ENTREVISTA | Ricardo Lesant y el Art Toy en Morelia: Enseñanza, coleccionismo, arte, diseño y artesanía

Hoy, con la masificación de las redes sociales, la venta de obra física se ha vuelto más difícil, ya que el consumo tiende a lo digital

Foto: José Roberto Morales Ochoa

EFE / La Voz de Michoacán

Visitamos la Galería Concepto Babel, donde pudimos entrevistar al artista visual Ricardo Lesant y emprender un descubrimiento fenomenal y lúdico en torno al “art toy”.

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Hoy viajamos a un segmento del arte poco explorado, pero vibrante. Para eso existe esta columna: para redescubrir juntos la producción artística contemporánea y las tendencias que definen nuestro presente y nuestra entidad.

Si un día caminas por el majestuoso Centro Histórico de Morelia y dejas fluir la curiosidad, te rodeará una fabulosa arquitectura, llena de simbolismos y un legado histórico vasto y fascinante. Coincidirás en que habitamos una ciudad plenamente cultural, donde el arte no es solo un vestigio, sino una constante, algo que se crea y recrea día con día.

Galerías y talleres son solo una parte de este legado vivo. Cada uno tiene su especialidad: moda contemporánea y tradicional, diseño, artesanía, arte culinario, artes visuales, fotografía, editorial, antigüedades o interiorismo. Es una industria creativa dinámica, en constante movimiento y llena de resistencia, donde en cualquier calle puede surgir un local que te sorprenda.

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Así, un día paseando y contemplando la ciudad descubrí a unos pasos de la Casa de la Cultura, una tienda concepto llamada: Babel. Arte Emergente MX, en la calle de Morelos Norte #237, un espacio gestionado por artistas que nos introdujeron al Art Toy, su principal giro.

Quedé impresionado por la cantidad de productos con valor cultural que albergan en ese local, un verdadero hallazgo para cualquier explorador urbano. En esta tienda galería, pude charlar con uno de sus propietarios. Te invito a que conozcas a un artista genial: Ricardo Lesant.

Fotografía: Detalle escultura (Cortesía Ricardo Lesant)

¿Quién es Ricardo Lesant?

Ricardo Lesant es un artista visual mexicano con formación en la Facultad Popular de Bellas Artes (FPBA) de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), quien se ha especializado en el trabajo escultórico con resinas. Desde su base en Morelia, desarrolla una producción artística continua y multifacética que abarca desde la escultura formal y la pintura, pero con especial incursión en el Art Toy, campo en el que se ha convertido en un referente. Más allá de su creación personal, Lesant ejerce como un activo agente cultural y docente artístico: es cofundador del espacio Babel Arte Emergente, imparte talleres formativos. A través de una estrategia de venta y presencia en galerías, ha logrado posicionar su obra en colecciones importantes, así como exposiciones en el extranjero: España, Francia y Tailandia, consolidando un puente entre la cultura pop, el arte contemporáneo y el público.

Antecedentes del art toy

Según el Diccionario de Conceptos de Arte Contemporáneo, editado por Hebertus Butin, (2009) traemos la definición de Pop Art de Barbara Hess, quien afirma que este movimiento artístico tiene como origen en los años cincuenta en Inglaterra, y de manera independiente en los años sesenta en Estados Unidos y después de ello su implantación en todo el mundo, atendiendo a necesidades estéticas que propiciaron tendencias de producción artística y que tomaron por principios la concentración de fenómenos de la cultura de lo cotidiano, la introducción de elementos de consumo de la cultura popular como medio de expresión en contracorriente de un “arte superior”  o formal, según los cánones de la época.

Este periodo artístico, el pop art, viene a colación como precedente bajo el cual se gestan otros movimientos artísticos del siglo XX, entre ellos art toy, siguiendo como un heredero natural de las reglas establecidas a partir de, más o menos, los principios y bases establecidos, porque se caracteriza por su accesibilidad y su fuerte crítica al consumismo y a la cultura de masas. Por lo anterior, este contexto mientras se iba difundiendo el movimiento pop, propició y abrió para muchos de los artistas la posibilidad de apropiación y revaloración de elementos populares de la cultura, al plasmarlos en medios plásticos de producción estilístico poco convencionales, como lo fueron: el collage, la serigrafía, el ready-made, la publicidad, entre otros recursos industriales.

