Consejo internacional cambia la definición de museo ¿Impactará en el retroceso de Michoacán?

«Habrá que ver si los gobiernos de los estados están dispuestos a seguir y respetar estos lineamientos con la nueva definición, ya que, como hemos visto, en lo estatal únicamente se acomoda gente en los puestos como pago político».

Foto: Víctor Ramírez

Víctor E. Rodríguez Méndez

El pasado 24 de agosto se dio a conocer la nueva definición de museo para el siglo XXI. Votada en la Asamblea General del Consejo Internacional de Museos (ICOM, por sus siglas en inglés: International Council of Museums), celebrada en Praga, la premisa incluye, por primera vez, palabras como: disfrute, inclusividad, accesibilidad, sostenibilidad y ética. La nueva definición es la siguiente:

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«Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Operan y se comunican de manera ética, profesional y con la participación de las comunidades, ofreciendo variadas experiencias para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos».

Es la primera vez en casi cincuenta años que se cambian los términos de lo que se entiende por museo, y desde 1974 apenas fue alterada. Por ejemplo, los términos «custodia» y «preservación» sustituyen al de «conservación» de la anterior definición de 2007.

Para Alberto Garlandi, presidente de ICOM, la nueva definición «está alineada con algunos de los principales cambios en el papel de los museos en la actualidad. Nos hemos visto obligados a cambiar. Realmente, creo que esta decisión mejorará el papel del museo en todo el mundo». Se sabe que la definición será asumida por la Unesco, y tiene por objeto que ayude a determinar si las nuevas galerías e instituciones privadas de todo el mundo pueden describirse a sí mismas como un museo reconocido oficialmente.

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Con esta decisión del ICOM se abre una discusión en torno al tema, considerando que la definición anterior resultaba para mucha gente poco práctica, confusa y nada funcional. Así las cosas, la nueva definición de museo ¿recoge la idea general de museo? ¿Qué le sobra, qué le falta? O, quizá la pregunta clave es: ¿modificar la definición va mejorar en algo los museos?

Sin problemas con la definición

Diseñadora gráfica y museógrafa, María Eugenia Fuentes Lanning nos comparte su opinión al respecto desde Portugal, país en que radica actualmente. «Me parece que a la definición no le sobra nada. Varias instancias públicas y organizaciones recogieron inquietudes y opiniones de diversos profesionales de museos y de visitantes también, para poder llegar a esa definición tan pensada. Yo misma participé en varias mesas e iniciativas, como miembro de ICOM y de manera independiente, y una de las mayores inquietudes era la inclusión del patrimonio intangible y la accesibilidad».

Todos los espacios, sin excepción, tienen muchísimas carencias que requieren de atención y presupuestos para actualizarlos, conservar sus acervos, ofrecer servicios educativos y personal capacitado

Para María Eugenia Fuentes es un gran acierto sumar la palabra «inclusión», pues la inclusión va más allá solamente de la accesibilidad física o intelectual, dice, sino también la emocional, por ejemplo. «Para que haya inclusión se debe reconocer que existe la exclusión y lo primero que se excluye muchas veces en los museos es a la propia comunidad en la que se inserta, y a la que debe servir, con la que debe ser cercano el museo. Es por ello que la frase que habla de la participación de las comunidades es tan importante».

Ex directora de del Museo de Arte Contemporáneo «Alfredo Zalce» (MACAZ) en la administración de Leonel Godoy Rangel, abunda que en la nueva definición otra palabra clave es la sostenibilidad, por ser un concepto que abarca diversos rubros: «No pueden incluirse todos en una sola definición, pero es de gran relevancia que se haya considerado».

Si acaso, María Eugenia Fuentes cree que podría faltarle a la definición lo relativo a la digitalización, cuyo tema es un tema complejo, según dice. «Lo cierto es que la definición de museo será tan fluida y flexible como sea el museo mismo en el futuro».

Marco Antonio López Prado, artista gráfico y escultor michoacano, cree que la nueva definición del ICOM está muy completa en lo general. «El problema», dice, «lo veo en cómo lo aplicarían los museos, ya que en la mayoría de los casos es el criterio del director quien decide las directrices de estos. Hay excepciones, por supuesto, con gente capacitada y visión y te puedo poner como ejemplo el Museo de Arte de Celaya Octavio Ocampo».

En todo caso, la nueva definición agrega el también docente de la universidad nicolaita, «puede aportar que se profesionalicen los museos y, por obligación, quien ejerza estos puestos cumpla a cabalidad con el perfil como lo señala la definición». Y agrega: «Habrá que ver si los gobiernos de los estados están dispuestos a seguir y respetar estos lineamientos con la nueva definición, ya que, como hemos visto, en lo estatal únicamente se acomoda gente en los puestos como pago político».

