398 insectos habitan en la obra de García Márquez

Hormigas coloradas, termitas, moscardones, moscas, mosquitos, zancudos, polillas, mariposas —entre ellas, amarillas—, cigarras, chinches de cama, cucaracha de agua, pulgón, grillos y un sinfín de insectos habitan la narrativa del Nobel de Literatura 1982. Todo sobre esos insectos ha sido registrado y estudiado por el entomólogo colombiano Aristóbulo López-Ávila.

Foto: El Universal

El Universal/La Voz de Michoacán

Medellín. —Y entonces vio al niño. Era un pellejo hinchado y reseco, que todas las hormigas del mundo iban arrastrando trabajosamente hacia sus madrigueras por el sendero de piedras del jardín. Aureliano no pudo moverse. No porque lo hubiera paralizado el estupor, sino porque en aquel instante se le revelaron las claves definitivas de Melquiades…”, así dice Cien años de Soledad en la página 347 de la edición de 1970, y ese extracto es una de las cerca de 400 menciones de insectos en la obra de Gabriel García Márquez.

Hormigas coloradas, termitasmoscardonesmoscasmosquitoszancudos, polillas, mariposas —entre ellas, amarillas—, cigarras, chinches de cama, cucaracha de agua, pulgón, grillos y un sinfín de insectos habitan la narrativa del Nobel de Literatura 1982. Todo sobre esos insectos ha sido registrado y estudiado por el entomólogo colombiano Aristóbulo López-Ávila.

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Luego de leer y releer la obra completa: más de 40 cuentos de entre 1947 y 1995, 12 novelas, 12 reportajes, todas sus crónicas, relatos y conferencias, un monólogo, y la autobiografía, López-Ávila ha hallado que en la obra de Gabo hay mucho más que mariposas amarillas: 392 referencias a insectos en forma directa o indirecta. Hay 110 referencias a dípteros: moscardones, moscas, mosquitos y zancudos; 81 menciones de lepidópteros: 44 a mariposas y 37 a polillas; y 32 referencias a las hormigas, presentes en el relato temprano “Tubal-Caín forja una estrella” de 1948, y en siete de sus obras principales.

“Las mariposas amarillas fue lo que le dio relevancia a Cien años de soledad y se convirtió en el emblema, pero solamente son mencionadas 19 veces y sólo en Cien años de soledad, y todas relacionadas con Mauricio Babilonia; pero yo digo que hay otro insecto más importante, las hormigas, que se mencionan más de 30 veces, de esas, 22 están en esa obra, en particular las hormigas coloradas que tienen un papel mucho más trascendente que las mariposas”, afirma López-Ávila.

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Y son las detonadoras de su trabajo Mariposas amarillas y hormigas coloradas. Los insectos en la obra de Gabriel García Márquez, que está listo para ser editado y que López-Ávila presentó en el Festival Gabo 2019; un trabajo que incluye cerca de 40 ilustraciones realizadas por William Yara Vargas.

“Las hormigas están en toda la obra de Gabo, son la preocupación de Úrsula Iguarán; ella dedicaba un día a la semana durante toda su vida a controlar a las hormigas, porque si no lo hacía, aquello era un torrente de lava viva que corría a través de los jardines y de la casa. Cuando murió, le tocó a Amaranta Úrsula, la última mujer en Cien años de soledad, y fueron las hormigas coloradas las que habían ido acabando con los cimientos de la casa de los Buendía”, asegura.

Registro entomológico. En entrevista con EL UNIVERSAL, el entomólogo con más de 150 textos científicos publicados y que ha seguido el rastro de las hormigas coloradas en Macondo, relata cómo su pasión por la literatura y por los insectos se conjugaron desde hace años para dar lugar a un registro entomológico en la obra de Gabo.

“Cuando era niño jugaba con los insectos, un día me di cuenta que de una mención a insectos en la obra de García Márquez. Empecé a leer toda su literatura, sus diferentes obras y saqué más de 400 menciones a insectos”, dice el entomólogo que ha dedicado más de 40 años al estudio de los insectos.

“En 1983 le acaban de otorgar el Nobel a Gabo, y yo, como entomólogo curioso, pensé: ¿por qué no incursionar en la obra de García y ver cómo maneja él los insectos y si él quería manejar su obra de manera entomológica?”, recuerda.

Entonces la lectura de la literatura de García Márquez tuvo otro interés; releyó todo, fue subrayando sus libros y entresacando las líneas o párrafos completos de las diferentes obras donde se refiere a algún insecto; a cada mención le ha puesto la referencia bibliográfica y luego se ha puesto a estudiar las familias y grupos de insectos.

Tras ubicarlos y estudiarlos, encontró más 40 familias de insectos y los agrupó en 10 grupos; cada familia lleva una ilustración e información de los tipos de insectos.

“Partí de algo muy básico: ¿qué órdenes, qué familias y cuántas especies son las que menciona García Márquez en sus obras. Encontré que había más de 40 familias de insectos y así los podemos agrupar en 10 grupos. Yo logré establecer 11 grupos, 10 establecidos y uno que no pude decir de qué familia es, hay un grupo que menciona 30 veces insectos pero sin dar más claves. Son 40 familias y como unas 80 especies diferentes en esas 400 menciones”, afirma el especialista.

Gran observador. “No creo que hubiera en Gabo un interés específico de incursionar en el mundo de los insectos, pero creo que el ambiente en el cual él creció le hacía percibir a diario ese maravilloso mundo pequeño; a cualquier sitio de la naturaleza al que tú dirijas la vista seguro habrá un insecto; algunos estudiosos aseguran que el 90% de los seres vivos sobre la tierra son insectos y el otro 10% son el resto de animales, incluido el hombre, entonces, siendo tan numerosos y tan diversos, Gabo los vio y fue un gran observador”, indica López-Ávila.

Y es que Gabo creció en un ambiente donde las mariposas amarillas y las hormigas coloradas tenían un lugar importante, el Caribe. “Lo que creo es que él no se podía abstraer de mencionar a los insectos en su obra, que a diario estaba en contacto con ellos: era un observador del detalle, esa es la excelencia del escritor, que describía al detalle todas las situaciones, no se le escapaba ningún aspecto por más insignificante que pueda parecer, como los insectos”.

López-Ávila sabe que hay más de un millón de especies descritas, pero se calcula que hay 5 millones que no han sido ni nombradas; es un mundo minúsculo que a Gabriel García Márquez le interesó más allá de las mariposas amarillas que cobraron fuerza con la cumbia “Macondo”, de Daniel Diez, que en 1969 puso a todos a rumbear al ritmo de: “Mariposas amarillas, Mauricio Babilonia, mariposas amarillas que vuelan liberadas”.