José Roberto Morales Ochoa / Colaborador de La Voz de Michoacán Como ya lo hemos visto en esta sección, los museos son espacios destinados para preservar nuestra cultura, memoria y legado. Ahora tenemos una gran diversidad de recintos, destinados a investigar y preservar distintas temáticas y colecciones, por lo que tenemos museos de temáticas ilimitadas, y para muestra uno dedicado a preservar la memoria de personajes célebres en nuestra cultura. Pero qué tan importante debe ser un personaje para tener su propio museo. La colonia Roma es la Ciudad de México en su faceta más cosmopolita: galerías de primer nivel, restaurantes y cafeterías entre los mejores del país, y una calma arbolada con aire de otra época. Es una colonia bonita en toda la extensión de la palabra, con un encanto que seduce a cualquier alma bohemia amante del arte, del diseño y, aunque duela, de las rentas caras. Basta caminar por la calle Álvaro Obregón para comprobarlo: mascotas de todos tamaños, corredores, comensales, paseantes sin prisa. Sobre esa misma avenida están el Centro de Cultura Casa Lamm y la Casa del Poeta Ramón López Velarde, sede de la Bienal Internacional del Cartel en México y custodia de uno de los acervos de carteles culturales más importantes del país y del mundo. Unos pasos más adelante te sorprende encontrarte con algo – ¿qué hace aquí, qué relación tiene con este barrio? te preguntas – , una estatua monumental de bronce, además giratoria, obra de Ponzanelli, rinde homenaje a un grande del cine mexicano y de nuestra cultura popular: Mario Moreno “Cantinflas”. Se alza a las afueras del Hospital Álvaro Obregón, en reconocimiento a su labor como benefactor para la fundación de esta institución. Los vínculos no terminan ahí. En la calle Bajío número 11 estuvo su antigua casa, la que habitó Mario Moreno cuando el éxito artístico –por el que hoy lo recordamos– apenas comenzaba a llegar. Con tanta historia compartida, la Roma era el lugar natural para seguir preservando su memoria. En el mes de agosto, en Córdoba número 84 se realizó la preapertura del museo dedicado a Mario Moreno “Cantinflas”, y el 7 de octubre abrió formalmente sus puertas. Se consolida, así como uno de los mejores espacios para conocer a uno de los grandes cómicos del mundo, del que nos enseñó a encontrar la comicidad en todos los estratos de la sociedad. “El mejor comediante del mundo” Charlie Chaplin Rememorando a uno de los grandes A nuestro ingreso para conocer el nuevo Museo de Cantinflas, mismo que tuvimos la oportunidad de visitar aún en la etapa de preapertura, el 30 de septiembre; uno de los guías nos abordó con la pregunta y la respuesta de porqué se llamaba “Cantinflas” el personaje que daría fama mundial a Mario Moreno. Nos contó la leyenda incomprobable, que durante una de sus primeras actuaciones en las carpas populares (como la Carpa Ofelia) o en el Salón Mayap, un joven e inexperto Mario Moreno sufrió un ataque de pánico escénico y olvidó su monólogo. Empezó a decir palabras incoherentes rápidamente, por lo que en medio de los gritos de exigencia de la gente se escuchó “¿Y tú en qué cantina inflas?” atribuyendo a que se encontraba tomado Mario Moreno, cuestión que de manera contraída quedaría adoptada como “Cantinflas”. Hoy este termino ha trascendido en la lengua reconociendo como forma coloquial, además del verbo “cantinflear” (hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia). “El ‘Cantinflismo’ es el doble idioma de lo que se quiere expresar sin pensar” Salvador Novo El conjunto del museo fue curado por Sara Garduño Pérez, bajo una estructura discursiva de cinco secciones, cinco núcleos temáticos que separan las etapas de una vida y, de paso, las de un mito. No es casualidad que se llamen actos: aquí a Cantinflas se le recorre como se le vio siempre, con telón, aplausos y una buena dosis de picardía. El primer acto, “ADN cultural”, nos lleva al origen. A Santa María la Redonda, donde nació Mario Moreno, uno de ocho hermanos de una familia humilde, hijo de madre michoacana y padre potosino. Antes de subirse a un escenario fue soldado-mecanógrafo a los 16 años (como se enlistó por ser menor, fue dado de baja por su padre) y boxeador a los 17, con el seudónimo de “El Chato Moreno”. Probó de todo para ganarse la vida, y de esa mezcla de calle y barrio nació la chispa de lo que vendría: bolero, zapatero, cartero, taxista, boxeador, peluquero, conserje y portero, voceador de periódico, mandadero, empleado de billar, bailarín y actor en carpas y torero. En este último rol le vimos muchas veces torear gracias a una pasión genuina por esta disciplina, no solamente en el cine sino también fuera de él, siendo uno de sus pases favoritos el de ponerse a leer el periódico junto al toro mientras le leía las noticias, por algunos considerado el mejor torero bufo del mundo (Pérez Agustí, Adolfo, 1998). Foto: José Roberto Morales Ochoa “Luego se abre el telón”. Las carpas ambulantes fueron su verdadera escuela: ahí barrió, repartió boletos, hizo de gritón, cantó tangos y bailó charlestón. Pasó de “Polito” a “Cantinflitas” hasta quedarse con el nombre definitivo. Cuenta la leyenda que el pánico escénico lo hizo trabarse frente al público, y que ese diálogo disparatado, sin pies ni cabeza, mató de risa a todos. Había nacido el cantinfleo. En esas mismas carpas conoció a Valentina Ivanova Zubareff, bailarina de origen ruso, su esposa desde 1936 y, dicen, el amor de su vida; gracias a esta relación con su esposa, el cómico mexicano hablaba