Juan Torres, pintor y escultor que hizo de Capula su refugio de creación

Juan Torres ve el arte como parte de su vida, debe sentirse, ser un gusto al realizarlo y no debe ser visto como trabajo

Foto: Cortesía

Rita Gironès

El privilegio de mirar y escuchar lo que la mayoría no percibe. Como aquel primer salón de clases, recuerda, donde había mucho silencio y sólo se oía el deslizar de los lápices, los pinceles sobre las hojas y los pasos de un maestro que recorría el aula dando instrucciones. Pronto sabría que se trataba de Alfredo Zalce. La obra de un artista es una senda de mensajes. Juan Torres aprendió mucho de su estancia en Monterrey, pero fue en Capula donde armó su verdadero proyecto de vida. En realidad, solamente buscaba aislarse, cuenta. Y bendito espacio que se volvió Cartuja. “Al principio fue insoportable, pero después resultó una verdadera delicia”. Encontrarse, saberse proyectar. El oficio de emocionar, porque urge conmover al mundo.

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¿Qué querías ser de niño?

Verás, soy de clase media-baja. Vengo de una familia grande, mi mamá tuvo 11 hijos y entonces mi papá me llevaba con él a trabajar. Lo acompañaba en el primer camión de pasajeros que llegó a Capula y desde chiquito hasta los 10 años lo ayudé a desponchar las llantas del camión a diario. Aprendí muchos trabajos manuales, él tenía taller de carpintería, de mecánica, aprendí a manejar todas las herramientas. A eso le atribuyo un gran principio para un futuro artista. El desarrollo de las habilidades manuales es la manera que puedes entrar a un oficio. Luego entré a la primaria y terminé la escuela sin aprender a leer ni escribir. Hasta que un amigo del barrio me habló de Bellas Artes. Un día lo acompañé y me llevó al salón de pintura, allí me dieron una hoja de papel de estraza para que dibujara… ¡Obtuve mi credencial universitaria a los 11 años! Y allí empecé aprendiendo de un gran maestro que resultó ser Alfredo Zalce.

¿En qué centras tu interés?

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Yo tengo muchos alumnos. Estoy muy preocupado por el oficio. Lo más importante, les digo, es que seas un artista que tenga su oficio. La otra parte que enseñan en las universidades es otra cosa. Te enseñan arte conceptual, teoría, historia del arte, pero no enseñan como tal a ser artistas. Los museos están llenos de basura que son obra de arte. Por eso yo les digo que deben aprender el oficio, aprender a dibujar, a usar los colores, las herramientas, los pinceles, las espátulas. Y sí, la vida es una gran biblioteca, vamos aprendiendo y si tienes capacidad visual debes cubrir la belleza a tu paso. Tienes que conocer a muchos artistas para ver todas las corrientes, todas las formas de pintar, pero de cada uno te llevas algo que te habrá de sumar personalmente como artista.

De entre todas las artes plásticas ¿de cuál te sientes más cerca?

Absolutamente de todas. Te diría que aprendí del maestro Zalce, y su manera de enseñar era sumamente renacentista. Con él aprendimos todas las artes plásticas. Yo aprendí a dibujar, a pintar, a hacer escultura, a hacer cerámica, joyería, litografía, en todas sus formas, porque si tú ves mis esculturas hay algunas en bronce, otras de cemento, madera, todos los materiales me funcionan, tallas directas en piedra. Grabado en madera, en linóleum. En la pintura, empecé a pintar con acrílicos, llegando a lograr unos empastamientos maravillosos, hasta decantarme por la belleza del óleo; también la acuarela, ¡pero tal como debe hacerse! En fin, aprendí de todas las artes plásticas y con todas me hallo.

Al momento de crear, ¿hacia dónde te encaminas?

En realidad, me da lo mismo hacer una casa que una escultura o pintar un cuadro. No aprendí a leer o a escribir, sino hubiera sido poeta. Si hubiera tenido un piano o una guitarra, hubiera aprendido a tocar y sería un gran músico. Eso hubiera sido increíble, haber escrito poemas o poder tocar una sinfonía… Pudo haber sido si hubiera tenido los medios. Pero lo que tengo es más de lo que hubiera podido imaginar.

Foto: Cortesía

Tu propio espacio está hecho con tus manos...

Toda mi vida pensé en hacer un lugar donde yo viviría. Siempre cuento que mi mamá me heredó una enfermedad terrible, ¡el mal de piedra! Significa construir. Ella misma tumbó la casa y la volvió a hacer toda nueva. Y también el decir: el que no tenga qué hacer, que tumbe su casa y la vuelva a levantar.

¿Qué es para ti el Arte, Juan?

Para mí el Arte se convirtió en mi vida, es una parte muy importante de mi vida. El día que yo no trabajo, el día que yo no estoy en mi estudio, es como si yo me hubiera muerto ese día.

¿Para qué sirve el Arte en este mundo?

Para nada, pero hace mejores personas. La gente que se acerca al arte es otra cosa. Y la gente que está lejos del arte es otra cosa, no se conmueven frente a ningún hecho.

¿Consideras que el arte ha de ser más poético o político?

Tiene que ser poético, antes que nada, y eso no se puede explicar. Nadie pregunta qué significa la Quinta de Beethoven, ¿verdad? Pero a su vez tiene un componente político, pues es producto de tu momento histórico de manera natural.

¿Quiénes han sido tus maestros?

Básicamente el maestro Zalce, con él estuve 15 años. Llegamos a estudiar en su casa, hasta que nos cambiamos al rancho El Charro. Después de eso empecé a conocer a través de los libros a Picasso, Van Gogh, Matisse, a muchos artistas que me influyeron sin duda.

¿Con qué personaje de la historia te sentarías a platicar y de qué?

Quizás con Vasconcelos, el gran Secretario de Educación de aquellos tiempos porfirianos. Platicaría de la vida, de cómo debe el hombre formarse un proyecto de vida. Porque más que de Educación, él fue de Cultura, y a él le debemos el Arte Mexicano.

Principal rasgo de tu carácter.

Platicador y buen conversador. ¡Tengo mucha historia personal, muchísimas anécdotas! (Risas)

¿Has trabajado o trabajarías por amor al arte?

Hay cosas como el proyecto del Centro Cultural que sólo necesitaría un empujoncito para hacerlo gratis. En realidad, mi trabajo es un poco difícil llamarlo trabajo. Yo hago arte. Yo me expreso de cuantas formas hay. Veo lo que no ve mucha gente. Mi percepción va más allá. Y mi sensibilidad me permite arrancarlo y traerlo, convertirlo en arte. Esa visión que puedo transportar a la tela o a una escultura.

¿Qué es para ti la Cultura, Juan?

Enseñarse a ver y a sentir. El ejemplo de las cuevas de Altamira, ¿cómo pudieron lograr esas pinturas de un realismo tan extraordinario sin tener una escuela anterior? Se trata de sensibilidad. Se trata de saber ver y saber sentir. Saber apreciar lo que está frente a uno. Y tener esa necesidad de quererlo interpretar.


Rita Gironès, escritora, docente y artista escénica. Catalana y mexicana. Lleva 20 años residiendo en Michoacán trabajando activamente por la cultura. Apasionada de las Humanidades, obtiene el Premio Nacional de Dramaturgia en México, 2022.
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