El teatro se queda sin Manuel Guízar, el mejor ‘Pito Pérez’; el arte escénico michoacano está de luto

Hace 33 años fundó el “Corral de la comedia”, el escaparate más importante que ha formado a decenas de actores que hoy lamentan la pérdida de quien le dio vida a uno de sus más emblemáticos montajes “la vida inútil de Pito Pérez”.

Jorge Manzo/La Voz de Michoacán

Michoacán. Nunca más el “Corral de la comedia” será como lo fue durante 33 años. Su principal actor y director, el maestro Manuel Guízar, se nos ha adelantado. El teatro y la comedia están de luto. El telón tiene que cerrarse. Morelia y las decenas de generaciones que disfrutaron de él le lloran y le agradecen esa herencia que se quedará para la posteridad.

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Por su sangre siempre corrió el amor por el teatro. Su padre lo enseñó a disfrutarlo y se quedó para siempre en él, casi 60 años. Casi al terminar la primaria, su profesor Ignacio Martínez, lo impulsó para que le perdiera el miedo al público. Poco a poco le fue tomando gusto a la poesía y a la declamación, era la antesala para llegar a la actuación.

Estudió arte dramático en el Instituto Michoacano del Arte. Se especializó y se convirtió en uno de los más grandes referentes del teatro. Hace 33 años fundó el “Corral de la comedia”, el escaparate más importante que ha formado a decenas de actores que hoy lamentan la pérdida de quien le dio vida a uno de sus más emblemáticos montajes “la vida inútil de Pito Pérez”.

Recibió la presea José Tocavén Lavín y fue parte del homenaje que La Voz de Michoacán le rindió en vida, entre ellos, “68 voces, vivos retratos”, y cientos de premios y reconocimientos más. Queda en deuda Michoacán que nunca le reconoció su trayectoria con el “Premio Eréndira”, el máximo galardón que entregan a lo más destacado de las artes, a pesar de que él mismo lo buscó.

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Su última aparición pública fue durante la inauguración del Teatro Matamoros. Ahí, el gobernador Silvano Aureoles le prometió impulsar la compañía estatal de teatro, esa que será el nuevo semillero del talento que como el de él, alegró miles de corazones en el escenario. Su vida siempre la vivió sobre un escenario.

Su llegada a Morelia

Llegó a Morelia en 1957. Vivió antes en Apatzingán y en Uruapan. Fue aquí donde comenzó a entregarse a lo que se convirtió en su más grande pasión: el teatro. Él fue un hombre agradecido, y en su memoria siempre llevó al maestro Mario Enríquez Torre, pues con él comenzó a asistir a las clases que daba por las noches. Con él encontró su primera oportunidad.

Pero esa primera vez no fue como él hubiera deseado. Fue detrás de una máscara, en una escena oscura donde nadie iba a saber quién era, y en la que representaría un personaje de la obra “Caín el hombre”, de Emma Godoy. Sólo recitó un poema, según lo que él mismo contó al escritor Neftalí Coria, y que quedó grabado en el homenaje que le dio en vida La Voz de Michoacán.

Ahí comenzó el inicio de lo que sería una vida de éxito en el teatro. José Manuel Álvarez lo invitó a trabajar en la puesta en escena “Las voces”, y en la que tuvo por compañeros a Ana María Jacobo y Felipe Rodríguez. Esa puesta en escena ganó el concurso estatal y luego el nacional del Seguro Social. Desde entonces, quedó claro que su vida estaba ahí, en el teatro.

Con actores michoacanos formaron la compañía “Los Farsantes” con la que montó un buen número de obras. Su camino al lado de José Solís, Sofía Rojas, Graciela Morales, Felipe Rodríguez, entre otros muchos, lo llevaron a tomar la decisión de marcharse a la Ciudad de México (algo que muchos dedicados al arte, han vivido), escribió Neftalí Coria en el libro “68 voces, vivos retratos” que se editó con motivo del 68 aniversario de La Voz de Michoacán.

Su ingreso a la Compañía nacional de Teatro (CNT) –la agrupación más importante en el Teatro de México, fundada en 1977– vino en consecuencia de la constancia y empeño de Manuel Guízar. Le tocó la mejor época de la Compañía al lado de Augusto Benedico, Carlos Ancira, Miguel Córcega, sólo por mencionar algunos de los actores de la prestigiada agrupación.

El maestro Manuel recordó con orgullo el montaje de “Moctezuma II”, del michoacano Sergio Magaña, en el que le tocó suplir a Salvador Sánchez en el papel protagónico. Es memorable también el montaje de “El alcalde de Zalamea” en el que tenía dos funciones diarias, mañana y noche. En la función matutina, representaba a Pedro Crespo y en la noche al Capitán Álvaro de Ataide, nada menos que en una interpretaba al protagonista y en otra al antagonista.

Con doble trabajo de actor, Manuel demostró su incontenible versatilidad, pero sobre todo las capacidades indiscutibles que, como herramientas creativas, ha tenido. Él mismo contó que su carrera durante esos tiempos, no sólo incluyó al teatro. Su labor también ha estado presente en el cine y la televisión que cuentan en la diversidad de programas, series, comerciales, telenovelas, etc., así como un gran número de películas a lo largo de los últimos treinta años.

A mediados de los ochenta y aunque con frecuencia hacía teatro en Morelia (es legendaria su interpretación del “Juan Tenorio” de José Zorrilla cada noviembre), su base seguía siendo la Ciudad de México; después de la catástrofe del terremoto de 1985, lo que también detonó su decisión de quedarse en Morelia, fue el montaje de la adaptación al teatro de la novela de José Rubén Romero “La vida inútil de Pito Pérez” y donde trabajaron en la adaptación José Francisco Bolaños, con la colaboración del propio Manuel, Humberto Villicaña, Francisco Bautista y José Manuel Álvarez, quien dirigiría la escena.

Sin dejar de cumplir compromisos profesionales en la ciudad de México, también comenzaría los trabajos de apertura del “Corral de la Comedia”. En 1991, es llamado a trabajar en el “Espectáculo teatral 450” que conmemoraba el aniversario de la ciudad y en donde Manuel representaría el personaje central de la obra que recogía la historia de Morelia desde su fundación; la cual Neftalí Coria escribió, dirigida por Roberto Briceño y Alfredo Durán.

Un amante de la ciudad en las distintas etapas históricas, representaba Manuel al lado de 150 actores en escena y con música en vivo de la Orquesta Sinfónica de Michoacán y la participación de la Asociación de Charros de Morelia, bailarines y actores. Sin embargo, el monólogo “La vida inútil de Pito Pérez”, lo mantendría activo por todo el país y el extranjero, hasta llegar a la función 1020 en el año de 2013. Además de su actividad en “El Corral de la Comedia”, que sería un sitio que le ha dado desde entonces, un permanente trabajo a la comunidad teatral moreliana.