Víctor E. Rodríguez Méndez, colaborador La Voz de Michoacán En la ribera del lago de Pátzcuaro, donde el amanecer tiñe de naranja las canoas de los pescadores y los trinos de los pájaros y las campanas marcan el pulso cotidiano de los pueblos, un proyecto sonoro ha comenzado a romper el silencio histórico que pesa sobre la niñez indígena: Tienda de alas, una serie de podcast creada desde y para las niñas de la región lacustre de Michoacán no solo como un producto mediático, sino como un ejercicio de autonomía narrativa. El nombre del proyecto no es casual. Tienda de alas alude a un lugar simbólico donde las niñas pueden guardar y desplegar sus sueños. Lejos de los estudios profesionales y de las voces impostadas de la radio comercial,el podcast se graba y recupera voces desde las aulas comunitarias, las casas ejidales y los patios escolares. Ahí, niñas purépechas toman el micrófono para contar sus historias, formular preguntas, leer poemas, entrevistar a sus abuelas y reflexionar sobre lo que significa crecer siendo mujer en una de las zonas con mayor riqueza cultural —y también con mayores rezagos sociales— del estado. Tienda de alas es un proyecto que busca acompañar las voces de las niñas de comunidades de la cuenca del lago de Pátzcuaro, amplificadas a través de la creación de un podcast para que identifiquen, reconozcan y comprendan la importancia del uso y el poder de su voz. Y que su voz sea escuchada por ellas mismas y por otras niñas de la región. Se trata, asegura Gabriela Mier Martínez —principal promotora de esta iniciativa—, de un espacio de comunicación en el que “ellas serán las protagonistas y su voz será el eco para otras niñas de la región y del mundo”. El podcast se inscribe en una tradición de comunicación popular en Michoacán, pero introduce un elemento poco habitual: una perspectiva de género centrada en la infancia. Contiene doce episodios y se trata únicamente de audio. Se contó con la participación de 15 niñas de Pátzcuaro y de las comunidades El Manzanillal, Huecorio, Tzurumútaro, Urandén, San Pedro Pareo, Ihuatzio, Cucuchucho y San Jerónimo Purenchécuaro. Participación activa de las niñas Más allá del contenido, el proceso es quizás el mayor logro del proyecto. Para muchas participantes, es la primera vez que alguien les pregunta qué piensan y qué quieren contar. El objetivo no es la fama ni las métricas, sino la permanencia: el objetivo es generar un espacio de comunicación sostenible a través del podcast Tienda de alas, señala Gabriela, que “promueva y fortalezca espacios de participación activa de las niñas de la región lacustre de Michoacán, y ser un referente para acciones similares en beneficio de la infancia rural”. Por ello, Tienda de alas propone otra narrativa: la de niñas que piensan, crean, opinan y sueñan en voz alta. “Esperamos que ésta sea la primera de muchas temporadas”, apunta la escritora y socióloga egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana. El planteamiento del proyecto se basó en que, en muchas ocasiones, la voz de las niñas ha sido silenciada, por lo que, siendo adultas, cuesta encontrarla, según se lee en el texto de presentación, y agrega: “Recordémonos siendo niñas. Recordemos nuestros sueños. Recordemos lo que se nos impuso y cómo esos sueños se transformaron, muchas veces, en mandatos, en miedo y en sometimiento. ¿Cuántas veces bajamos la voz y frente a quiénes? En nuestro trabajo en escuelas primarias de esta región hemos visto el silencio de las niñas. Y el ruido en las voces y en los cuerpos de los niños”. El podcast fue realizado por EnraizArte. Colectivo para la Educación a través de las Artes y por el Arte, en colaboración con Infancia común, A.C. EnraizArte es una organización civil feminista fundada en 2012 que trabaja con comunidades rurales de la región lacustre de Michoacán y busca favorecer la justicia social, ambiental y de género, a través de procesos creativos. El sonido directo, edición, composición sonora y música está a cargo de Naybi Suyua, con la mezcla y masterización de Óscar Carrillo, el diseño visual de Celeste Jaime. El bordado de alas es de Paulina Vázquez. Este trabajo fue posible gracias al apoyo de Semillas, un fondo feminista en México que desde hace 33 años moviliza recursos, y con ello apoya y acompaña el camino de organizaciones, redes y colectivas, como es el caso de EnraizArte, que luego de participar en una convocatoria pública del fondo, resultó beneficiada con un apoyo para desarrollar el proyecto Tienda de alas, que inició en septiembre de 2024. “No conocemos espacios donde las niñas expresen quiénes son, donde se reconozcan entre las voces de otras niñas, donde, a través de lo que diga alguna niña, se identifiquen y se sientan acompañadas.”, agrega Gabriela Mier, quien obtuvo el Premio Nacional de Novela Breve “Amado Nervo 2015” y el Premio Nacional de Cuento “Jesús Amaro Gamboa” 2016. “Por eso queremos que Tienda de alas sea ese lugar. Un espacio de comunicación sostenible y feminista, para mostrar las voces de las niñas de esta región, para que escuchen su propia voz, y ser un referente para acciones similares en beneficio de la infancia rural”. Una red de voces El proyecto nació sin guiones rígidos ni convocatorias formales. Fue creciendo de manera orgánica, casi intuitiva, a partir de vínculos