¿De qué hablamos cuando hablamos de cuidar?

“Se cuida lo frágil, lo débil o lo imperfecto: lo importante, lo valioso, aquello que no concebimos perder (…) el tema es cómo y desde dónde se cuida”, Alejandra Eme Vázquez.

Yazmin Espinoza

Cuida, cuida sin esperar nada a cambio, cuida porque eso es amor. Como mujeres hemos crecido escuchando esto como ruido de fondo, y eso se ha metido hasta el fondo de nuestro cerebro y nuestro corazón, pero ¿por qué el mundo piensa que el trabajo de cuidados no necesita de remuneración?

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Leer (o en mi caso escuchar a través de la aplicación de Storytel) “Su cuerpo dejarán” de Alejandra Eme Vázquez, fue como quitarme una venda de los ojos sobre estos temas. Este es un ensayo escrito desde la experiencia directa de cuidados remunerados en el ámbito familiar, que tiene como propósito establecer un diálogo horizontal con las lectoras y los lectores sobre la precarización del trabajo, la vejez (propia y ajena), el espacio doméstico, las políticas de lo familiar y todas las dinámicas que se activan al cuidar.

“Porque lo doméstico y los cuidados, estas dos referencias en apariencia comunes y tramposamente familiares, representan un punto ciego en la precarización de lo laboral”.

Con este ensayo la autora ganó el premio Dolores Castro 2018, un texto compuesto por doce capítulos de su libro en torno a la figura de su abuela materna, una mujer de 90 años.

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Pero la vejez es sólo la puerta de entrada que le permite a Eme Vázquez abordar también, desde su condición de cuidadora remunerada, la precarización y las dinámicas que se desprenden del trabajo doméstico, en lo íntimo, pero también en la esfera pública y como imposición del estado.

Y es que la autora desmonta el ornamento de los discursos asociados a la vejez y el trabajo doméstico y sustrae el romanticismo de las labores impuestas a las mujeres en los espacios familiares: esa falsa idea de que si cuidamos lo hacemos sólo por amor.

Así, este es un ensayo muy necesario para repensar el espacio doméstico y la labor de cuidados, además de que todos todes tenemos un cuerpo que envejecen y vivimos rodeados de personas con cuerpos que envejecen, por lo que necesitamos crear estrategias para vivir los finales de nuestras vidas de forma digna y, con suerte, placentera.

“(Mi familia) es un circuito cerrado que jamás sale a lo público. Y con eso cuenta el sistema real, el grandote, el que debería estar haciéndose cargo de dotar de herramientas suficientes para resolver los cuidados en las comunidades que le financian la estructura”.

Algo que debo confesar es que, aunque leí este libro hace ya algunos meses, escribo este texto acerca de él en medio de mi posparto, así que mientras mis manos se mueven por el teclado de la computadora, mi pie hace oscilar una cuna en la que descansa mi segunda hija.

“Se cuida lo frágil, lo débil o lo imperfecto, pero también lo importante, lo valioso, aquello que no concebimos perder. (…) El tema es cómo y desde dónde se cuida”.

Porque a veces se nos olvida que esta vulnerabilidad no sólo involucra lo cuidado, sino también al cuidador. Estar a cargo de un cuerpo ajeno también tiene consecuencias emocionales, físicas, económicas y sociales que deben atenderse; ante eso, “cuidar sin remuneración es inhumano y no debería recaer en una sola persona”, dice la autora.

Desde mi silla entonces, veo entonces cómo el texto de Eme Vázquez abraza al feminismo que lucha por también el cuidado de los cuerpos que cuidan, porque con cuerpos enfermos no se puede luchar.

Y es que, como mencionaron las editoras del libro en una de sus presentaciones, quien cuida también necesita atenciones y soporte, quien cuida también se quiebra. Y puede que uno de los planteamientos más sensibles de “Su cuerpo dejarán” sea que el acto de valentía consiste en no tener miedo de exponer esas fisuras para dejarnos acompañar cuando algo nos duele.

“Las reflexiones de Alejandra no se enuncian desde la romantización del cuidado, sino que articulan un diálogo con los fenómenos sistémicos que imponen papeles y guiones sobre la vida de las mujeres (…). Alejandra teje en su escritura cuerpos con experiencias específicas. Su tarea se vuelve fundamental porque nos recuerda que no aceptaremos más un mundo donde no se nos permita hablar a nosotras”.

Un texto necesario que nos recuerda una vez más que “lo personal también es político”.