¿Qué es el art toy?

En el sentido estricto, según Ricardo Victoria Uribe y Miguel Ángel Rubio Toledo, en su artículo “El art toy como objeto de diseño. Una introducción” (2024) refieren que el art toy es en sí un objeto de consumo y producción limitada o en serie, pero que es también una forma de expresión artística (emociones y crítica) y conceptual, comunicadora de ideas respecto de un tema social. Por lo que, más que ser un objeto diseñado para el juego como tal, va encaminado a un público adulto y también es objeto susceptible de ser coleccionado. Así mismo, en este artículo encontramos que, para algunos teóricos, el art toy tiene su primera aparición en Japón en la década de los sesenta a través de la producción tridimensional de representaciones de personajes existentes como Godzilla, Gamera, Ultraman, producidos a través del sofubis que es una adaptación del vocablo “soft vinyl”. El verdadero boom llegará a finales de siglo XX en Hong Kong, con creadores como: Michael Lau o Konatsu Koizumi.

Charla con Ricardo Lesant

Nuestro entrevistado señala que la consolidación del art toy como un movimiento artístico masivo y relevante ocurrió en Hong Kong durante la década de 1990. ¿Podrías profundizar en cómo se manifestó este fenómeno en aquel contexto?  –  El Art Toy tiene su origen documentado en Hong Kong a finales de la década de 1990. Allí, artistas comenzaron a apropiarse de elementos de la cultura popular masiva para intervenir plataformas preexistentes —generalmente figuras de vinilo—, transformándolas en obras únicas que expresaban su visión personal. Este movimiento sentó las bases para que creadores contemporáneos de renombre, como el japonés Takashi Murakami, integraran el Art Toy como una extensión natural y legítima de su práctica escultórica.

¿Cómo es para Ricardo Lesant el acercamiento con el art toy y la cultura pop?

Mi formación académica es en artes visuales, pero mi vínculo con el arte no comenzó en una institución. Crecí en pueblos de Michoacán, como Puruándiro y Cuitzeo del Porvenir, donde no existían casas de cultura. Mi acceso al arte llegó mucho después, en la universidad. Aunque nací en el Estado de México, llegué a Michoacán siendo muy pequeño. Allí se formó mi identidad: toda mi familia es de este estado y fue en sus pueblos donde crecí y tomé conciencia del mundo. Mi nacimiento en el Estado de México fue circunstancial; mi tierra es Michoacán.

Mi primer acercamiento a la cultura fue a través de las historietas, no de la televisión. En mi pueblo, Puruándiro, ni siquiera había bibliotecas, por lo que los cómics fueron mi única ventana visual. Un ejemplo clave fue una portada de Fantomas que reproducía una obra de Miguel Ángel. Hoy, el Art Toy representa para mí la esencia de aquella experiencia: es la expresión de la cultura popular que fusiona diseño y arte. Después de mi formación académica en plástica, retomar esta vertiente me permite conectar mis herramientas técnicas con ese origen popular que me definió.

Fotografía: Detalle escultura (Cortesía Ricardo Lesant)

¿Qué opinión tienes respecto de la producción y aceptación del art toy en México?
A menudo, aceptamos fácilmente movimientos culturales foráneos, pero desconocemos nuestra propia historia. Yo reivindico el art toy porque México tuvo una industria cultural pop muy potente desde los años 50, con historietas y cine masivos. Íconos como KalimánFantomas y Memín Pinguín eran pilares de esa época. Kalimán, por ejemplo, se publicaba semanalmente, generaba radionovelas y hasta tuvo una película internacional antes que Superman. Imagina la magnitud de esa industria, que era una verdadera potencia. Sin embargo, todo este ecosistema se desmanteló en los años 80, a pesar de que en su momento también involucró a artistas plásticos.

