Defiende espíritu científico

Astrid del Ángel / La Voz de Michoacán. Aplicar la ciencia –duda y comprobación- en las actividades cotidianas y aumentar el número de  científicos profesionales tendrían como resultado ciudadanos más conscientes de lo que pasa a su alrededor y llevar a México a ser parte del primer mundo. El reconocido investigador  y divulgador Ruy Pérez …

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Astrid del Ángel / La Voz de Michoacán.
Aplicar la ciencia –duda y comprobación- en las actividades cotidianas y aumentar el número de  científicos profesionales tendrían como resultado ciudadanos más conscientes de lo que pasa a su alrededor y llevar a México a ser parte del primer mundo. El reconocido investigador  y divulgador Ruy Pérez Tamayo ofreció ante un público diverso sus “Diez razones para ser científico”, nombre del libro que presentó en el festejo del Libro y la Rosa de la Universidad Nacional Autónoma de México en Morelia (UNAM).

“Yo no quería ser médico, quería ser como mi hermano mayor”, aseveró, por lo que estudió Medicina, cuestión que además solucionó algunos problemas familiares, como la copra de costosos libros, ya que él los heredó de su hermano mayor, así como posteriormente lo hizo el benjamín “matamos tres pájaros de un tiro”. Y comenzó con las explicaciones del título de su plática:

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Para no tener jefe
Para Ruy Pérez, la ciencia es una actividad humana creativa (como las artes) cuyo objetivo es la comprensión de la naturaleza y cuyo resultado es el conocimiento. Cuando es profesor tiene un jefe, pero en su laboratorio él decide qué es lo que quiere investigar, él se plantea los problemas.

Para no tener horario de trabajo establecido
Pensar no es una labor que se pueda restringir a la jornada laboral de 8 a 6 de la tarde.

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Para no aburrirme en el trabajo
“Para mí, aburrimiento es la conciencia de estar perdiendo el tiempo”, dijo. Por lo que no aburrirse es una necesidad.

Para realizar siempre lo que me gusta
Al contrario de lo que señala el sentido que se ha dado a la palabra vocación, de que haces bien lo que te gusta. “En esta vida todo es de aprender”, por lo que para él, nos gusta lo que hacemos bien y no al revés. “Cuando alguien dice que no le gustan las matemáticas es que no las conoce”, agregó.

Para usar mejor mi cerebro
Lamentó que un diputado o un futbolista puedan no requerir usar el cerebro. Incluso que sea de estorbo para directivos de venta de refrescos o de armas. Pero es menester que el científico desarrolle las capacidades de este órgano.

Para que no me tomen el pelo
Adoptar el espíritu científico como forma de vida perite que la persona no caiga en engaños tan fácilmente. Mostrar escepticismo de lo que se anuncia en la televisión y los empaques de los productos. El espíritu científico es aceptar sólo aceptar de manera preliminar lo propuesto y someterlo a pruebas. En este sentido, exhortó a ampliar postura escéptica del científico profesional a toda la vida humana.

Hablar con otros científicos. Advirtió que existen científicos buenos y malos, como en todas las profesiones, pero tienen una característica en común: son profesionales de la duda. Así que hablar con un político y pedirle pruebas de lo dicho, resulta inútil, mientras que un científico, enunciará los caminos que le han llevado a su conclusión. En este punto, narró una anécdota que pasó con Octavio Paz, Pérez Tamayo fue ‘vecino’ de Octavio Paz en el Colegio Nacional, donde se sientan en orden alfabético por apellidos, en una ocasión lo invitó a un programa de televisión, donde el científico señaló que el cambio del periodo medieval a la modernidad fue debido a los avances de la ciencia y la tecnología,  lo que Paz negó, fuera de cámara le preguntó cuáles eran entonces los otros factores, a lo que contestó: la poesía.

Para aumentar el número de científicos en México
Expresó que uno de los indicadores que se utilizan para la división del mundo en países desarrollados y en vías de desarrollo es la cantidad de científicos y ofreció cifras. México tiene 12 mil científicos, esto es 0.65 investigadores por cada 10 mil habitantes. La proporción en Alemania es de 42 por cada 10 mil habitantes, en Japón 38, España 5.5, Cuba 4, Chile 3. Por lo que evidenció la necesidad de crecer la comunidad científica, aunque para ello se tenga que luchar contra una sociedad donde el reconocimiento se basa en cuánto tienes y no quién eres o qué sabes.

Estar siempre bien contento
Advirtió que es una razón muy personal, ya que ello deriva del contacto con quienes lo rodean, muchos científicos.

Para no envejecer
En su caso, el tamaulipeco se dedica a la investigación biomédica; no obstante, explicó que el país requiere científicos en todas las áreas del conocimiento.

Platica sus inicios en la ciencia
Previo a su decálogo, platicó sobre sus inicios en la ciencia, el trabajo con su amigo, el fisiólogo  Raúl Hernández, de quien aprendió a cazar gatos en las azoteas para sus experimentos; luego conoció al profesor Isaac Costero, un patólogo con el que comenzó sus investigaciones en el área de las enfermedades.

Luis Felipe Rodríguez, explicó que se trata de un texto donde el científico aborda  sus preocupaciones en torno a la ciencia, como la evaluación del método científico y la diferencia entre ciencia y tecnología. Por su parte, Miguel Martínez Ramos, destacó la facilidad con que el autor discurre sobre el tema que muchas veces se considera complicado, aunque forma parte del quehacer diario del ser humano y la sociedad.

Actividades complementarias
El festejo del libro organizado por la UNAM en Morelia fue de ocho horas, con destacados escritores, poetas y científicos que han visto en el libro una manera de compartir sus conocimientos, conocer otros mundos, incluso gente de otras épocas y, además, dejar su legado, lo poco o mucho que puedan contribuir a la humanidad.
No importó el clima, sendos toldos protegieron  tanto la muestra de libros montada en la Calzada Fray Antonio de San Miguel y el patio central del Centro Cultural Universitario de la UNAM; tampoco fue relevante que se atravesara el periodo de asueto en la mayoría de las escuelas, alumnos y organizadores se esforzaron por la celebración que busca formar lectores y con ello personas reflexivas y participativas, por lo que sin duda, quienes escucharon fragmentos de “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez  en el maratón de lectura colectiva; quienes compraron un libro y recibieron una rosa en agradecimiento, los que escucharon la poesía de Lucía Rivadeneyra, los versos en purépecha de Isamel García o las experiencia del impresor Juan Pascoe, estarán a la expectativa de la próxima conmemoración.