Arte mexicano, en la Bienal de Pekín

«Tao Chin, una de las fundadoras e impulsoras de la Bienal de Pekín, me habló hace dos años de su gran interés por organizar una sala española para la edición de 2019», explicó a Efe Sollinger.

Foto: La Voz de Michoacán

El Universal/La Voz de Michoacán

México. Creadores de México, España y Colombia son los principales representantes del arte hispano en la VIII Bienal de Pekín, que abrió hoy viernes sus puertas en la capital china con la participación de cerca de 600 artistas de más de 100 países.

Por primera vez la bienal pequinesa presenta un espacio dedicado exclusivamente a artistas latinoamericanos y españoles bajo el nombre "De España hasta las Américas", gracias a la iniciativa de la comisaria española Lucía Sollinger.

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"Tao Chin, una de las fundadoras e impulsoras de la Bienal de Pekín, me habló hace dos años de su gran interés por organizar una sala española para la edición de 2019", explicó a Efe Sollinger.

La idea era reunir solo a artistas españoles pero a la curadora le pareció importante añadir al proyecto inicial a creadores latinoamericanos y al final consiguió llenar dos salas de la majestuosa sede del Museo Nacional de Arte de China con obras de uno y otro lado del Atlántico.

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El mexicano Jazzmoart, que trabaja de noche y duerme de día, trae a Pekín sus cuadros de salas de jazz en los que parecen brotar trompetazos de las pinceladas amarillas, mientras que su compatriota Eric Pérez recrea la mitología azteca en sus ensoñaciones plásticas.
El colombiano Carlos Jacanamijoy deslumbra con sus coloridas pinturas orgánicas, que rezuman humedad selvática.

Este gran artista indígena tuvo la rara fortuna de que el riguroso comité de selección de la bienal aceptase las cinco pinturas que presentó, gracias también a su prestigio en China, donde ha llegado a exponer en la Ciudad Prohibida de Pekín.

"Lo que más me interesa de la pintura es que se sienta, como uno siente la música o la comida. La fuerza de la naturaleza, los elementos, la luz, las formas, mi obra sobre todo tiene relación con eso, le hago un tributo a la sabiduría ancestral del mundo", dijo a Efe.

Las raíces profundas y los orificios del viento de Jacanamijoy conviven con la escultura geométrica del español Arturo Berned, que presenta en medio de la misma sala una pequeña pieza que va cambiando de color a medida que el espectador la rodea, gracias a los pigmentos que la cubren.

"Los pigmentos ayudan a que puedas entender la escultura tal como es, en tres dimensiones. Que haya un diálogo entre la obra y el espectador", explica Berned, de cuya formación como arquitecto heredó su pasión por la geometría, siguiendo la tradición de grandes creadores españoles como Palazuelo, Oteiza o Chillida.

El también español Alberto Reguera quiere incluso borrar la frontera entre pintura y escultura con su obra Combates celestes, que explora además el vínculo cultural entre oriente y occidente.

"Es una simbiosis entre la tradición de la pintura romántica europea y la de los pintores de paisajes chinos, de exaltación de la naturaleza y, al mismo tiempo, la idea del espacio como ventana a través de la cual se zambulle nuestra mirada y podemos ver el paisaje interior", comenta el pintor.

La española Lita Cabellut, por su parte, muestra dos grandes trípticos que ocupan toda una pared de la sala contigua, en los que expone sucesivamente su visión del ser humano, de sus herencias genéticas y culturales y de lo que queda de él una vez que el tiempo acaba con su físico.

"Para las terceras pinturas de los trípticos rompo las primeras a patadas, es como la vida que pasa a patadas y en la que, por mucho que nos creamos, no controlamos nada", señala Cabellut.

La presencia española se completa con la ironía y el simbolismo de Manuel León en torno a temas como la Semana Santa andaluza o la tauromaquía y con la deconstrucción de Jorge Pombo, que expone un lienzo en el que dos ciudades se superponen.

"La idea era traer una exposición que la gente pudiera entender sin explicación, estuve en las bienales de La Habana y Venecia este año y te das cuenta de que el arte que se exhibe ahí está muy alejado del público, necesita mucha explicación", destaca Sollinger.

La comisaria de la exposición hispana cree que la Bienal de Pekín "es muy diferente" ya que hay "más arte figurativo, más abstracto y menos instalación" y atrae a la gente porque puede entender el arte mucho mejor.