Zuhey Medina, colaboradora La Voz de Michoacán Hay algo brutal en que sea otro ser humano y no una inteligencia artificial la que te lee. Si hoy te has sentido solo, haz lo que yo: escribe, come una galleta de Baviera, porque las galletitas, las conexiones y los abrazos, así de sencillas, son lo que nos sostienen. Desnudarse mediante la palabra es un acto de absoluta intimidad. Si no hay nadie del otro lado, sigue siendo un desahogo; pero, si alguien decide pausar su vida para recorrer tus letras, la intimidad se duplica. Con una IA no existe ese misterio. Por más impecables que parezcan sus palabras, en el fondo sabemos que no hay un pulso al otro lado. La máquina procesa datos: el ser humano comprende la angustia porque la comparte. Es precisamente en los días en que esa soledad abruma cuando busco refugios en el arte, pues la literatura funciona como un espejo capaz de devolvernos la compañía que nos falta. De esa búsqueda surge la memoria de La elegancia del erizo de Muriel Barbery, donde una niña brutalmente lúcida planea su final porque no le encuentra sentido a la existencia, mientras la conserje de su edificio, una mujer docta que oculta su exquisita sensibilidad tras una fachada mundana para no ser juzgada, habita su propio aislamiento. Ellas coinciden y descubren juntas que el sentido de quedarse no habita en las cosas monumentales, sino en la belleza diminuta: la lluvia de verano barriendo el polvo inmóvil, un té amargo o el hálito sin fin que une a dos almas. Sin embargo, el arte no siempre nos ofrece ese bálsamo luminoso, a veces necesitamos libros que abracen el dolor sin matices para saber que nuestra herida no es única. En esa otra orilla habita Entre los rotos, de Alaíde Ventura Medina, una obra que explora el peso de la ausencia desde lo denso y lo inminente. Es una travesía sobre dos hermanos que compartieron la primera guerra —que casi siempre es la casa natal— y que saben que andar sin un cómplice vuelve la reconstrucción algo casi imposible. Si Barbery nos recuerda la luz en lo pequeño, Ventura Medina nos muestra la urgencia de sostenernos en quien ha visto nuestros mismos monstruos. Esa doble necesidad de encontrar belleza en lo minúsculo y compañía en el naufragio es la que me lleva siempre a reencontrarme con la película Más extraño que la ficción (Forster, 2006). Allí, un personaje gris, sumido en la rutina y a punto de perderlo todo, descubre la poética de seguir vivo a través de un gesto simple. Como rescata Helm (2006) en el guion de la cinta: Cuando Harold mordió una galleta bávara de azúcar, finalmente sintió que todo iba a estar bien. A veces, cuando nos perdemos en el miedo y la desesperación, en la rutina y la constancia, en la desesperanza y la tragedia, podemos agradecer a Dios por las galletas de azúcar bávaras. Y afortunadamente, cuando no hay galletas, todavía podemos encontrar tranquilidad en una mano familiar en nuestra piel, o un gesto amable y amoroso... Y debemos recordar que todas estas cosas… están de hecho aquí por una causa mucho mayor y más noble. Están aquí para salvarnos la vida. Todas estas obras y canciones coinciden en una verdad que Émile Durkheim ya advertía en su estudio sociológico sobre el suicidio: este no es un acto puramente individual o egoísta, sino la dolorosa respuesta a una estructura social que desarticula y aísla al individuo. Hoy habitamos una paradoja aterradora: una era de hiperconexión digital que convive con una epidemia de soledad profunda y desconexión emocional. Por eso, en el marco del mes de la prevención del suicidio, hablar de estos puentes literarios y emocionales no es un eslogan. Es una necesidad vital. Escribir y leer a otros es lanzar y recoger mensajes en una botella en medio del mar. Si hoy estas líneas llegan a ti, recuerda que siempre habrá una palabra, una galleta compartida o una mirada dispuesta a sostenerte. Línea de atención y apoyo emocional: Línea de la Vida (México): 800 911 2000 (Atención 24/7) Zuhey Medina. Escritora, activista y periodista con perspectiva feminista. Con más de quince años en medios de comunicación, actualmente es editora y jefa de información de Metapolítica. Ha sido publicada en la antología Mujeres con Piel de Pluma y Voces de Mujeres Insurrectas.