EMILIANO MEDINA Ha sido complicado mantener la unidad en Morena después de la designación de Carlos Torres Piña como coordinador –o precandidato– del movimiento. Su nombramiento ha traído consigo una fisura complicada de sanar. Sobre si apoyará o no al coordinador, el senador Raúl Morón ha sido categórico: “hay que esperar y en noviembre vemos”. Es evidente que lo que su grupo político busca es propiciar una negociación que le permita colocar a sus compañeros en diferentes espacios a la par que el Partido del Trabajo aprovecha esta coyuntura para generar presión y acomodos. ¿Lo conseguirán?, ¿quién pierde y quién gana? “¡Sin Morón no hay transformación!”, coreaban el día de ayer sus seguidores. Más claro ni el agua. El senador lo sabe: ir solo con el PT dividiría al oficialismo y le daría vía libre a la oposición. Es perder-perder. Ha sido precavido al descartar esta opción: “estamos del lado de la cuarta transformación y con la presidenta”. Si esto es cierto, la pregunta obligada es: ¿por qué no hablar con Torres Piña e integrar equipos? La lógica se impone: es diferente negociar con un resultado incierto a hacerlo cuando las cartas están dadas. Ir all in no es creíble. Al analizar las posiciones por repartir, el grupo político del senador comienza en desventaja. Empezando por él, ha intentado ser gobernador de Michoacán en diferentes ocasiones y la suerte no lo ha favorecido; igualmente ha descartado buscar la presidencia municipal de Morelia. ¿Dónde puede entrar? Juan Carlos Barragán, quien dice estar “listo para Morelia”, al momento se encuentra inhabilitado por la Contraloría de Michoacán. Leonel Godoy ya se ha inscrito para buscar la reelección por el distrito 1 federal. El propio senador ha instado a sus demás compañeros a hacer lo mismo. Inscribirse a todas y conseguir espacios. Lo que en el trámite sería un acomodo de piezas no se ha llevado a cabo porque hay un tercero en discordia: el Partido del Trabajo. Mientras el Partido Verde consigue a manos llenas, el PT se inconforma. Y es que es cierto, parece ser el gran perdedor del reparto de coordinaciones. Su propia dirigencia ha mostrado inconformidad alegando que en todo el proceso existió una “fuerte injerencia extranjera”, afirmación que ha rechazado la presidenta Sheinbaum. Hoy buscan una segunda encuesta para Michoacán y así posicionar a Morón. Al PT le faltan gubernaturas y por lo pronto sigue haciendo ruido. Todo el proceso deja consigo diferentes lecciones. En primer lugar, es óptimo negociar con la contienda abierta que intentar hacerlo cuando el ganador ya ha sido anunciado. Es difícil saber si esta se evitó porque el senador se creía favorecido o si fue porque los intereses de su grupo político iban más allá del gabinete estatal. Lo que es un hecho es que hoy Raúl Morón busca a Ariadna Montiel y no a Torres Piña. En segundo lugar, este evento refleja a la dirigencia nacional de Morena como una débil e incapaz de generar acuerdos: no fue capaz de mediar entre facciones abiertamente en disputa. Mucho más se puede ahondar en el proceso, desde si existió el anhelado “piso parejo” –promesa incumplible– hasta aseveraciones más duras como que este estuvo viciado desde el comienzo. Existe mucho por replantear sobre si las encuestas y su resultado no terminan diciendo muy poco de una contienda llena de matices. Finalmente, creo que los otros perjudicados son tanto el senador como el coordinador; mientras el primero se ve como mal perdedor, el segundo comienza con el pie izquierdo y sin la unidad del partido. No es una posición cómoda para partir de cara al 27. En política el tiempo es oro y le tocará a la oposición aprovechar o no el desgaste oficialista. Mientras unos creen tenerlo listo para noviembre, los otros parecen no llevar ninguna prisa. Benditos acuerdos. emilianomedina19@outlook.es