Liliana David, colaboradora La Voz de Michoacán Los amigos Eduardo Rubio, Fernando Llanos y Mizraim Cárdenas han realizado una exhibición de dibujo en vivo en el centro histórico de Morelia. Su iniciativa configura un acto de resistencia en esta época en la que abundan imágenes fabricadas por la IA, una tecnología que oculta y niega muchas veces la mano de quien realmente se entrega al ejercicio de la imaginación. Dibujar es una práctica que refleja la singularidad de cada ser humano, una habilidad en la que han coincidido desde hace treinta años los talentosos artistas que se reunieron por primera vez en la capital michoacana para volver a crear como en los viejos tiempos: «Cuando teníamos unos 18 años, siendo muy chavitos –dice Rubio–, nos íbamos por ahí los fines de semana a dibujar, salíamos por carretera a los pueblitos o también al zoológico. Nos la pasábamos muy bien. Siempre hemos estado haciendo colaboraciones, pero juntarnos a dibujar no lo habíamos hecho desde hace tres décadas». Eduardo Rubio Rincón (Ciudad de México, 1971), quien actualmente radica en Madrid, se encuentra de paso por Morelia. La última vez que nos vimos en persona, como todavía recuerdo, fue durante una exposición que realizó en el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, a comienzos de los años dos mil, cuando yo era una reportera veinteañera, pero de otra sección cultural, y él ya estaba dando sus pasos hacia la migración. Desde entonces no habíamos coincidido, pese a que ambos vivimos en Madrid, la ciudad a la que Agustín Lara le compuso su famoso chotis. Así que para romper el hielo que impone el tiempo, hablamos de sus dos décadas en la capital española, una ciudad que desde la pandemia ha ido dando un giro más radical, como me cuenta: «Veo en la situación cultural una tendencia más hacia una derecha, un poquito nociva para mi gusto, y aunque tampoco soy de izquierdas, me preocupa esa parte de rechazo ante la gente distinta. Veo que la cosa va tornándose en esa dirección, eso no me gusta, la verdad». Además, Eduardo reconoce que migrar es duro: «No es una experiencia fácil, no sólo porque dejas de ver a tu gente; realmente es como si te llevaran a otro mundo, con otros sistemas, otros códigos. Y aunque también es enriquecedor, porque aprendes otra forma de ver la vida; tienes que ser flexible, pues estás en un sitio con gente muy distinta, que tiene otra forma de trabajar; aprendes que las cosas no pueden hacerse como las hacemos en México. Cuando vives en otra cultura, tienes que ser creativo, y creo que el mejor estímulo para la creatividad es tener que sobrevivir, ¿no?», dice durante nuestra conversación por videollamada. Ciertamente, la experiencia de la migración es un fenómeno muy particular, irrepetible para cada persona, pero sin duda esta época ha hecho del migrante el blanco de cierta hostilidad mundial. En su caso, cuando Rubio migró a la capital española, le tocó atravesar la crisis global del 2008. Sin embargo, con las crisis llegan también algunas oportunidades, así que en el 2012 la empresa hispano-mexicana Centro México Madrid le abrió sus puertas para presentar la exposición «Plan B». Al año siguiente, en el Instituto de México en España, expuso su proyecto titulado «Habitantes del insomnio». Entro en su cuenta de Instagram y me encuentro con las ilustraciones de esos habitantes sin sueño, los cuales me evocan la fragilidad de unas mariposas, pero que parecen mutar en seres extraños, una especie de humanos zoomórficos que se escinden y, más que volar, caminan, aunque no se sabe en qué dirección. Me quedo pensando en esa metáfora de un sueño extraño, que también se experimenta con la migración. Y a pesar de que han pasado casi dos décadas desde que se fue a España, Eduardo Rubio reconoce: «Yo me siento extranjero en la sociedad española, pero también cuando vuelvo a mi casa en México, porque las cosas han cambiado, el país se ha transformado y no has estado para ver las transformaciones. La migración es un estado mental, emocional, que te permite tener un punto de vista diferente al de la mayoría de las personas, y ese aspecto hoy es el centro de mi trabajo. He podido realizar proyectos que aquí, en Morelia, no habría soñado, pero habría hecho otras cosas, sin duda». Aunque se encuentra a gusto en Madrid, donde vive de la ilustración editorial, trabajando en proyectos para casas como Penguin o Hachette, entre otras, Rubio se muestra dubitativo sobre su elección de quedarse ahí o no, un síntoma reconocible en otros casos que compartimos la experiencia de la migración: «Al final, no sé si me quede; todavía no se acaba la cosa, ahí voy a seguir, pero eso es difícil de saber, sobre todo cuando estás trabajando mucho, haciendo cosas, y sobre todo porque tengo muchos amigos». Precisamente, las relaciones fraternas que se mantienen a pesar del paso del tiempo son las que hacen volver a desear estar en una ciudad. En esta ocasión, el escenario de la reunión creativa para este trío de dibujantes fue Morelia, el lugar donde se han reencontrado para alimentar una amistad que se soldó bajo un mismo interés: el de las artes visuales. De la trayectoria de Eduardo Rubio destaca esa versatilidad para aplicar a su habilidad como ilustrador tradicional la animación digital, aunque coincide conmigo en un punto, el cual tiene que ver con la necesaria vuelta hacia la creación analógica: «Eso es algo positivo, volver al lápiz y papel, efectivamente. Porque hoy, cuando cualquiera puede hacer una imagen gratis, en dos segundos, pierde su valor y ya no tiene gracia si todo mundo lo hace. Y en esas estoy. Hoy sobre todo vivo de un tema más comercial de la ilustración editorial, en la que sí hago uso de todas las herramientas que pueda, pero me resulta divertido realizar un experimento como este, reunirnos en un sitio, con un público en vivo y hacer un dibujo más creativo, imaginativo, donde nos rolamos el papel y trabajamos los tres en uno». Esta idea va muy en sintonía con lo que él mismo describe sobre sus motivaciones personales en la creación de imágenes, cuando le toca hablar sobre su propio trabajo artístico: «Al crecer inmerso en la música y la narrativa visual, me inspiro en las pinturas y dibujos de mi madre, la vasta colección de vinilos de mi padre y en influencias de mi infancia, como los cómics y los videojuegos. La naturaleza, la lectura y la exploración en línea alimentan mi espíritu creativo, enriqueciendo mi visión artística y motivándome a superar los límites en mi trabajo. A medida que sigo evolucionando como artista, mi enfoque sigue siendo vivir con autenticidad, perfeccionar mi arte y contar historias que conecten con la gente». 30 años de amistad tiene el trío de artistas 20 años cumplirá Rubio de radicar en Madrid Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.