EMILIANO MEDINA “Mi estimado señor Labastida, a mí tal vez se me quite lo majadero, pero a ustedes lo mañosos, lo malos para gobernar y lo corruptos no se les va a quitar nunca”. Eran las palabras de Vicente Fox, entonces candidato del PAN, en el debate presidencial del 25 de abril de 2000. Hoy pesan distinto. La transición democrática dejó a varios desencantados. Hay quienes argumentan que cambió el partido, no el modelo; que el PRI y el PAN eran dos caras de la misma moneda. Aun así, hubo un momento en el que parecía que entre ambos se disputarían el poder intermitentemente; después de la elección presidencial de 2012 y de su salida del PRD, López Obrador -como principal opositor de izquierda- llegó a plantearse el retiro. Él mismo lo contó doce años después, ya como presidente: "Decían: 'Este está enfermo de poder, este está obcecado con ser presidente'. Y tenía yo ganas de mandarlos al carajo, de decirles: ¿Saben qué? No vuelvo a ser candidato". No fue el caso, y hoy los papeles han cambiado. El viernes pasado, Vicente Fox acudió a la sede nacional del PRI a reunirse con Alejandro Moreno: el hombre que en el 2000 llamó a ese partido uno de "víboras prietas, alimañas y tepocatas" fue a la mesa del tricolor para intentar sacar del poder al movimiento del expresidente López Obrador. ¿Qué están haciendo los antiguos liderazgos del PRI y el PAN? ¿Qué plantean como oposición? Morena no es hegemónico; sin embargo, sigue controlando algo que los dos partidos perdieron con el desgaste de sus gobiernos: la narrativa y la identidad de un proyecto político. Hoy a pocos les queda duda de qué es el partido guinda -se puede estar de acuerdo o no, así como juzgar si cumple o si es mera retórica-, pero es una fuerza que plantea el asistencialismo a través de programas sociales como estandarte de política pública. Es imposible desligar al oficialismo de esos programas, de la reforma laboral o del incremento al salario mínimo. Es la identidad y la piedra angular de su movimiento. Aun así, está lejos de ser hegemónico porque otra de sus grandes promesas -desterrar la corrupción- se ha convertido en su principal costo político, aunque de eso hablaremos en otra entrega. Si dirigimos la pregunta al partido azul o al tricolor, la respuesta se complica. El PAN buscó desplazarse ideológicamente a la derecha: "Patria, familia y libertad" es el lema con el que se relanzó en octubre de 2025, en un acto en el Frontón México que sus críticos leyeron de inmediato como un guiño a las consignas de la derecha internacional. Sin embargo, no termina de convencer. Un liderazgo como el de Ricardo Anaya revira cuando se le pregunta: "nos referimos a todas las familias", contestó en entrevista con Denise Maerker. El PRI ha hecho lo propio, pero ha agudizado el contraste desde lo identitario: ha decidido regresar a un pasado ficticio bajo el argumento de que a los priistas se les debe un México exitoso y respetado. "Nosotros construimos este país", suelen afirmar. Más allá de la retórica -cuya agresividad va en aumento- no parece haber propuestas originales. Da la impresión de que ambos existen por el ruido que pueden hacer al criticar a Morena, ya sea con etiquetas como "narcopartido" o con intervenciones más inteligentes en tribuna. El caso es el mismo: sin el oficialismo representan poco. Eso no quiere decir que con una gran alianza no puedan ganar gubernaturas. Existe un desencanto con Morena y la elección de 2027 se le puede complicar en algunas entidades. No obstante, el que parece ganar terreno es Movimiento Ciudadano: en el último ejercicio de Enkoll, el saldo de opinión de los naranjas es de +16, frente al -17 del PAN y el -34 del PRI. Es paradójico que el PRI y el PAN hayan apostado por una candidatura con la etiqueta ciudadana en 2024 a la vez que enfrentaron a un partido que lleva por nombre la palabra ciudadano. No parecen encontrar rumbo, frescura o ideas. Reconozco que el reto es mayúsculo con vehículos políticos desgastados. La pregunta que originó este texto tiene una respuesta: hoy el PRI y el PAN no representan un proyecto, sino una estructura territorial en busca de socio. Sin Morena sería aún más difícil dilucidar qué son. Fox recordó que Estados Unidos e Inglaterra se aliaron con Stalin, pese a sus profundas diferencias, para vencer a Hitler; queda por ver si la causa la irán descubriendo en el camino o si el poder por el poder les basta. De lo que no tengo duda es de que hoy son pocos los que ven a Morena como Hitler o que analizan la alianza PRI-PAN en clave de Segunda Guerra Mundial. Tal vez en el ámbito regional, con liderazgos locales y con la estructura que mantienen, puedan dar señales de vida. Desgraciadamente para su causa, lo harán contra partidos que tienen más claras sus posturas o que son más cautos al disimular sus intereses. emilianomedina19@outlook.es