cotidianos y del deseo de escuchar a las niñas de la región lacustre, según explica Gabriela. El contacto con una amiga, una escuela rural, una banda sinfónica comunitaria, una radio local: así se fue tejiendo la red de voces que hoy dan forma a la serie. La selección de las participantes no respondió a filtros ni castings. Bastó preguntar quién quería hablar y respetar cada sí. En Huecorio, seis niñas aceptaron participar; en San Pedro Pareo, dos más se sumaron tras un trabajo previo con la escuela. En Ihuatzio, tres niñas músicas —parte de la primera generación femenina de la banda sinfónica de la comunidad— aportaron su experiencia desde la música. Otras voces llegaron desde Cucuchucho, Purenchécuaro y la telesecundaria de Tzurumútaro. Con edades que van de los 8 a los 14 años, todas participaron con el consentimiento escrito de sus madres, padres o tutores. No hay imágenes, no hay rostros expuestos: la identidad de las niñas está resguardada. Lo que se escucha es su voz, a veces tímida, siempre auténtica. “Todas son tímidas, pero aun así estuvieron muy contentas de participar mostrando su voz, con mucha fuerza interior”, señala Gabriela. La también autora del libro Contar el lago en un día: Narrativas del universo femenino de la región lacustre de Pátzcuaro explica que las niñas participantes hablan bajito, algunas con timidez, otras con silencios largos entre palabra y palabra. Pero cuando las niñas hablan, su voz pesa. No por el volumen, sino por lo que se atreven a decir: quiénes son, qué sueñan, a qué le tienen miedo, cómo se imaginan —o no— su futuro. En ese gesto simple de nombrarse, de decirse, hay una fuerza que atraviesa todo el proyecto. Cabe decir que el cuento original “Tienda de alas” (que es narrado en los doce episodios) fue escrito por una niña llamada Jenifer en un proceso de escritura creativa en la comunidad de Cucuchucho, municipio de Tzintzuntzan, cuya adaptación del cuento estuvo a cargo de la propia Gabriela Mier, quien también es autora de la idea original, coordinación, entrevistas, escritura de guiones y narración. La serie está sostenida por una metáfora que nació hace años, escrita por una niña en otro proceso creativo. Es la historia de una niña que sale en busca de su voz porque no logra escucharla. En el camino aparece una unicornia alada que le cuenta que ella también perdió su voz alguna vez, hasta que encontró una tienda de alas: un lugar lleno de alas de todos los tamaños, colores y formas. Al elegir las suyas, la unicornia recupera la voz. Las alas, en este relato, son libertad. Esa imagen acompaña cada episodio. Al final, a las niñas se les pregunta cómo serían sus alas: de qué color, de qué tamaño, hacia dónde volarían. Las respuestas son simbólicas, profundas, llenas de significado. Hablan de libertad, de futuro, de deseos todavía en construcción. Apunta Gabriela: “No es un ejercicio imaginario: es una forma de pensarse a sí mismas”. El proceso no termina en la escucha, añade la socióloga y escritora. A cada niña se le devuelven sus alas, bordadas una por una según lo que ellas imaginaron. Llegan en un dije, en un collar, guardadas en una cajita con su nombre. El momento en que abren la caja y ven sus alas por primera vez es difícil de olvidar: “Ver los rostros de las niñas mirando sus alas y cómo agarran el dije, cómo lo aprecian, cómo se lo ponen o lo quieren guardar como lo más valioso que tienen. Para muchas es la primera vez que algo tan íntimo les pertenece de esa manera”. También hay un primer encuentro con su propia voz. Antes de que los episodios se hicieran públicos, las niñas se escucharon. Algunas no se reconocieron: “Siento que es otra voz”, dijeron. Otras se emocionaron al descubrirla por primera vez. Una agradeció haber sido elegida. Otra pensó en el futuro: en lo importante que sería, dentro de diez años, volver a escuchar lo que pensaba cuando era niña. Escuchar la voz propia Las madres también escuchan, y en ellas aparece otra emoción: la de no haber tenido esa posibilidad. La de imaginar cómo habría sido conservar un testimonio de su propia infancia, una voz que dijera “esto pensaba yo a esa edad”. Algo que no existe para quienes ya son adultas. Por eso, este proyecto no solo resguarda voces: crea memoria. Y en ese acto, pequeño y profundo, devuelve a las niñas algo esencial —sus alas, su voz, su lugar en el mundo. “La respuesta ha sido asombrosa y todo lo que ha sucedido a largo de este proceso”, dice Gabriela Mier con emoción. “La idea principal y lo más importante de este proyecto es que estas 15 niñas participantes se llevan algo verdaderamente distinto. No me refiero solo a las alas bordadas que elaboraron, sino a algo mucho más profundo: por primera vez en sus vidas, han escuchado su propia voz”. Y concluye: “Creo firmemente que esa experiencia va a transformar de manera significativa la forma en que se posicionan hoy como niñas, mañana como adultas y, sobre todo, como mujeres en una sociedad que históricamente las ha silenciado. Ese momento de ser escuchadas, de reconocerse a sí mismas con valor y presencia, es el verdadero cambio que esperamos que perdure en ellas”. El podcast está disponible al público desde el lunes 19 de enero en YouTube y Spotify, así como en la página web de Enraizarte. Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.