La influencia de estas historietas fue tal, que su distribución llegaba a toda Latinoamérica, hasta Argentina. Este alcance fue tan notable que incluso llegó a oídos de Julio Cortázar, ya que, en uno de sus números, Fantomas dialogaba en la ficción con él, con Octavio Paz y con Vargas Llosa. Este episodio tuvo tal relevancia que Cortázar, al sentirse aludido, decidió responder creando su propio facsímil Diálogo con Fantomas. Estas viñetas estaban llenas de referencias al arte, la historia y la política, trascendiendo el formato del cómic para convertirse en una forma de ficción literaria sofisticada.

Este cruce muestra cómo la alta cultura dialogaba naturalmente con lo popular, un fenómeno similar al que ocurría con Warhol en Estados Unidos. Sin embargo, aquí está la paradoja: mientras que en Europa instituciones como el Louvre ya exhiben cómics y novelas gráficas como arte legítimo, en México aún tendemos a menospreciar nuestra propia cultura popular. Por eso, a través del art toy, busco reivindicarla y darle el lugar que merece.

Me gustaría hablar un poquito de tu obra, de tu producción. ¿Cómo lo enfocas? ¿Cuál es el concepto de Ricardo Lesant como artista?

Mi producción artística es multifacética, pero tiene un eje central: la exploración de las identidades, particularmente la identidad mexicana. Esta búsqueda tiene raíces literarias profundas. La lectura de El laberinto de la soledad de Octavio Paz fue un parteaguas para mí, al igual que los cuentos de Los días enmascarados de Carlos Fuentes. Esta influencia se complementa con referentes contemporáneos como el cine de Guillermo del Toro, donde la fantasía se convierte en un vehículo para abordar temas culturales y políticos cruciales.

Es un tema complejo, veo tu obra y puedo ver muchísimos detalles tanto de forma, como de significado. ¿Tú cómo los describirías?

En mi obra siempre hay un elemento de fantasía, pero los conceptos más profundos giran en torno a la identidad. Un motivo recurrente es la máscara, idea que tomo de El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Para Paz, el mexicano usa la máscara no solo para ocultarse, sino para potenciar facetas de sí mismo, especialmente en la fiesta, donde puede liberar lo mejor y lo peor.

Pero la máscara va más allá de un objeto físico: es la ropa que elegimos, los roles que adoptamos, todo aquello que usamos para enfrentar al mundo, ya sea para ocultar inseguridades o para empoderarnos. Es ese efecto catalizador lo que me fascina: su capacidad de transformar y fortalecer la identidad. Esta noción tiene raíces ancestrales en Mesoamérica, donde la máscara —en rituales, pintura facial o vestimenta— siempre ha definido identidades.

Hablo de esto porque la pregunta: ¿quiénes somos los mexicanos? sigue vigente. Nuestra identidad no es fija; es un proceso vivo, marcado por el legado indígena, la herencia europea y la influencia norteamericana. No está consolidada, y quizá nunca lo esté, porque —como dice la frase— nadie se baña dos veces en el mismo río: estamos en cambio constante.

Por eso valoro el arte y, más ampliamente, la creatividad: es la herramienta que nos permite recrearnos continuamente, una capacidad accesible para todos, no solo para los artistas.

¿Cuál es la mayor virtud que te llevó a encaminar tu carrera artística en la producción del “art toy”?

Me decidí a explorar el art toy como una rama de mi escultura porque noté que el arte suele estar dirigido a un público adulto, percibido como de "alta cultura", dejando a niños y jóvenes un poco relegados. Creo que todos pueden acceder al arte, y el art toy es la herramienta perfecta para lograrlo de manera lúdica, sobre todo con las nuevas generaciones, aunque también muchos adultos lo disfrutan.

Para mí, ha sido un puente. Es un primer acercamiento que después permite dar el salto hacia el arte más formal. De hecho, he logrado que mis piezas de art toy tengan el mismo peso simbólico y conceptual que una escultura tradicional; solo cambia el lenguaje, que es más cercano y juguetón. Lo fascinante es que temas complejos o incluso intimidantes en una escultura formal se vuelven más accesibles y directos cuando se expresan a través de un art toy.

Mi reto actual es fusionar ambos lenguajes hasta que ya no se distinga dónde termina el juguete y dónde comienza la escultura. Me motiva mucho la reacción del público, que es abrumadora y muy emotiva; la gente lo siente propio. Por eso, mi siguiente meta es escalar el formato. Hoy trabajo en piezas de 80 o 90 centímetros, pero aspiro a crear art toys monumentales, de hasta 5 metros, con los que el público pueda interactuar e incluso ingresar en ellos. Esa es la dirección en la que quiero llevar mi trabajo.

