Juana de Samayoa, la artista moreliana que retrata el exilio y la esperanza

Testigo de la migración y del exilio, Juana trató de arrojar algo de luz a todo el sufrimiento de la gente que “huía sobre ríos de sangre” pintando el exilio en su mural

Moreliana de nacimiento, ribereña por vocación. La artista mexicana estudió Artes Plásticas en Guatemala de 1979 a 1986. Allí vivió la friolera de tres golpes de Estado. Testigo de la migración y del exilio, Juana trató de arrojar algo de luz a todo el sufrimiento de la gente que “huía sobre ríos de sangre” pintando el exilio en su mural.

Corrobora que el muralismo mexicano nació de una fuerza social y que debe tener, precisamente, un fin social. De ahí que conmueva su obra sobre el destierro y la expulsión, la migración forzosa de todos los que han tenido que huir de sus pueblos. En Guatemala y en todo Sudamérica por los “Boinas Verdes”, dice, pero bien pudiera estar hablando hoy de Sudán, de Colombia, de Siria o de Etiopía.

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“Los mayas no desaparecieron, huyeron de sus tierras porque si no los mataban”. Agradece a su papá que siendo él boy Scout y jefe de grupo, nunca la obligara a uniformarse y a realizar todo lo que hacían los pequeños exploradores. Ella tenía su propia expedición. Se adentraba en el bosque con una libretita a escribir, a buscar insectos o a dibujar flores. Niña solitaria, agradece la libertad con que fue criada y recuerda las palabras de su progenitor como mantra: “Haz lo que sientas”. Y eso es lo que ha hecho. En alguna ocasión, escuchó el mensaje espiritual de María Sabina hasta convertirla en imagen viva, en figura que trasciende y ha inspirado a otros. El oficio del pintor va mucho más allá de aplicar color sobre un lienzo: su trabajo dota de una presencia atemporal a otro ser.

¿Qué querías ser de niña?

Dibujar. Me encantaba dibujar, tenía 4 o 5 años y era muy traviesa. Con eso mi abuelita se daba cuenta que yo me calmaba. Yo pedía unos colores y me los compraban.

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¿Qué quieres ser ahora?

Quiero seguir siendo la mujer que soy.

¿Qué queda de aquella niña que garabateba a la mujer que pinta hoy?

Es que uno se convierte en algo que está más allá, ¿sabes? Uno es como un instrumento de algo que está más allá. Hay que dejarse llevar por la intuición, por ese otro sentido. No con el lado derecho del cerebro con el que uno razona, sino con la intuición.

Principal rasgo de tu carácter.

Oh, ¡ahora sí me la pusiste difícil! Te diría que inquieta. Muy inquieta. Cuando no estoy pintando, estoy cocinando o escribiendo.  

¿En qué punto convergen escritura y vida?

Verás, para mí el arte es necesario en muchos sentidos. En primer lugar, para conocerte y ver cómo son las cosas afuera y, a la vez, adentro. El arte te hace observar y poner atención en las cosas. Trabajo mucho con los niños del albergue tutelar de menores infractores y me gusta trabajar con ellos el autorretrato. Ellos no tienen una idea de quién son, entonces los hago reflexionar en cómo soy y quién soy. Algunos se pintan como demonios, como diablos, pero cada uno saca lo suyo y eso es lo que me interesa. Muchos de ellos me preguntan para qué hacer eso. Y yo les digo que para que cuando salgan de ahí se fijen bien lo que hacen afuera. Para eso te sirve el arte. Si desde niños los hubieran enseñado lo que es el arte, no estarían allí. El arte regenera conciencias, ese es el sentido de mi mural aquí.

¿Qué importancia tienen para ti las palabras y el silencio?

Híjole, con la palabra materializamos nuestros sentimientos y quereres. Y con el silencio también creamos. El poeta y el músico necesitan el silencio para crear. Tengo cuadros que han surgido de una obra de Carmina Burana. Así lo empecé y lo terminé hasta que terminó la obra. Quiero decir que tardé en pintarlo lo que dura la obra completa de Carmina Burana: una hora y cuarenta minutos.