inglés, ruso y algo de mandarín. En su libro biográfico Adolfo Pérez Agustí se narra que cuando se conocieron Valentina ganaba dos pesos semanales y cantinflas cuatro, cuestión que no les impío enamorarse y casarse, aunque él siempre bromeo diciendo que ella se casó con él, por su dinero (1998). El tercer acto, “Luces, cámara, acción”, lo muestra frente al lente. Debutó en 1936, pero fue “Ahí está el detalle”, en 1940, la que rompió taquillas y lo volvió fenómeno de masas. Y como no se conformaba con actuar, tomó las riendas: su paso por la gestión del cine a través de los sindicatos y su combate contra el monopolio en la cinematografía a mediados del siglo XX en México, sus desencuentros gremiales con Jorge Negrete, la censura y el oficialismo. Cofundó la productora POSA Films, manejó el negocio de sus películas y se lanzó a la televisión, hasta con su propia serie animada, Cantinflas Show. Recordemos que gracias a este paso por el cine es que conoce a Natasha y Jacques Gelman, productores de las grandes películas de Mario Moreno, así como grandes coleccionistas de arte mexicano (“Colección Gelman. Relatos modernos entre la nostalgia y la discordia” La Voz de Michoacán, 29 de mayo de 2026) Después viene “Volando alto, y el genio del barrio cruza la frontera”. En 1956, Hollywood lo llamó para ser Passepartout en “La vuelta al mundo en 80 días”. Ganó el Globo de Oro como Mejor Actor de Comedia, galardón presente en la muestra, se convirtió en uno de los mejor pagados del mundo y se llevó una estrella en el Paseo de la Fama. La gabardina y el pantalón caído, pues, no necesitaron traducción. “El telón baja con Tejidos con un mismo hilo”, el acto más íntimo y quizá el más revelador. Aquí la pregunta es dónde termina uno y empieza el otro. Mario puso la visión de negocios, la filantropía y el intelecto; “Cantinflas”, la voz del pueblo y el arte de hablar sin decir nada y decirlo todo a la vez. Al final, no se cuenta una vida sino dos, entrelazadas con una sonrisa. A través de una gran museografía diseñada por Eclecto Art Tech & Production integrada por las técnicas más vanguardistas de exhibición, recursos didácticos, vitrinas espectaculares, elementos multimedia, proyecciones, filmoteca, archivo documental digital y módulos interactivos distribuidos en dos niveles, mediante un panóptico que te traslada a diferentes épocas a través de sus objetos ligados al personaje. La lista de objetos raros, insólitos no deja de aparecer, una foto del primer personaje “Polito” o “Cantinflitas” y el reencuentro con esa personificación saturada que buscaba ocultar su identidad ante la autoridad de su padre que se representa a través de sus inicios en la milicia, está presente su una casaca militar, carteles, objetos personajes. Sorprende encontrar un recibo de pago al peluquero por la producción de su mínimo bigote, o descubrir el perfectamente oculto accesorio técnico que impedía que se cayeran los pantalones al actor durante el rodaje de una audaz escena o un peculiar baile. Escenas representadas a través de dioramas que puedes mirar cómo se escenifican en miniatura a través de pequeñas ventanas, carteles, premios y los objetos de lujo del cosmopolita e internacional Mario Moreno. "Mario Moreno Cantinflas entendió el alma popular como muy pocos artistas de nuestra cultura latinoamericana han logrado hacerlo" Gabriel García Márquez Es un espacio que nos conecta de una forma mágica a un artista que está tatuado a nuestro imaginario, permeado en los recuerdos más cómicos de una inocencia casi pura, vinculado a nuestras raíces familiares, favorito entre nuestros abuelos, padres y hoy por hoy un clásico que sin duda que a través de este museo dedicada a la memoria de un grande nos robará el aliento y nos brindará un especial momento de nostalgia. Era también “Cantinflas” un estandarte de la moral de la época, hoy es una ventana a ese pasado, de los valores populares, pero algo que reconocemos en cantinflas, ser un personaje que éticamente representaba a un colectivo que en valores y justicia social representaba un aliciente, un luchador y alguien que desde los estratos más bajos de nuestra sociedad nos mostraba con ternura el valor del altruismo, de la generosidad y que alzaba la vos ante toda injusticia, que hacía frente a los villanos con inusitada inocencia y salía librado de todas sus luchas. Foto: José Roberto Morales Ochoa “Solamente en el cine se puede ver lo que esconde Mario Moreno detrás de sí, que no es otra cosa que el alma de un niño que carece de prejuicios. Su idea de la justicia y el amor es simple y hermosa, expresándose de una manera totalmente absurda y rompiendo el orden en cualquier circunstancia, lo que provoca una carcajada espotánea y explosiva en sus espectadores, al igual que lo hace un niño que pretende que los mayores rían con él. Con él no existe la risa, solo la carcajada”. (Pérez Agustí, Adolfo, 1998) El Museo Cantinflas es un museo privado, por lo que sus tarifas se estructuran de la siguiente manera, entrada general $247, residentes mexicanos $147, estudiantes, docentes, INAPAM: $77, personas con discapacidad: sin costo, además de la posibilidad de llevarte el registro fotográfico o de video por $30, no olvides visitar el museo en Córdoba 84, Colonia Roma Norte, Alcaldía Cuauhtémoc, 06700, Ciudad de México, abierto de martes a domingo de 10 a 18 horas. José Roberto Morales Ochoa, mexicano, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales. Instagram: @jrobertomorales Email: imrobertomorales@gmail.com