Indígenas, migrantes y afrodescendientes, víctimas de la discriminación y odio racial, en Michoacán

En muchos casos, unos regresan a sus comunidades y vuelven por temporadas, por lo que la presencia de grupos originarios, tanto de Michoacán como de otros estados, ha sido una cuestión dinámica que varía dependiendo incluso del mes en el año.

Foto: La Voz de Michoacán.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

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Morelia, Michoacán. El racismo y la discriminación por origen étnico siguen latente en Michoacán. Al igual que en muchas partes del mundo, el color de piel, otros rasgos físicos y hasta el estatus económico todavía continúan representando un lastre para la sociedad michoacana, alerta Gerardo Herrera Pérez, especialista sobre el tema.

Y es que, a pesar del origen prehispánico y otros factores actuales, las comunidades indígenas de Michoacán, comunidades afrodescendientes y hasta los grupos de migrantes que viven en grandes ciudades como en el caso de Morelia son víctimas de la discriminación y el odio racial.

En entrevista para La Voz de Michoacán, Gerardo Herrera Pérez, dedicado desde hace varios años a la lucha por las garantías individuales y coordinador de Estudios de Divulgación en la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH), explicó que los grupos indígenas son los que recienten más el tema racial en nuestra entidad, seguido de los grupos minoritarios y hasta las personas de la tercera edad.

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Si no existiera el racismo no tendríamos un consejo para prevenir la discriminación”, sentenció en primera instancia. “El racismo es una forma de jerarquizar de la sociedad y eso lo trajeron en el proceso de colonización. Los primeros son los indígenas, antes de eso están los afrodescendientes, antes de eso está la gente que está en la calle, o sea personas que deambulan y esas personas forman parte de un paisaje y no hay diseños de políticas públicas para atenderlos”, alertó.

Asegura que en Michoacán pocas veces se denuncian los actos de racismo. Mientras en todo el mundo se discute el tema del racismo como el motor de agresiones y políticas que transgreden los derechos humanos, se destaca que en esta entidad no se está muy alejado de la situación. La invisibilización de los grupos minoritarios raciales es una de las principales formas de violencia. Normalmente son excluidos de las políticas públicas y de los planes de desarrollo por parte de los gobiernos locales.

Uno de los casos más concretos es Morelia, ciudad en donde radican personas oriundas de Tzintzuntzan, Pátzcuaro, del área de Cherán, Chilchota, y hasta tzotziles de Chiapas, de las comunidades de Oaxaca, los mazahuas de Zitácuaro y el Estado de México, y que por su condición indígena les son negados diversos puestos de trabajo por lo que han tenido que recurrir al ambulantaje con la venta de artesanías como único mecanismo de supervivencia.

En muchos casos, unos regresan a sus comunidades y vuelven por temporadas, por lo que la presencia de grupos originarios, tanto de Michoacán como de otros estados, ha sido una cuestión dinámica que varía dependiendo incluso del mes en el año.

Actualmente 4 de cada 100 personas mayores en el estado habla alguna lengua indígena. La población de 5 años y más de edad hablante de lengua indígena en la entidad ha aumentado gradualmente en el último medio siglo, luego de haber caído drásticamente entre 1930 y 1950, y habiendo recuperado en 1970 los niveles que había tenido al inicio del siglo pasado. Para el año 1900, en el estado de Michoacán, 50.2 mil personas de este grupo de edad hablaba alguna lengua indígena, en 1930 este valor se ubicó en 6.9 mil, en 1970 alcanza los 62.9 mil, 30 años después esta cifra se duplico y llego a la cifra de 136.6 mil personas para el año 2010.

En cuanto a afrodescendientes, Michoacán también registra población. Según el último perfil sociodemográfico, casi 4 mil personas de este origen radican y tienen su domicilio en Michoacán. En este caso es Morelia y la Costa en dónde se asientan más dichos grupos étnicos.

En este caso, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) advierte que la población afrodescendiente en México, fundamentalmente por falta de información, se encuentra en un estado de invisibilidad que facilita la violación del derecho a la no discriminación y al principio de igualdad que sustentan la democracia y la cohesión social.

La falta de información oficial sobre este grupo de población es no sólo un reflejo de exclusión y marginación en sí misma, sino que es también causa de problemas para detectar necesidades y soluciones que permitan encontrar un mayor reconocimiento de derechos en favor de la inclusión social de este grupo en condiciones de mayor igualdad.

Es grave que en México prevalezcan estas prácticas y que, como se mencionó al inicio de este documento, por un criterio que en nada depende de elecciones autónomas como el color de la piel, la apariencia física o las características raciales en general, se determine el trato hacia una persona o, más grave aún, se decida el alcance de sus derechos fundamentales. La discriminación por origen racial, étnico, color de piel o apariencia física es una práctica cultural que puede revertirse. Así como se impuso el goce de derechos para algunos y la negación de los mismos para el resto, de la misma manera se pueden interiorizar nuevos comportamientos que conduzcan a prácticas incluyentes que respeten el ejercicio de derechos para todas las personas”.