Artemio Rodríguez, el escribano que se hizo grabador

El ser creativo conlleva algo de político porque no te quedas callado frente a las situaciones.

Rita Gironès

Pasar de ser un jovencísimo lector, a un grabador apasionado por la lectura, tiene su jiribilla. El artista de Tacámbaro (su pueblo natal) habla del encanto de las cosas como si cuidara un jardín: la idea primigenia, la tinta, la presa, la narrativa de la impresión… Artemio quería ser escritor, pero la vida es un camino y las historias se escriben de muchas formas, también sobre linóleos. En la sala de exposición y taller “La Mano Gráfica” (ubicado en Pátzcuaro) hay una narrativa fascinante de historias, de tesoros impresos a mano, algunos del tamaño de una hoja y otros del tamaño de una pared. Se trata de preservar -y fomentar- la narrativa de lo ancestral.

¿Qué querías ser de niño?

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Escritor, de hecho. Me gustaba mucho la literatura y leía mucho. Empecé a leer temprano, fluidamente en 2° año de primaria, a los 8 años. Me encantaba leer y encontré un refugio en la biblioteca del pueblo (en Tacámbaro), espacio que ya no existe.

¿Qué quieres ser ahora?

Creo que estoy bastante contento con lo que soy, principalmente padre, estoy muy feliz de tener a mi hijo. Y también con mi carrera de grabador.

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¿Cuál es el principal rasgo de tu carácter?

Trabajador. Siempre estoy creando obras de arte, o haciendo trabajos de carpintería, albañilería, trabajar con las manos.

¿Cómo se relaciona el trabajo artístico con la vida?

Yo quería ser escritor y después se cruzó en mi camino el mundo del grabado. Me di cuenta que tenía semejanzas, es hablar con otro lenguaje, escribir de algún modo pero con un lenguaje visual. Yo me veo como un escritor, pero a través de los grabados. Ahora estamos ilustrando, por ejemplo, las leyendas y episodios históricos de Tacámbaro. Es bonito poder contribuir, en nuestros días, trayendo historias y leyendas a través de las ilustraciones.

¿Sirve el trabajo artístico en un mundo tan hostil?

Le da un poco de serenidad al mundo acelerado en que vivimos y te invita a las raíces de la cultura y la civilización. En el caso del grabado es de los elementos básicos para llegar a la creación de los libros. Eso es parte del encanto y es lo que me hace amar ese oficio y, por supuesto, también promoverlo a las generaciones jóvenes porque todavía hay mucho por hacer: a pesar de ser una técnica tan básica y tan antigua, tan fundamental, y que eso mismo le da una gran nobleza, todavía siento que queda mucho por hacer.

¿Qué papel debería jugar el arte en la sociedad: poético o político?

Esencialmente, poético. Aunque, ciertamente y a fin de cuentas, el ser creativo conlleva algo de político porque no te quedas callado frente a las situaciones.

¿A quién admiras en tu labor profesional?

Al maestro impresor Juan Pascoe de allá en Tacámbaro, él tiene más de 40 años residiendo allí, y fue quien me invitó a aprender el oficio. Lo admiro por su gran capacidad de permanecer en estos tiempos modernos en un oficio como es imprimir libros, tipográficamente, en papel húmedo y en prensas antiguas todavía.

¿Cuál es la mejor parte de “La Mano Gráfica”?

Ha sido lo que nos ha podido mantener vivos, pues es de lo que vivimos mi familia y yo, y nos ha permitido construir nuestra casa y llevar una vida humilde, pero digna. El taller nos ha permitido mostrar nuestro trabajo, los proyectos que hacemos, pero también dar muestra del trabajo de otras personas, de otros grabadores, artistas internacionales muchas veces. Ha sido desde que iniciamos el espacio La Mano Press en Los Ángeles (California, 2001) que ha resultado ser un eje para la creación y la convivencia con artistas. Ha sido una historia muy bella que continua y esperamos continuar por mucho tiempo más promoviendo la gráfica y la creatividad.

¿Cuál es la parte más difícil del proyecto?

Mantenernos en lo económico. Digamos que el mercado michoacano, a pesar de vivir en un estado con mucha riqueza de aguacates, zarzas y otros productos, no hay gente que coleccione arte. Nuestro mercado aquí es muy limitado, muy incierto y dependemos muchas veces de los visitantes que vienen de afuera. No tenemos un mercado local, son pocas las personas que hacen el esfuerzo y compran alguna de las obras, a diferencia de cuando viví en Los Ángeles que era más común observar un mercado local. El Gobierno tampoco compra, no hay museos o instituciones que coleccionen la obra apoyando a los artistas.

¿Qué temas son fundamentales en tu obra?

Preguntas sobre la vida, la conjunción de belleza y tragedia de la vida. Últimamente he estado leyendo e ilustrando sobre episodios históricos y leyendas de Tacámbaro. Y hay otro proyecto actual maravilloso que es sobre la celebración de 40 años del fallecimiento de Arcadio Hidalgo, jarocho veracruzano, piedra angular en el movimiento jaranero y ahora estoy ilustrando su vida. Eso es lo me gusta, es como escribir, pero por encima de la escritura: alguien lo escribirá con letras y yo lo hago con grabados.

¿Qué dibujas en tus ratos libres?

Antes dibujaba más, dibujaba monos, rostros, acción. Y también naturaleza, lo que me ha rodeado. Ahora dedico el mayor tiempo posible a mi hijo, Mateo.

Por cierto, ¿qué le gusta dibujar a tu hijo, Mateo?

(Risas) Le gusta mucho el manga. Y también le gusta mucho la música, cantar.

De todo el proceso para la terminación de un grabado, ¿cuál es la parte más emocionante? ¿Quizás el resultado?

No necesariamente. Desde que empiezas la concepción del mismo es emocionante, y lo es cada una de sus etapas. Yo primero oscurezco la placa, el linóleo, con una tinta para que oscurezca. Después dibujo con lápiz blanco, el primero bosquejo. Y luego con lápiz el segundo bosquejo. Más tarde dibujo con pluma, con lapiceros, y ya es el diseño más acabado, y al final viene la navaja. Cada parte tiene su encanto y su maravilla y, por supuesto, la etapa definitiva de la impresión que puede ser un momento de gozo o de sufrimiento, porque ahí ves qué pasó, cómo quedó -a veces resulta estupendo, y otras no tanto-. La última etapa, quizás, es la más placentera, cuando estás imprimiendo ya en la prensa tipográfica sobre el papel húmedo que se va entintando, al humedecer el papel agarra cierta tibieza debido a la reacción del papel con el agua que genera calor. Sabes, es una sensación muy padre, como hacer pan, pero haciendo impresión.

¿Qué es para ti la Cultura?

Es la expresión del espíritu. Si no hubiese cultura… civilización, conocimiento, sabiduría a través de los libros, de las ilustraciones, de los grabados, de la música, de todo lo que conforma la cultura, seríamos sumamente pobres, miserables. Estaríamos con mucho internet, mucho TikTok, mucho Facebook, pero nos faltaría esa verdadera expresión del espíritu.

Rita Gironès, escritora, docente y artista escénica. Catalana y mexicana. Lleva 20 años residiendo en Michoacán trabajando activamente por la cultura. Apasionada de las Humanidades, obtiene el Premio Nacional de Dramaturgia en México, 2022.

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