Entre plagio y algarabía: 100 años del Muralismo Mexicano

“El arte que moviliza a las masas ya no está en las galerías, ni en los museos ni en los libros de texto; está entre el pueblo, entre nuestra gente. Ese es el arte que trasciende y que no se está enseñado en las universidades”.

Foto: Twitter obra José Luis Soto

Alexandro Arévalo Oros / La Voz de Michoacán

José Luis Soto, pintor muralista

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Dos obras del maestro celayense, radicado en Morelia, José Luis Soto formaron parte de la conmemoración de la Lotería Nacional por los 100 años del Muralismo Mexicano. Se trató de un homenaje a 80 muralistas de cuatro generaciones, encargados de reforzar la identidad nacional y cuyas obras aparecieron en cuatro series de billetes durante los primeros días del mes de febrero.

Siqueiros

Una corriente artística centenaria

Cuando el joven David Alfaro Siqueiros regresó de su viaje por Europa, se unió a los artistas Diego Rivera y Xavier Guerrero, configurando, en 1923, el Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores (SOTPE). En su paso por Italia, Siqueiros había estudiado a los grandes maestros renacentistas y barrocos, mientras que en España publicó ‘Tres llamados a los artistas plásticos de América’, manifiesto en el que expuso el discurso estético-ideológico que definiría al quehacer artístico en Latinoamérica y, particularmente, en México.

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Ya en nuestro país, bajo el seno del entonces secretario de Educación Pública José Vasconcelos, Siqueiros comenzó su obra como pintor muralista acompañado de importantes colegas, tales como Diego Rivera y José Clemente Orozco. Las paredes de la Escuela Nacional Preparatoria serían las primeras en atestiguar el inminente nacimiento de una de las corrientes artísticas más relevantes del siglo XX: el Muralismo Mexicano. Un arte comprometido con la realidad posrevolucionaria y con el bien del pueblo. Un arte oficial, didáctico y, sobre todo, propagandístico.

En términos estético-ideológicos, el Muralismo Mexicano y sus máximos exponentes representaron la transición entre el fin de un orden “envejecido”, del siglo pasado, y la implementación de un orden “nuevo”.

Diego Rivera

Un homenaje equívoco

En el 2021, tras recibir una llamada telefónica por parte de Polo Castellanos, miembro del Movimiento de Muralistas Mexicanos, el maestro José Luis Soto aceptó la invitación para participar en el homenaje de la Lotería Nacional (LN), que rendiría tributo a renombradas y renombrados artistas nacionales: Elena Huerta, Alfredo Zalce, Adolfo Mexiac, Julio Carrasco y Rafael Cauduro, por mencionar algunos ejemplos.

No obstante, un año después, en cuanto el maestro Soto compró el billete de lotería con su obra ‘Universo Tecnológico’, el único mural que había autorizado para el homenaje, identificó en un billete diferente otra de sus obras. Se trataba del mural ‘Raíces de Mesoamérica’, cuya autoría era adjudicada a otra persona: Pedro González Escamilla. “Si a nosotros nos pusieron tantos filtros y cuestionarios y requisitos, no entiendo cómo entró este mural”, menciona.

Si bien se reconoció rápidamente el error tras notificarlo por oficio a la representante de la LN, existe un antecedente similar. En el sorteo del 15 de septiembre del 2010, imprimieron una obra del maestro celayense en toda la plana del Premio Mayor. En aquella ocasión utilizaron el mural ‘El grito de Dolores’, que data del año 1985 y en el que el Padre de la Patria llama al levantamiento de Insurgencia. Tampoco se le dio ningún crédito ni reconocimiento.

Xavier Guerrero

El mural ‘Raíces de Mesoamérica’, cuyo bosquejo fue realizado en el año 1995 y emplea la técnica del mosaico mexicano, está ubicado en el muro perimetral de la Escuela Secundaria Federal Número 2, en Tepic, Nayarit. En este, se visualiza el enfrentamiento entre el caudillo Corinca y un militar español. La obra arranca con el escudo de Tepic y, a lo largo de esta, se plasman importantes escenas del desarrollo de esta ciudad, así como distintos personajes históricos (Fray Junípero Serra, por ejemplo). Sin embargo, algo muy particular ocurre durante el equinoccio de la primavera, cuando los rayos del sol se reflejan en los espejos incrustados dentro de la obra, acentuando las texturas y personajes.

José Luis Soto: promotor del arte comunitario

Considerado como el iniciador del muralismo participativo, a través del cual se involucra en las realidades sociales de los pueblos indígenas, el maestro José Luis Soto se forjó bajo la dirección de los grandes muralistas de la segunda y tercera generación, entre ellos, Raúl Anguiano, Jorge González Camarena y Nicolás Moreno.

Acompañado de cinco artesanos wixárika y un sociólogo experto en mitos del Pueblo Cora, el maestro Soto realizó su primer mural para la Presidencia Municipal de Tepic, Nayarit. Una obra hecha con estambre, dedicada a rendir homenaje a las técnicas y estilo de esta comunidad. Para la experta Ida Rodríguez Prampolini, esta obra cumplía con los propósitos de belleza, educación y batalla que habían motivado al muralismo posrevolucionario y que se habían perdido en el camino. “El arte del pueblo de México es la manifestación espiritual más grande y más sana del mundo y su tradición indígena es la mejor de todas”, proclama el Manifiesto de 1922.

Para el maestro celayense es importante que en las publicaciones y homenajes oficiales, como aquel realizado por la Lotería Nacional, se incluya un muralismo más diverso en sus bases ideológicas, que se involucre también a quienes están ingresando al muralismo comunitario y demuestran un profundo respeto hacia sus propias culturas. “La Lotería Nacional solo está publicando a prestigiosos muralistas. Yo sé que el arte ha sido así tradicionalmente, desde lo europeo: es el arte del privilegio [...] En cambio, nosotros buscamos un arte nacido desde las entrañas de la gente, del México profundo”, concluye.