz y espacio se integran en una sola experiencia. Se destacó que ninguno de estos elementos podría sostenerse por sí mismo: la música necesita del entorno y la iluminación, y éstos, a su vez, cobran sentido gracias al sonido. Esa interacción otorga a la obra un valor especial y convierte la visita en una vivencia compartida. El reconocimiento se extendió al esfuerzo de la Fábrica de San Pedro, el Conservatorio de las Rosas y el CMMAS, instituciones que hicieron posible la colaboración y que, con talleres y proyectos conjuntos, fortalecen el tejido cultural de Michoacán. Se resaltó la riqueza artística de la región y la importancia de espacios que propician encuentros de esta magnitud. La jornada concluyó con un llamado a disfrutar plenamente la experiencia inmersiva de la pieza, que dura 16 minutos, y con la invitación a convivir en un ambiente festivo junto a los artistas y creadores. Fábrica de San Pedro es un espacio que siempre sorprende por su convocatoria de grandes talentos del arte mexicano actual, por lo que no dudes en ir a los proyectos que ofrece de manera gratuita y ser participe de uno de los proyectos independientes más importantes de la actualidad. José Roberto Morales Ochoa José Roberto Morales Ochoa, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales. Instagram: @jrobertomorales Email: imrobertomorales@gmail.com