Ashley Rodríguez / La Voz de Michoacán A miles de kilómetros de Morelia, entre bosques consumidos por las llamas y jornadas de hasta 12 horas, brigadistas forestales michoacanos se convirtieron en parte de los equipos internacionales que combatieron incendios en Canadá, una experiencia que los llevó al límite físico, pero también les permitió poner a prueba su preparación y representar a Michoacán fuera de México. Juan Tapia Benítez, combatiente de incendios forestales y técnico de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), lleva alrededor de 13 años dedicado al combate del fuego. Pertenece a la brigada 310 y este año viajó nuevamente a Canadá, pero en esta ocasión lo hizo como jefe de brigada, al frente de un grupo de 19 combatientes mexicanos. El contingente estuvo integrado por alrededor de 100 personas y contó con cinco responsables de grupo. Su participación fue posible a través de los mecanismos de cooperación que México mantiene con Canadá para brindar apoyo durante las temporadas de incendios forestales. Del campamento al incendio: 12 horas entre fuego y helicópteros En Ontario, la rutina comenzaba desde temprano. Cerca de las 6:00 de la mañana, los combatientes eran trasladados en helicóptero hasta la zona del incendio. Ahí comenzaba una jornada que podía extenderse durante aproximadamente 12 horas, hasta que nuevamente el helicóptero acudía por ellos alrededor de las 18:00 horas. A diferencia de las labores que habitualmente realizan en México, donde existe un mayor uso de herramientas manuales, en Canadá observaron una operación con una fuerte presencia de equipo especializado para el manejo del agua, entre ellos las bombas de alta potencia y los helicópteros utilizados para realizar descargas. El despliegue de este año se realizó en dos periodos de 14 días, con dos días de descanso entre ambos, aunque los combatientes explicaron que dependiendo de la emergencia, una comisión puede prolongarse incluso hasta tres meses. Una preparación que dura todo el año Llegar a una brigada internacional no es cuestión de improvisación. Los combatientes forestales mantienen preparación física y capacitación durante todo el año, tanto para atender incendios en Michoacán como para participar en emergencias en otros estados. Además, los cursos se actualizan anualmente y los aspirantes son evaluados mediante un proceso de selección en el que se consideran sus conocimientos y preparación. Cuando Canadá solicita apoyo, el Gobierno de México selecciona a los elementos que obtienen los mejores resultados para integrarse al contingente que viajará al país. Para Juan Tapia, su llegada al combate de incendios tampoco estaba planeada desde el inicio de su carrera. Originalmente estudió Administración de Empresas y comenzó a trabajar en la Conafor cuando surgió la necesidad de personal en el área de incendios. Sin embargo, el trabajo terminó por convertirse en una vocación. Con el paso del tiempo dejó de lado la idea de dedicarse a la administración y se concentró en el manejo del fuego, una labor que ahora lo ha llevado a participar en operativos internacionales. El objetivo de un jefe de brigada: que todos regresen Como jefe de brigada, una de las principales responsabilidades de Juan es conocer los riesgos y objetivos de cada jornada y transmitirlos a los integrantes de su equipo. Cada día reciben el Plan de Acción del Incidente, documento en el que se establecen las actividades, objetivos y responsabilidades de quienes participan en la emergencia. Pero dirigir no significa quedarse al margen. El jefe de brigada también entra a la zona de trabajo y combate directamente el incendio junto con sus compañeros. Su principal objetivo es uno: que todos los integrantes entren a la línea de fuego y puedan salir de ella de manera segura. Y es que el riesgo es permanente. Durante una comisión en Canadá, en 2023, uno de sus compañeros sufrió quemaduras de tercer grado después de pisar una zona de ceniza que ocultaba un espacio generado por raíces quemadas debajo de la superficie. Ante un accidente de este tipo, los protocolos establecen la comunicación inmediata por radio y la valoración de las condiciones para determinar el tipo de evacuación necesario, que puede realizarse mediante vehículo, helicóptero o camilla. Posteriormente, el combatiente puede recibir atención médica en el campamento o ser trasladado a un hospital. Fuego que no distingue fronteras Una de las particularidades de estos despliegues es que los mexicanos no trabajan solos. Durante sus experiencias internacionales han compartido labores con combatientes de Canadá, Francia, Nueva Zelanda, Chile, Sudáfrica, Australia, Brasil y Estados Unidos. Aunque cada país puede tener diferentes equipos y formas de trabajo, existe un elemento que permite coordinar a todos: el Sistema de Comando de Incidentes. Este sistema establece reglas, terminología, logística, símbolos y responsabilidades comunes para quienes participan en una emergencia, lo que permite coordinar a personas de distintas nacionalidades incluso cuando existen barreras de idioma. Para quienes encabezan brigadas, además, el dominio del inglés se vuelve una herramienta importante para comunicarse y cumplir con las responsabilidades de coordinación. Dejar la familia para ir a combatir el fuego Detrás del uniforme y del equipo también existe un costo personal. Los combatientes pasan semanas lejos de sus hogares y, en algunas zonas donde trabajan, ni siquiera cuentan con señal telefónica para comunicarse con sus familias. Uno de ellos, padre de tres hijos, reconoció que las ausencias prolongadas son complicadas, aunque al mismo tiempo sus familias sienten orgullo por la labor que realizan. A miles de kilómetros de casa, los brigadistas saben que no solamente llevan su equipo: también representan a Michoacán y a México. Después de cada comisión regresan con nuevas experiencias, conocimientos y aprendizajes que pueden ser utilizados en el combate de incendios forestales en territorio mexicano. Un llamado a cuidar los bosques Los combatientes forestales, Juan Tapia y Martín Torres, hicieron un llamado a la población a tomar conciencia de que provocar o descuidar una actividad que genere fuego puede desencadenar una emergencia de grandes dimensiones. Una fogata que no se apaga correctamente, una colilla de cigarro, una quema agrícola fuera de control o un incendio provocado pueden poner en riesgo no solamente los bosques, sino también la vida de quienes acuden a combatirlos. Para los brigadistas, cada incendio representa mucho más que fuego: significa enfrentar condiciones extremas para proteger los ecosistemas y a las personas que viven alrededor de ellos. Y mientras ellos se preparan durante todo el año para entrar a la línea de fuego, su objetivo sigue siendo el mismo: combatir el incendio y regresar a casa con todos sus compañeros.