Inseguridad, principal preocupación de morelianos; corrupción ocupa el segundo lugar

Pese a los boletines oficiales que reportan bajas en delitos, 4 de cada 10 morelianos perciben la inseguridad como el principal problema de la ciudad.

¿Por qué los boletines de seguridad no frenan la percepción en Morelia?

A comienzos de este mes, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) presentó un comunicado: una reducción del 46 por ciento del homicidio doloso en la entidad en el periodo que va de enero de 2025 a junio de 2026. Sin embargo, estos datos -aunque optimistas- no se ven reflejados en la percepción de los morelianos. De acuerdo con dos mediciones realizadas por esta casa editorial, cuatro de cada 10 personas -entre quienes identifican un problema- consideran que el principal de su ciudad es la inseguridad. El tema adquiere una magnitud mayor que otros enfocados en la gestión, como el abastecimiento de agua potable (6 por ciento) y la calidad de las vialidades (10 por ciento). A su vez, la corrupción y el mal gobierno constituyen la segunda preocupación más importante respecto a la ciudad (30 por ciento).

La agenda cambia según la escala de la pregunta, y ahí está uno de los hallazgos importantes del levantamiento. Cuando se pregunta por los problemas de la colonia, la exigencia deja de ser discursiva y se vuelve de gestión: la calidad de las vialidades encabeza con 30 por ciento, seguida de cerca por la inseguridad (28.8 por ciento) y por el acceso al agua potable, que preocupa a uno de cada cuatro morelianos.

PUBLICIDAD

Agua y vialidades concentran, juntas, más de la mitad de la demanda territorial. Y cuando la pregunta baja al terreno personal, aparece una tercera capa: la economía y el empleo se vuelven una de las categorías más relevantes (15-20 por ciento), una preocupación respaldada por los datos de la Secretaría de Economía (SE) del gobierno federal, según los cuales el salario promedio de la entidad se sitúa en 7 mil 700 pesos, con una ocupación laboral del 58 por ciento en hombres y del 42 por ciento en mujeres. Quien aspire a cambiar la realidad de Morelia tendrá que enfocarse en dos temas centrales: el de la seguridad en el mensaje amplio y el del servicio público en lo local.

La comparación entre ambas mediciones confirma, además, que no se trata de percepciones estáticas. En apenas un mes, la inseguridad pasó de concentrar 36 de cada 100 menciones a 43, y dejó de ser un problema percibido solo “allá afuera”: hoy pesa lo mismo cuando se pregunta por la ciudad que cuando se pregunta por la propia familia. La preocupación económica también creció en el terreno personal; mientras la corrupción, estable como tema ciudadano, cede espacio en lo cotidiano. El ánimo de los morelianos se está politizando y endureciendo: cada vez menos ciudadanos se abstienen de nombrar un problema, y el que nombran, cada vez más, es justamente el que las cifras oficiales insisten en dar por resuelto.

Que los números del gobierno no coincidan con el sentir de la población es un fenómeno estudiado. Vidal Romero, del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), junto con Beatriz Magaloni y Alberto Díaz-Cayeros, de la Universidad de Stanford, analizaron una década de encuestas nacionales para responder qué premia y qué castiga realmente el ciudadano cuando evalúa a un gobierno en materia de seguridad. Su respuesta, publicada en la revista Latin American Politics and Society, contrasta con la lógica del comunicado oficial: pesa más que el gobierno se vea combatiendo el delito que los resultados que obtenga.

PUBLICIDAD

Haber sido víctima de un delito, encontraron, es lo que menos influye. El dato que mejor lo ilustra es de julio de 2011, en el peor momento de la violencia en el país: 85 por ciento de los mexicanos apoyaba el combate al crimen organizado, pero solo 35 por ciento aprobaba cómo lo estaba haciendo el gobierno. Los autores lo explican con una analogía futbolera: se puede ser aficionado de un equipo y sostener al mismo tiempo que jugó pésimo. Así se entiende que Felipe Calderón cerrara su sexenio con 67 por ciento de aprobación promedio mientras los homicidios pasaban de 10 a 29 por cada 100 mil habitantes. La percepción, advierten, no se forma consumiendo estadísticas, sino con lo que se comunica en los medios y lo que se platica en las calles.

De ahí se desprende la advertencia que más nos toca: cuando se premia el gesto por encima del resultado, los gobiernos tienen incentivos para apostar por acciones espectaculares y de corto plazo antes que por las políticas discretas que sí bajan la violencia. Un boletín, por bien sustentado que esté, no permea por sí solo: compite contra lo que la gente experimenta todos los días.

El estudio anterior mide la aprobación de un presidente y no la de un alcalde, y otros trabajos matizan sus conclusiones: investigaciones posteriores sostienen que el castigo electoral sí ocurre, pero solo cuando el votante logra identificar con claridad al responsable. Y justamente ahí está la diferencia que hace relevante el 2027 en Morelia.

En una elección municipal la atribución es mucho más nítida que en una presidencial: la gente sabe a quién le corresponde el bache, el agua y la patrulla de su colonia. Esa brecha entre el comunicado y la percepción, que a escala federal puede diluirse entre tres niveles de gobierno, en el municipio tiene nombre y apellido. Será, con toda probabilidad, el terreno donde se dispute la elección.

Se documenta agenda ciudadana

La Voz Electoral es el área de investigación de opinión pública de esta casa editorial, dedicada a medir de manera sistemática lo que piensan los michoacanos sobre su ciudad, sus gobiernos y sus representantes. Su trabajo se basa en levantamientos domiciliarios con diseño probabilístico; las dos mediciones que sustentan este artículo se realizaron en vivienda durante junio y julio de 2026, con márgenes de error de alrededor de tres puntos. El propósito no es anticipar ganadores, sino documentar la agenda ciudadana -qué preocupa, dónde y con qué intensidad- y sostener esa medición en el tiempo. Porque una encuesta dice cómo piensa una ciudad un día cualquiera; una serie dice hacia dónde se está moviendo. Eso es lo que La Voz Electoral se propone registrar de aquí al 2027.