Asco: “Terroristas culturales”, tanto del arte dominante, como del arte chicano

Su principal herramienta visual, eran sus propios cuerpos, con ello sus posturas, lenguaje visual, moda, maquillaje, expresiones faciales y actitud irreverente

Margarita Itzagery Ponce Marín, colaboradora La Voz de Michoacán

A finales de la década de 1960, cuatro jóvenes chicanos del este de Los Ángeles comenzaron a colaborar de manera activa en la vida artística de una ciudad con gran presencia de inmigrantes mexicanos, y eventualmente formaron el primer colectivo de arte chicano que llevó por nombre Asco.

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Sus piezas performáticas permiten un diálogo con el Estados Unidos sumergido en una guerra mediática, la Guerra de Vietnam, así como una mirada a los mecanismos en que opera el racismo y la discrimiación sobre las llamadas minorías raciales.

De este modo, la observación del cuerpo se convierte en uno de los principales objetivos al analizar el performance, puesto que en él recaen y residen las relaciones de poder, y es éste el instrumento para comunicar, el cuerpo actúa como el lenguaje, el cuerpo como documento de los cambios sociales.

Si bien, algo que caracterizó a Asco, fueron las reacciones del público en sus primeras exhibiciones y posteriormente en sus intervenciones públicas, fue la manera de explotar todos los elementos de su entorno para realizar sus intervenciones; su principal herramienta visual, eran sus propios cuerpos, con ello sus posturas, lenguaje visual, moda, maquillaje, expresiones faciales y actitud irreverente.

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Sus meticulosamente bien planeados performances callejeros son una mezcla entre melodramas, comedias cargadas de sarcasmo e ironía; esa fue la manera con la que enunciaban sus experiencias con el racismo y la discriminación en los medios de comunicación, e instituciones de Los Ángeles. Las intervenciones callejeras a través de Los Ángeles fueron parcialmente documentadas en fotografías a color, y blanco y negro, por Harry Gamboa Jr., con el objetivo de crear el mito de Asco, y dejar un registro de las intervenciones.

Las estaciones de la cruz, Mural andante, Mural instantáneo y Primer almuerzo después de un gran disturbio, fueron reinterpretaciones del tradicional arte chicano, en donde experimentaron con las dimensiones de los espacios, releyendo las imágenes de lo que significa ser chicano, y al mismo tiempo correr de la policía. Tomaron como eje central el mural. El mural como concepto para ser transformado, pero sin ser sacado de su contexto nato, que es la calle.

La expresión artística de Asco fue guiada por los miembros individuales del grupo al mismo tiempo que comenzaban a crear una ecléctica y espontánea filosofía artística. Se podría afirmar que, el papel de Asco fue de “terroristas culturales”, tanto del arte dominante, como del arte chicano; constantemente colapsaban o manipulaban las formas del arte hasta explotarlas a su máxima expresión. La rebelión de Asco en contra de las políticas y el mismo arte chicano resultó en la creación de una alternativa sintetizada del arte, una neovanguardia estética chicana.

La resiliencia del colectivo y su habilidad para transformar sus experiencias personales en expresiones artísticas, y para adaptarse a situaciones creando arte con ello, fueron algunas de las razones por las cuales el grupo actualmente es reconocido por el arte angloestadounidense tanto la comunidad chicana. Su trabajo fue una amalgama de temas e imágenes adoptados de la experiencia urbana cultural chicana, un estilo de expresión en donde no escatimaron en cruzar los límites.

Harry, Patssi, Willy y Gronk formaron parte de una minoría racial dentro de la cual representaban la minoría ideológica, no encontraban reconocimiento en la comunidad angloestadounidense por considerarlos muy chicanos y tampoco en la comunidad chicana por considerarlos muy anglosajones.

El performance se convirtió en un medio aceptable para que Asco comenzara a cuestionarse el hecho de producir arte confinados en estudios artísticos, separados de la realidad política y social. Definiendo una nueva serie de códigos y valores que fueron desarrollados durante sus últimos performance e intervenciones artísticas. La obra de Asco nos hace pensar la historia no sólo del movimiento chicano, sino también la historia urbana de Los Ángeles, nos muestran que tanto la ciudad como el arte, se deforman, se deconstruyen y construyen constantemente.

Como colectivo se mantuvieron críticos y reflexivos a cerca de su propia posición en la sociedad, usando esto como herramienta de conocimiento y protesta. El alcance que tuvo es poderoso e importante, combinó lo conceptual con la política, ya fuera a través del cuerpo, murales o el performance. En las últimas décadas el arte chicano tuvo efectos más notorios sobre el arte estadounidense y esto en gran parte, gracias a la obra de Asco. Asco ejemplifica los cambios del paradigma artístico en Estados Unidos y sirve como premonición para los cambios que seguirá sufriendo el arte en las próximas décadas.

Margarita Itzagery Ponce Marín, es Doctora en historia por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.