Los Museos Capitolinos de Roma inaugurarán este martes la exposición ‘Diego Rivera y la construcción del arte moderno en México en el siglo XX’, una retrospectiva de más de 140 obras que sitúa al célebre muralista en el centro de los intercambios vanguardistas entre Europa y el país norteamericano. La muestra, que permanecerá abierta en el espacio de la Villa Caffarelli hasta el próximo 13 de diciembre, reúne una treintena de piezas de Rivera junto a obras de otros cincuenta artistas como Frida Kahlo, José Clemente Orozco o David Alfaro Siqueiros, trazando una línea histórica desde la independencia de México en 1821 hasta la eclosión de las vanguardias y el surrealismo. El comisario y director del museo Robert Brady de Cuernavaca, Alberto González Torres, precisó a EFE que la exposición es "una representación muy importante de lo que fue y es el arte moderno mexicano. Ponemos a Diego Rivera en el centro como el eslabón articulador, pero rodeado de numerosos artistas que participaron en la construcción de un lenguaje propio". Italia como punto de inflexión La muestra desvela el histórico y prolongado diálogo bidireccional entre los artistas mexicanos y los italianos desde el siglo XIX. Según explicó a EFE el director del museo Kaluz y también comisario de la muestra, Miguel Fernández Félix, antes de su regreso definitivo a México en 1921, Rivera pasó tres meses recorriendo Italia. Allí "Rivera descubre la importancia de la imagen pública en lo que son todos los murales renacentistas y bizantinos; fue un punto de bisagra previo a su llegada a México", apuntó. El comisario recordó que el pintor realizó más de 300 dibujos estudiando composiciones en Padua, Rávena o Venecia, fascinándose por obras clásicas de las que luego se apropiaría. "Esa visión se la lleva a México y la expresa de inmediato en su primer mural, ‘La creación’ (1922), y en la Escuela de Chapingo, donde se ve una influencia italiana muy importante", añadió. De la ‘academia’ al ‘renacimiento mexicano’ La exposición, estructurada en cuatro bloques temáticos, inicia con ‘Academia y tradición’ donde indaga en las raíces decimonónicas de la formación de Rivera y en la huella de maestros italianos instalados en México, como el paisajista Eugenio Landesio o Pietro Gualdi. "A través de Velasco, que fue su maestro, Rivera descubre el paisaje y, según sus propias palabras, a través de ahí aprende a hacer murales; eso se lo debe a la mirada del territorio iniciada por Landesio", explicó Fernández Félix. El segundo bloque aborda ‘Los años europeos’ de Rivera, su experimentación con el cubismo en Francia y España entre 1913 y 1917, y su posterior inmersión en los frescos italianos. Las dos últimas secciones se trasladan a suelo americano para analizar el ‘Renacimiento cultural mexicano’ —donde el Muralismo democratizó el arte convirtiendo a obreros, campesinos e indígenas en protagonistas del espacio público— y el periodo ‘Más allá del Realismo social’. Otras vanguardias mexicanas La exhibición no se limita a la conocida épica del Muralismo, sino que amplía el foco hacia otras corrientes paralelas. "Las vanguardias mexicanas se reflejan también en una visión que fue más allá. Tenemos a artistas como Rufino Tamayo o María Izquierdo, que le dieron un toque hacia la intimidad en el caso de ella, y de diálogo con el arte universal en el de él", dijo Fernández Félix. Esa apertura hacia nuevas corrientes culmina en la muestra con los años 40 y la Exposición Internacional del Surrealismo. Organizada junto al austriaco Wolfgang Paalen y el peruano César Moro, esta cita clave de la vanguardia se gestó tras la visita del escritor André Breton a México en 1938, donde se hospedó con Rivera. "La idea justamente es dar a conocer la obra de una cincuentena de artistas que fueron vitales para este discurso curatorial", concluyó González Torres, subrayando que la exposición consigue mostrar cómo la modernidad mexicana se nutrió de un constante intercambio cultural transatlántico. EFE / La Voz de Michoacán