Esmeralda Puerta Estrenada en marzo de 2026 en CPH:DOX en Copenague, la película se proyectó el 24 de septiembre en Morelia, dentro del Festival Cinema Queer, México (9ª edición). Podrá verse el 1º de octubre en el Cine Tonalá, de la Ciudad de México. ¿Recuerdas cuando naciste? (…) ¿No recuerdas nada, cierto? Con estas interrogantes comienza A Sweetness from Nowhere (Una dulzura de la nada, en su versión subtitulada al español por Karla Liquidano), un largometraje sueco híbrido y performativo dirigido por Ester Martin Bergsmark que nos sumerge en la extrañeza de habitar un cuerpo del que ni siquiera conservamos recuerdos de sus primeros instantes, cuya vitalidad no siempre reconocemos y que a veces sentimos ajeno. El film se mueve al ritmo del pensamiento de su protagonista, a quien nadie llama por su nombre en los diálogos. Más que seguir una trama lineal, acompaña recuerdos y preguntas sobre el miedo, el deseo, la escala del tiempo y las correspondencias que encuentra entre la experiencia humana y el mundo no humano. En una de las primeras escenas yace inmóvil sobre el suelo de lo que parece ser un castillo; la luz apenas se filtra y sus rasgos se pierden entre las sombras. Desde esa quietud. Se despliega una especie de ensayo personal y poético sobre la pertenencia, la disociación, el regreso a lo corpóreo y la conexión. Entonces la pantalla se llena de imágenes deliciosamente extrañas: medusas suspendidas, partículas, una zarigüeya haciéndose la muerta… La secuencia acompaña la explicación de la tanatosis, una estrategia de supervivencia distinta de la lucha o la huida, presente en ciertos animales que, ante una amenza, se congelan. Todo avanza despacio y en calma, incluso la cadencia de la voz que vuelve sobre sí misma como un bucle. Es después cuando conocemos, a través de su relato, una experiencia de transfobia que vivió y el miedo que esta dejó. Bergsmark, que ya venía moviéndose entre el documental y la ficción, no parece interesada en reconstruir el acontecimiento paso a paso, sino en aquello que permanece: en una reacción que no siempre coincide con lo que imaginamos que haríamos frente al peligro, y en las formas que encuentra una persona para seguir existiendo después de haberse desconectado de sí misma. El congelamiento puede proteger, poner distancia frente a lo insoportable y abrir espacio para la fantasía, pero también puede aislar. El film encuentra momentos de dulzura en espacios atravesados por el miedo, sin presentar el placer como compensación del sufrimiento ni la supervivencia como una superación definitiva de lo vivido. De ahí me llevo una idea que el film deja abierta para que cada quien tome lo que le sea simbólico. Sobrevivir no tendría que ser nuestra única manera de existir. Me gusta especialmente cuando la protagonista cuenta que solo después de salir del clóset pudo imaginarse envejeciendo. Ahí encuentro que no se trata únicamente sobrevivir al presente, sino de reconocerse también en el futuro, de querer permanecer el tiempo suficiente para descubrir en quien puede convertirse y de emocionarse, aunque el mundo no deje de ser hostil. Me conmueve la metáfora de la ballena que, al terminar su ciclo de vida, llega a las profundidades del mar, donde, en la oscuridad, aquello que podría parecer únicamente muerte, alimenta otras formas de vida por décadas. Crear algo. Comunidad. La nada no necesariamente es ausencia absoluta; también puede ser el espacio previo a que algo aparezca. Es un film más visual que nada, más de sentirse que de buscarle lógica estricta. Su ritmo es lento y a mí se me hizo un poco largo por momentos. Congelarse tiene su propia duración. Destaco su manejo de la luz y, sobre todo, su diseño sonoro envolvente, incómodo por momentos, capaz de despertar sensaciones que el resto apenas intuía. Si vas a verlo, conviene hacerlo con paciencia y a su manera, dejando que nuestra subjetividad intervenga en lo que vemos. Disfruto que haya sido hecho desde la comunidad y para ella, y encuentro valor en reconocerse entre quienes comparten ciertas experiencias, pero también en permitir que alguien que no las ha vivido pueda acercarse sin pretender comprenderlas del todo. Yo no habito la experiencia que la protagonista narra, pero el film logra acercarme a ese sentir, sin hacerme creer que, por conmoverme, me pertenece. Esmeralda Puerta, moreliana y estudiante de psicología en la Universidad La Salle Morelia. Su trabajo se enfoca en la perspectiva de género, los derechos humanos y el enfoque sistémico-comunitario, en búsqueda de espacios de transformación social y subjetividades libres.