Liliana David, colabiradora La Voz de Michoacán Existen varios mitos y leyendas en torno a la aparición del diablo durante las andanzas de los peregrinos que cruzan las tierras gallegas del norte de España, para llegar a la Catedral de Santiago de Compostela, el lugar donde concluye su largo peregrinar. La comunidad autónoma de Galicia configura en Europa el punto de reunión más importante entre millones de religiosos que a lo largo del año emprenden un itinerario espiritual único que tuvo su origen en la Edad Media. Antes del llamado «Camino Francés», por su clara alusión a la procedencia de los devotos que salían de Francia rumbo a España, existió el «Camino Primitivo», cuya ruta iba desde Oviedo, donde se encontraba la capital del Reino de Asturias, hasta Santiago de Compostela. Este trayecto tuvo mucha importancia antiguamente, ya que fue uno de los puntos neurálgicos en estas peregrinaciones. En dicho camino, por el que todavía algunos viajeros deciden atravesar las tierras del norte de España, apartándose de la ruta más conocida hoy, se ubica una villa llamada Arzúa. En este poblado, famoso por su miel y queso artesanal, se encuentra situada una pequeña ermita de piedra, que está rodeada de hermosos bosques verdes a los que dan vida cientos de robles, castaños y eucaliptos. Se trata de la Capilla de la Mota, donde cada 24 de agosto se celebra una fiesta, conocida como «romería», que está dedicada a San Bartolomé. Con ese motivo, tanto los creyentes como los visitantes curiosos acuden al lugar donde algunas familias aprovechan el escenario de la naturaleza para compartir su comida, la cual muchos llevan preparada, aunque en algunos puntos del bosque que rodea a la ermita se instalan puestos de venta como en todas las ferias. Este ambiente es el que cada año convoca a más asistentes que buscan una experiencia distinta a la que ofrece el camino más turístico hacia Santiago de Compostela, en cuya catedral supuestamente descansan los restos de Santiago, el Apóstol Mayor. Por medio de la generosa invitación de un amigo, pude viajar hasta la parroquia de «Santo Estevo do Campo», un sitio que por su belleza natural me recordó de inmediato el paisaje que envuelve el antiguo convento franciscano en Tzintzuntzan. Fue interesante observar cómo en aquel entorno donde se celebra esta ceremonia religiosa, a la que asisten los vecinos de la zona, se entremezclan estampas que están instaladas en el imaginario religioso mexicano. Me refiero particularmente a la procesión en la que los creyentes alzan en sus brazos a los santos y dan vueltas rodeando la capilla, mientras suena una tradicional saeta como música de fondo. Aunque debo admitir que lo que no había visto es precisamente la peculiar representación que hacen de la figura de San Bartolomé, quien tiene al diablo encadenado en sus pies, mientras alza su cuchillo con el brazo derecho. Los mexicanos sabemos que, en algunas partes de nuestro país, el 24 de agosto se celebra también la fiesta dedicada a dicho santo, y de hecho se le conoce popularmente en algunos estados como «el día en que el diablo anda suelto». Y es que a San Bartolomé se le atribuye no sólo la derrota del diablo con la expulsión de los espíritus malignos y de los demonios en las personas poseídas, sino también se le reconoce el milagro y la cura de las enfermedades de la piel; por ello, es conocido igualmente como el santo patrón de las personas que trabajan con las pieles y usan materiales como el cuero para fabricar sus objetos. Esta última creencia responde sobre todo a la forma en que Bartolomé fue martirizado; por ello, dentro de la historia del arte y la religión, su imagen santificada suele ser representada agarrando un gran cuchillo en recuerdo del martirio que sufrió al ser desollado vivo, o bien despellejado. En el caso de Arzúa, ese recóndito pueblo gallego, las personas asisten a la capilla donde se celebra su fiesta para pedirle al santo que interceda y les cure del mal del «bocio», una enfermedad común entre la gente del interior de estas tierras españolas que son escasas en yodo, un elemento fundamental para no desarrollar factores de riesgo que afecten la glándula tiroides. Durante la ceremonia, los sacerdotes y los ayudantes de la capilla pasan el cuchillo del santo por la garganta de cada persona. Pero ¡no se asusten!, pues el cuchillo es de madera, como me aseguró uno de los encargados de la ermita antes de que yo misma me formara en la fila para participar en el ritual. No obstante, otra persona me contó que antaño sí empleaban un cuchillo real para celebrar esta tradicional romería gallega. En esta «Ermita da Mota», como se dice originalmente en el idioma gallego, una lengua que suena muy parecida al portugués, se rinde culto a tres santos: San Bartolomé (24 de agosto), San Mateo (21 de septiembre) y San Simón (28 de octubre). A lo largo del año, en este mágico lugar, se realizan tres romerías dedicadas a estos santos, pero durante los meses restantes la capilla permanece cerrada. Es por ello que cada una de estas festividades representa una oportunidad única para conocer un singular punto de encuentro entre la naturaleza, la devoción popular y las tradiciones que se han mantenido vivas a lo largo de los siglos. Además, cabe decir, que la ermita de piedra, una construcción rústica del siglo XVIII, con aire humilde y austero, compone una parte esencial en el bucólico paisaje de la aldea, no sólo por el bosque que la rodea, sino también por los verdes campos donde pueden contemplarse vacas, caballos, así como largas veredas en donde se admira la arquitectura de las antiguas casas de piedra. Fue precisamente en una de esas casas donde, tras disfrutar de la peregrinación y la fiesta, pernoctamos algunos viajeros. Pero debo confesarles que un ruido me despertó hacia la media noche, porque de manera extraña en una de las habitaciones vacías que había frente a la mía, en el oscuro corredor, se había abierto una puerta en medio de un sepulcral silencio. El inusual rechinar de la madera vieja avivó en mí una cierta inquietud y en ese instante recordé la creencia de que el 24 de agosto el diablo anda suelto, una leyenda que sigue viva en el imaginario de esta celebración; así que mejor, y por si acaso, le recé a San Bartolomé su oración. Números 3 romerías se celebran a lo largo del año en la Capilla de la Mota 9 meses permanece cerrada la capilla en el pueblo español Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.