La poesía de Octavio Paz: Un eco que trasciende el silencio

El Colegio Nacional, destinada a los lectores de Vuelta: una comunidad que no buscaba el aplauso, sino la conversación en el tiempo

Hay un gesto que intriga en la reciente antología Poemas esenciales, de Octavio Paz: nadie firma la selección. Es como si la mano que ordenó los textos hubiera preferido borrarse para dejar que la poesía hable desde su propia intemperie. Sin embargo, hay una decisión contundente en el anonimato de este volumen: la clausura ocurre con un poema excepcional, “Respuesta y reconciliación”. Ese diálogo con Francisco de Quevedo no funciona solo como un cierre, sino como la cifra de todo un destino.

Es inevitable recordar que ese poema fue leído por el propio Paz en Madrid, el 20 de abril de 1996, en la que acaso fue su última comparecencia pública fuera de México. Hay algo en ese acto —pronunciar ciertos versos como quien despide un siglo— que convierte al texto en testamento y, al mismo tiempo, en umbral. Después vendría aquella edición mexicana, sobria y casi secreta, de El Colegio Nacional, destinada a los lectores de Vuelta: una comunidad que no buscaba el aplauso, sino la conversación en el tiempo.

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La antología hace honor a su nombre, aunque lo esencial en Paz jamás sea una lista fija, sino un movimiento perpetuo. Faltan, es cierto, zonas decisivas como Blanco o Pasado en claro, donde la ruptura formal alcanza su hora más radical. En cambio, emerge con toda su fuerza Piedra de sol, ese poema circular que no comienza ni termina, que se pliega sobre su propia materia y regresa a su aliento originario: “un sauce de cristal, un chopo de agua…”. Leerlo aquí es habitar un tiempo que gira, que insiste y se rehace en su propia repetición.

El libro abre con un pasaje de Libertad bajo palabra donde la prosa se vuelve pura respiración: “Allá, donde terminan las fronteras…”. En ese confín, el lenguaje se transforma en espacio y tránsito. Hay ahí una música contenida, una deriva que hereda —sin imitar— la marea del poema en prosa inaugurado por Baudelaire. Pero en Paz esa herencia es transfiguración: no es solo la herida de la modernidad, sino una búsqueda que cruza tradiciones, que interroga al romanticismo y a las vanguardias para hallar en el poema una forma del pensamiento.

Más que esencial, este volumen traza un arco: de los primeros tanteos a la madurez, de la imagen fulgurante a la lucidez que se interroga a sí misma. Cada poema es una estación y una fuga. Hay en ellos una continuidad secreta, el fuego de una escritura que vuelve siempre sobre sus preguntas fundamentales: el tiempo, el cuerpo, el lenguaje. Muchos de estos textos provienen de ese núcleo germinal que fue Libertad bajo palabra, un libro que no solo reunió una época, sino que la ordenó para volverla destino. Los poemas posteriores muestran una voz que se desplaza, se afila y se expande, conformando no una suma de páginas, sino una constelación de instantes.

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Al final, “Respuesta y reconciliación” comparece como caída y como ascenso. El lenguaje se vuelve ahí materia sensible y pensamiento puro: lo sensible y lo pensado se entrelazan hasta borrar sus fronteras. El tiempo cae, el espacio se repliega y, sin embargo, algo permanece: una resonancia. Quizá sea eso lo que resguarda esta selección: no una conclusión, sino un eco; la certeza de que la poesía no se agote en los márgenes del libro, sino que siga ocurriendo en ese territorio incierto donde la palabra, al nombrarnos, apenas comienza:

Árbol de sangre, el hombre siente, piensa, florece

y da frutos insólitos: palabras.

Se enlaza lo sentido y lo pensado,

tocamos las ideas: son cuerpos y son números.

Y mientras digo lo que digo

caen vertiginosos, sin descanso,

el tiempo y el espacio. Caen en sí mismos.

El hombre y la galaxia regresan al silencio.

¿Importa? Sí —pero no importa—

sabemos que ya es música el silencio

y somos un acorde del concierto.

Que la última palabra la tenga siempre el fuego de la escritura; que se abra el espacio literario para que ocurra el encuentro y que, sobre todo, a pesar del silencio, suceda la poesía.

Miguel Cansino Assens (León, Guanajuato, 1983) es poeta, ensayista y editor. Cofundador de La escritura oblicua. Su poesía y ensayos indagan en el erotismo y la heteronimia; ha publicado en medios locales y nacionales y desarrolla actualmente el proyecto ensayístico y poético El taller blanco.