¿De qué manera trabaja Juana de Samayoa sus obras?

De todas las formas posibles. Puedo trabajar sola y puedo trabajar con música. Hasta prendo mi velita en mi altar con el retrato de Sabina, la legendaria chamana, viéndome. Te juro que un día cuando volví al taller, ¡se había movido y estaba diferente! Entonces le prendí una velita y le pedí que se apaciguara. Ella me sigue con la mirada. Cuando veas ese cuadro, ponte donde quieras y verás cómo la doña te sigue con la mirada. Cuando presenté esa obra por primera vez hace 20 años, saqué postales y pósters y vendí los 100 ejemplares que hice. Un día me habla una mujer que dirige Radio Cherán Nuevo, allá en la meseta purépecha, para decirme que se quedó impresionada, me dijo: “Tengo que contarle mi experiencia con su obra. Yo soñé a María Sabina y soñé que sacaba su mano y me daba un hongo que yo comí y he tenido el sueño más maravilloso de toda mi vida”. Para que veas que la doña sigue viva a través de la obra y su imagen. Eso es pintarla con respeto y con devoción. Es una forma de honrar su memoria.

Si te pudieras sentar a platicar con algún personaje histórico, ¿con quién sería y de qué platicarían?

Con Pito Pérez. ¡Le preguntaría cómo se convirtió en vagabundo! (Risas) Y ahora una respuesta más intelectual, con Schopenauer.

¿Qué cualidad admiras en las personas? ¿Y qué detestas de la gente?

Detesto mucho la gente habladora, toda la gente que habla demasiado y solo por hablar. Y me gustan las personas que guardan silencio.

¿Qué harías si fueras millonaria?

Haría un jardín botánico y pondría un “Hippiátrico”. Hemos soñado con eso muchas amigas por allá. Amigas que tenemos hijos, pero solamente adoptivos. Queremos envejecer con dignidad y no solas, cuidándonos unas a otras.

¿De qué te sientes orgullosa?

De nada. Bueno, sí, de Macario. Recogí un chavito de la calle en Puácuaro y hoy es un hombre de bien.

Primera palabra que llegue a tu mente después de la mía:

Mujer: Naturaleza

Hombre: Fuerza

Arte: Creación

Presente: Magia

Amor: Manifiesto

¿Crees en el destino?

Yo creo que sí. Para algo vine aquí. Vine a pintar a este mundo, es una misión. Y cuando me fui a vivir por allá la ribera del lago hace 35 años, me sentía yo como toda una franciscana que iba predicando con pinceles y colores. Verás, llegaban a pintar conmigo niños que mataban pajaritos con la resortera. Los vagos que no iban a la escuela. Iban conmigo a pintar. Y yo les quitaba la resortera y les daba pinceles. Y como comíamos juntos, una vez probaron unos hotcakes que yo hacía, y llegaban todos a comer mis hotcakes. Así me hice una banda del rancho de 13 chiquillos. Y por ahí hay una obra que hicimos entre todos: es un mapa de lago de Pátzcuaro, donde cada uno pintó su pedacito. Es el mejor trabajo que he hecho, el trabajo con los niños en comunidades. Yo no soy maestra, pero esos niños del rancho me hicieron especialista en vagos. De ahí, me contrataron para el albergue tutelar y para dar talleres en el CERESO de mujeres o para capacitar maestros para que trabajen con los niños en pueblos y enseñarles. Entonces me hice maestra de maestros, ¿puedes creerlo? Ese era mi destino.

¿Qué es para ti la Cultura, Juanita?

La Cultura son todas aquellas costumbres que asimilamos en la vida. Es tu manera de vivir, de comer, de vestir… La Cultura es la manera de estar que tenemos en este mundo.

Rita Gironès, escritora, docente y artista escénica. Catalana y mexicana. Lleva 20 años residiendo en Michoacán trabajando activamente por la cultura. Apasionada de las Humanidades, obtiene el Premio Nacional de Dramaturgia en México, 2022.

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