Sergio J. Monreal Comencé a seguir los Mundiales de Futbol hacia los siete años. El primer jugador al que veneré, fue si no mal recuerdo Dirceu Guimaraes de Brasil, en Argentina 1978; el último, Luka Modric de Croacia, entre Rusia 2018 y Qatar 2022. En medio de ambos, la lista es harto nutrida. Pero hay una selección de Reyes Magos que se hicieron leyenda durante justas mundialistas previas, a quienes por razones de nacimiento y edad no vi jugar nunca, y cuyos respectivos itinerarios me tocó reconstruir a partir lo mismo de la memoria documental, que de la sustentada devoción mítica, ética y poética. Ellos son los integrantes de esta alineación ideal. 9. GARRINCHA. En la selección mundialista ideal de los magos que nunca vi, pieza insustituible de la línea ofensiva sería Garrincha, figura estelar de la selección brasileña para la obtención de los campeonatos de Suecia 1958 y Chile 1962. Desde hace décadas, convertirse en estrella de futbol ha sido sin duda el sueño predilecto para millones de niños a lo largo y a lo ancho del planeta; pero cumplimentar dicho sueño exige con implacable obligatoriedad que el niño deje de serlo. La tragedia de Garrincha proviene íntegra de su perenne resistencia a dejar de ser niño. Garrincha fue Peter Pan conservando los privilegios del Reino de Nunca Jamás fuera del Reino de Nunca Jamás. Y el privilegio acabó resolviéndose penitencia, Y el adulto Mundo de Siempre le cobró todas sus infantiles osadías, toda su desafiante inocencia, haciéndolo pedazos. Garrincha fue tal vez, sin exageración, el payaso más amado que haya pisado jamás una cancha de futbol profesional. Lo mismo que rostro enharinado y nariz roja la sonriente expresión de pocas luces en su rostro, lo mismo que zapatones rotos y remendado jubón el chueco paréntesis de sus piernas. Sus gambetas, sus remates, sus goles y sus incontenibles carreras por la banda, no se limitaban a provocar entusiasmo y asombro: convertían los estadios en circos, provocaban festivas carcajadas, engalanaban de carnaval la tribuna. Había sido diagnosticado por casi todas las ramas de la ciencia médica y social como incapacitado para triunfar en el futbol. Víctima de poliomielitis a temprana edad, con los dos pies vueltos hacia dentro, una pierna más corta que la otra y alguna secuela en la columna vertebral, ciertos indicios de incapacidad mental; nacido feo, pobre, y brasileño. Jugaba por gusto, desinteresado en los contratos de estafa que se le imponían, despilfarrando el dinero que se le pagaba, encarando los placeres, las trampas y las obligaciones de la vida adulta como si se tratara de juguetes. Sobre el terreno de juego fue, durante sus años de gloria, no más que un niño divirtiéndose, y que al hacerlo obraba el prodigio de transformar fugazmente en niños a cuantos lo miraban. Nadie lo dirá mejor que el cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa en la doliente milonga que le consagró: “y le pega tan suave, tan corto, tan bello, / que el balón es palomo de comba en el vuelo; / y lo toca tan justo, tan leve, tan quedo, / que lo limpia de barro y lo cuelga del cielo”. Al final, el barro lo reclamó de regreso en propiedad para tragárselo, cuando no había cumplido aún cincuenta años. Lo último que se supo, hacia el año 2017, es que por algún trámite administrativo sus huesos habían sido removidos de la tumba que ocupaban, y que después ya no los encontraron. Debían ir a buscarlos al País de Nunca Jamás. Debían ir y preguntarle a San Pedro en el cielo. Nombre: GARRINCHA (1933-1983) País: BRASIL Mundiales: SUECIA 1958, CHILE1962, INGLATERRA 1966. 10. FERENC PUSKAS. En la selección mundialista ideal de los magos que nunca vi, delantero estelar y goleador del equipo sería Ferenc Puskas, estrella de la selección de Hungría que deslumbró a Europa durante la primera década de la Guerra Fría. Puskas es la privilegiada síntesis individual de un equipo de época, cuya influencia ha pasado a ser devorada por la misma socarrona y devastadora desmemoria de siempre. Y tratándose de Puskas, de Hungría y de la década 1950, semejante desmemoria adquiere funestas honduras. Pues si Puskas resumió en buena medida aquella inspirada rapsodia, la selección magiar de alguna manera representó el espíritu de organización, movilización, participación y esperanzada iniciativa del pueblo húngaro durante aquellos años: su heroica y fallida tentativa por acabar con el burocratismo, el enriquecimiento cupular, le represión, la censura y la obediencia servil a los mandatos de Moscú. Ferenc era hijo de un futbolista cerrajero. Tan elocuente y reacia a las simplificaciones como cualquier imagen poética que se precie de serlo, semejante combinación de oficios ya subrayaba los rasgos esenciales de la futura estrella. Pronto fue identificado por la prensa con el instrumental bélico, fuera de infantería o de artillería, dados sus demoledores atributos frente a las porterías rivales: Escopeta, Cañoncito Bum; analogías expropiadas de inmediato por los jerarcas estalinistas que gobernaban Hungría. El equipo del barrio donde jugaba se convirtió en la escuadra oficial de las fuerzas armadas; desde ahí, él y sus compañeros comenzaron a deslumbrar a Europa. Como era práctica común, los propios jugadores recibieron nombramientos militares, de tal suerte que desde la cancha Ferenc se convirtió oficialmente en comandante. En el fondo, siguió siendo siempre no más que un cerrajero, capaz de hallarle el truco a los más férreos candados y la opción de escape a las más infranqueables rejas. La historia registra como principalísimas prendas de lujo para aquella escuadra de ensueño, pródiga en virtuosismo técnico, innovación táctica y producción goleadora, tanto la medalla de oro obtenida en Helsinki 1952, como las palizas (6-3 en Wembley, 7-1 en Budapest) propinadas a los ingleses en 1953. No obstante, se le recuerda ante todo por la insólita derrota sufrida ante Alemania durante la final del Mundial de Suiza 1954, en aquello que desde el lado germano se conoce como “el milagro de Berna”. Los húngaros eran amplios favoritos, y sin embargo cayeron. Acaso lo que estuvieran haciendo fuera anticipar la inminente tragedia que aguardaba a su pueblo, cuya insurrección sería aplastada con lujo de brutalidad por los tanques soviéticos en 1956. De gira por Europa durante aquellas horas oprobiosas, Puskas solicitaría asilo y elegiría la ruta del exilio. Tras las correspondientes sanciones recibidas de la FIFA, habría de convertirse en una de las piedras fundacionales para la leyenda del Real Madrid; una década atrás, otro compatriota suyo, László Kubala, había seguido el mismo rumbo, para convertirse en una de las piedras fundacionales para la leyenda del Barcelona FC. Pero acaso el mejor argumento a la hora de delinear la grandeza de Ferenc Puskas sea recordar que, a partir del 2008, el premio anual al gol más hermoso del mundo lleva su nombre. Por algo será. Nombre: FERENK PUSKAS (1927-2006) País: HUNGRÍA Mundiales: SUIZA 1954, CHILE 1962. Sergio J. Monreal escribe de futbol desde 1998, cuando formó parte de la alineación original de La Red, suplemento pionero creado por La Voz de Michoacán para abordar la Copa del Mundo desde la literatura y el periodismo cultural. En esa misma línea ha cubierto siete Mundiales.