Yazmin Espinoza, La Voz de Michoacán ¿Y si la migración también se contara desde el amor, el humor y la esperanza? En el marco del FICM, La Voz de Michoacán conversó con Jonás Cuarón y Juan Daniel García Treviño sobre Campeón gabacho, una película que mira más allá del desarraigo para encontrar, en la historia de Liborio, la humanidad, la imaginación y la riqueza cultural de quienes buscan un lugar en el mundo. Quisiera comenzar por el enfoque que le damos a la situación migrante. ¿Cómo surge la idea, a partir de la novela, de contar la experiencia de quien migra no tanto desde lo que sufre, sino desde lo que lo hace estar vivo? Jonás Cuarón: Creo que surge justamente de la novela. Me inspiró porque ofrece esa mirada: al adentrarte en la cabeza y en la imaginación de Liborio, ves al migrante no como siempre lo has visto, tanto en el cine como en el discurso político —como algo lejano, abstracto—, sino como una experiencia humana. ¿Hubo algo de la novela que supieras que tenía que estar en la película, aunque todavía no supieras cómo llevarlo a la pantalla? Jonás Cuarón: Muchísimas cosas. La verdad, es una novela increíble, llena de detalles que inspiraban muchísimo. Parte del reto era cómo traducirlos al lenguaje cinematográfico. En las primeras versiones había mucha voz en off, pero cada vez que Aura y yo escribíamos, traducíamos esas voces en off a elementos visuales: que ellos volaran, que el río inundara la calle. Desde que leí la novela, y desde su primera frase, siempre supe que quería que la película arrancara así. ¿Cuál fue el reto de incorporar en la edición esos elementos para complementar la historia? Jonás Cuarón: Desde el principio era importante para mí que este proyecto tuviera mucho ritmo y frescura. Desde el trabajo con Juan Daniel ensayamos muchísimo para que todo tuviera ritmo y energía. En la edición, más que construir el ritmo desde cero, porque ya estaba muy presente en las escenas, se trataba de usar todo lo que habíamos adquirido en el set para seguir explorándolo y buscar maneras de hacer juegos visuales. Por ejemplo, hay un momento en el que Liborio recuerda de repente todos los madrazos que ha recibido. Eso no estaba planeado ni en el guion ni durante el rodaje. Pero hubo un momento en el que vi la cara de Juan Daniel y cómo demostraba todo ese dolor al recordar los golpes. Entonces pensé: “Filmamos un chorro de madrazos; vamos a enseñarlos todos”, y mostramos ese momento. Juan Daniel, me imagino que la preparación para este personaje fue un reto, tanto física como internamente. Cuéntame un poco cómo fue construir a un personaje que no solo conocemos a través de sus acciones, sino que también rompe la cuarta pared y nos cuenta qué está pensando y sintiendo. Juan Daniel García Treviño: Fue muy bonito entender a Liborio, adentrarnos en él y que, de alguna forma, la gente, el espectador, también se hiciera cómplice al romper la cuarta pared. Así, me conocen también a mí, a Juan Daniel. La construcción del personaje me llevó a entender la actuación desde otro lugar, porque yo he construido mis personajes a partir de mi historia y de lo que he vivido. De alguna forma, los personajes se me dan porque las historias nacen de donde yo soy, van hacia donde yo soy. Fue una preparación de mucho tiempo y también de descubrirme a mí mismo, de prestarle al personaje todas estas inseguridades mías, que siento que nos complementaban mucho. Fue una construcción muy nutritiva para mi propio entendimiento como persona, como ser humano y como actor. Dolores no está aquí, pero quisiera que me platicaran un poco sobre cómo la película cuenta la historia de quien migra y también la de las personas que lo reciben, lo acompañan, lo acogen y lo apoyan para que pueda alcanzar sus sueños. Jonás Cuarón: Hay dos personajes clave en la historia. Liborio acaba encontrando a su familia en este albergue. En realidad, son muchos personajes importantes: ahí hay unos niños y dos mentores, uno de ellos interpretado por Dolores Heredia y el otro por Rubén Blades. Para mí es muy hermoso que ellos hayan terminado siendo quienes son. Rubén Blades es un ícono de la cultura latina en Estados Unidos, y Dolores es una actriz a la que admiro mucho. El hecho de que ellos representen esa raíz a la que llega Liborio es muy significativo. Es un personaje que toda su vida ha estado buscando una familia, una raíz, y termina encontrándola en ellos. ¿Qué les gustaría que cambiara en la manera en que la gente ve la migración y a las personas migrantes, a partir de la historia que nos presentan? Jonás Cuarón: Siento que la película tiene algo muy bonito: demuestra mucha humanidad y que ser migrante no es solo ser un número, sino que tienes una identidad. La película lo representa. La historia de Liborio está contada con humor, romance y mucho cariño. Se siente mucha humanidad, y creo que será una experiencia cinematográfica como una montaña rusa de emociones: te diviertes y después puede quedarte por dentro esa esperanza en la humanidad. Como espectador, yo soy fan de la película, aunque no hubiera trabajado en ella. Además, el migrante trae mucha riqueza y sabor a las comunidades. Irónicamente, en todo el discurso político siempre hay miedo, cuando en realidad las personas migrantes aportan una riqueza cultural.