            Cardiela Amezcua Luna, directora de Vinculación e Integración Cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de Michoacán, explica por su parte que la definición actual «tiene diversas bondades que impulsan las acciones de los museos hacia una naturaleza más didáctica, de investigación, colección, conservación, interpretación y exhibición de los acervos del patrimonio material e inmaterial». Por tanto, para la también bailarina y gestora cultural la importancia de fomentar la diversidad y la sostenibilidad «debe ser una respuesta ante la crisis de los ecosistemas en riesgo, así como atender el impacto ambiental que se puede minimizar en el manejo de los museos como espacios públicos que reciben una gran cantidad de visitantes por día».

Museos estatales: entre el retroceso y la reactivación

La siguiente cuestión es si esta nueva definición aportará algo significativo para el desarrollo de los museos en México o en Michoacán. María Eugenia Fuentes Lanning asegura que aportará en la medida en que los museos cumplan o, al menos se alineen, a los estatutos. «Los nuevos conceptos en esta definición –como la inclusión, la participación, la sostenibilidad y el intercambio de conocimientos– serán posibles si se cumple antes con los objetivos iniciales de la definición de museo. Tristemente, hay museos en México que no tienen políticas claras de colecciones, de seguridad, conservación, o acceso físico. Sin hablar siquiera de los criterios de exhibición. Por fortuna cada vez hay más profesionales de museos incluidos en las plantillas (pequeñas o grandes) de los museos en México».

Los museos deben ofrecer experiencias variadas para la educación, disfrute, reflexión e intercambio de saberes y conocimientos

Por su parte, para Cardiela Amezcua los museos deben «ofrecer experiencias variadas para la educación, disfrute, reflexión e intercambio de saberes y conocimientos, así como apoyar las interacciones para fortalecer la identidad y la diversidad cultural local en equidad de condiciones con la realidad global». Por tanto, la nueva definición, sostiene la funcionaria estatal, «nos aporta la posibilidad de ampliar el impacto de los museos».

En Michoacán se cuenta con cinco recintos principales dependientes de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado: Museo del Estado de Michoacán, Museo Casa Natal de Morelos, Museo de Arte Colonial, Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce” (MACAZ) y Museo Agrario de Tzurumútaro, así como en menor medida el Museo Michoacano de las Artesanías y otros espacios culturales como el Centro Cultural Clavijero y el Antiguo Colegio Jesuita de Pátzcuaro.

Respecto a la política estatal sobre museos, Marco Antonio López Prado lo tiene claro: «No hay una política definida; todos los espacios, sin excepción, tienen muchísimas carencias que requieren de atención y presupuestos para actualizarlos, conservar sus acervos, ofrecer servicios educativos y personal capacitado para atender debidamente a los usuarios». En Michoacán, señala López Prado, «ha habido un retroceso y pérdidas en todos los museos, desde presupuestos para mantenimiento y actualización de salas y su infraestructura en general, hasta el deterioro de la obra que tienen en resguardo y completamente descuidada y abandonada».

Cardiela Amezcua abunda en este sentido: «La condición en que se encuentran los museos es de reactivación, derivado la afectación de la pandemia por el COVID-19, así como por cierta negligencia de las anteriores administraciones en cuanto a la inversión necesaria para el mantenimiento, la prevención y la atención de los inmuebles y sus respectivos acervos».

En su calidad de funcionaria, señala que en la actual administración los museos son «una prioridad» como vinculación comunitaria con los territorios donde se encuentran, así como un espacio para la divulgación y promoción de la historia, tradiciones, y la diversidad de expresiones culturales de Michoacán. Los museos de Michoacán, reitera Amezcua Luna, «están en proceso de revitalización».

Ante el cambio cabe preguntarse: ¿modificar la definición va mejorar en algo los museos?

La presión de los sindicatos, un lastre

Por su materia de especialización y experiencia profesional, María Eugenia Fuentes asegura que a los museos de Michoacán los conoce «desde dentro». Y, por tanto, es enfática en este punto: «Muchas veces no hay estándares correctos de conservación o no existen departamentos de investigación, propiamente». Además, agrega, «falta capacitación en varias áreas, que a veces no es posible por la presión de los sindicatos».

Puntualiza que esa presión no deja avanzar por caminos más profesionalizados: «Es el peor lastre de los museos en Michoacán, pues no es que no haya gente capacitada sino que, a veces, no la dejan trabajar. Y claro, el asunto de los presupuestos asignados, que cada vez son más raquíticos, sumado a las deudas que se han acumulado».

Por otro lado, finaliza Fuentes Lanning, «debe abrirse la posibilidad de que los museos tengan una figura legal a través de la cual puedan recibir apoyos y recursos, como las sociedades de amigos o los patronatos. Es un esquema que podría aplicarse, guardando las proporciones, claro, como lo hacen de manera efectiva los museos en los Estados Unidos y en otros países no solo en Europa, sino también en Latinoamérica».

Víctor E. Rodríguez, comunicólogo y diseñador gráfico de profesión; periodista cultural de oficio desde hace tres décadas. También ejerce la docencia y de vez en cuando dirige talleres de redacción, escritura creativa y de periodismo.