Pasemos a hablar de “Babel”, el espacio del que formas parte. Nos interesa conocer su funcionamiento, su filosofía y el tipo de arte y actividades que difunde. ¿Podrías explicarnos qué es Babel y cómo opera?

“Babel Arte Emergente” es un centro híbrido y un colectivo. Su modelo se inspiró en un espacio artesanal de Quiroga, en Cocupao, que es un colectivo de artesanos. Entonces me gustó mucho porque cuando tú vas a ese lugar, si te interesa algo en particular... puedes conseguir el dato del artista o del artesano y tener un contacto directo. Y eso mismo quisimos replicar aquí, porque como vemos que de repente a veces no siempre hay la difusión adecuada, a través a veces de las políticas públicas, sino que a veces como que el artista se tiene también que involucrar, asumiendo nosotros mismos el rol de promotores y divulgadores.

Aquí unimos, en un mismo lugar en Morelia, enseñanza, coleccionismo, arte, diseño y artesanía, disciplinas que suelen presentarse por separado. Nuestra estrategia es usar la cultura popular y el coleccionismo como "gancho" para atraer al público que quizá se siente intimidado por espacios de arte tradicionales como museos o galerías. Una vez dentro, los visitantes descubren de forma gradual y orgánica otras expresiones creativas. Muchos, al regresar, tomar talleres o conversar sobre las obras, van sensibilizándose de manera natural, sin imposiciones.

El proyecto se sostiene gracias al apoyo de otros creadores que consignan sus piezas y a las ventas que entre todos generamos para mantener vivo el espacio. Y claro, este trabajo es gracias a los artistas que participan aquí: el principal, quien es mi socio es Abraham Saldaña, tenemos también al doctor Arthur Bancroft, que él es dibujante y creador de fantasía, también muy importante sería Úrsula Ginori, quien es pintora, tenemos tanto bastidores elaborados por ella, cuadros, pinturas, e incluso tenemos arte objeto, que son cajas pintadas a mano.

¿Qué otros retos detectan ustedes como colectivos al momento de involucrarse con los públicos?

Hoy, con la masificación de las redes sociales, la venta de obra física se ha vuelto más difícil, ya que el consumo tiende a lo digital. Sin embargo, el auge de los talleres demuestra que lo que realmente no puede sustituirse es la experiencia directa con la materia y el proceso creativo. Es justo al sumergirse en la creación cuando las personas comprenden lo que hay detrás de una obra, se sensibilizan y comienzan a valorar verdaderamente el arte, el diseño o la artesanía. Esta dimensión formativa es fundamental y necesita expandirse aún más, porque la única forma real de sensibilizar a las personas es haciéndolas partícipes activas. A través de una pantalla no se logra dimensionar el oficio; incluso, la edición de un video puede hacer parecer sencilla, lo que en realidad es un proceso profundo y complejo.

¿Algunas palabras o anuncios pertinentes para nuestros lectores?

Agradezco mucho este espacio, sobre todo para compartir con las personas que, además de visitar nuestro lugar físico —que ojalá nunca cierre, porque permite tener contacto directo con las obras—, nuestra plataforma más activa de exhibición y venta son las redes sociales. En mi caso, a través de Instagram, Facebook y YouTube es donde hoy comercializo gran parte de mi obra.

Esto me hace reflexionar sobre algo que necesitamos fortalecer en México: el consumo de arte local. Por eso los invito a atreverse a invertir en artistas emergentes. A veces se piensa que el arte es inaccesible, pero no siempre es así, especialmente al iniciar una colección. Apoyar a creadores en desarrollo no solo es una forma de adquirir piezas con gran potencial conceptual, sino también una inversión a futuro, ya que, si el artista crece, el valor de su obra puede incrementarse. Al final, se trata de confiar en el talento nacional y construir patrimonio desde lo cercano.

José Roberto Morales Ochoa, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales.

Instagram: @jrobertomorales

Email: imrobertomorales@gmail.com