La gaita gallega, el instrumento de viento más representativo de la región de Galicia, ubicada en el noroeste de España, viajó desde esta comunidad autónoma que colinda con Portugal hasta Morelia, para que el público escuchara por primera vez y en directo su peculiar sonido, con el que se mantiene viva una tradición musical y cultural desde el siglo XIII, gracias a una diversidad de repertorios, cantos y bailes que se realizan alrededor de este singular instrumento. Inscrita en el 2015 en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, la gaita es uno de los símbolos de la cultura gallega, en esta zona geográfica española, como también lo es el flamenco y su singular sonido del «cajón» en la zona del sur español, más concretamente, en Andalucía. Con el programa «Camiños Atlánticos de Pontevedra a México», la gira por nuestro país de la Banda de Gaitas de Forcarei, que cumple veinte años de trayectoria este 2026, incluyó algunas presentaciones en la Ciudad de México, Pátzcuaro y Morelia, ciudad en la que cerró su programa artístico en el Teatro Mariano Matamoros, prolongando su encore durante el encendido de la catedral, en pleno corazón del centro histórico de la ciudad, donde la fiesta continuó en medio del bullicio producido por los transeúntes, los vendedores y la música de los alrededores de la plaza, que se mezcló con el poderoso sonido de la gaita. Para acercarnos a este instrumento de viento y madera, distintas instituciones públicas, junto con varios actores de la iniciativa privada, entre ellos la Unión Mexicana de Empresarios Gallegos A.C. y el Centro Gallego de México, hicieron posible la gira artística de la Banda de Gaitas de Forcarei, la cual ofreció una muestra de su tradicional música con la participación de 65 ejecutantes. Fueron los gaiteros de diferentes edades quienes trajeron a la capital michoacana una parte de esa cultura musical que, como ellos mismos reconocen, «nace de la lluvia, el viento y la memoria». Aunque un amigo originario de Galicia que lleva más de veinte años viviendo en Michoacán, y que acudió a la callejoneada de gaitas con bastante escepticismo, ante el carácter comercial del evento, diría más. En sus propias palabras, la gaita, más que un instrumento, «es vendaval, mar enfurecido, vida y muerte a la par, la manera popular de dar cuenta del unamuniano sentimiento trágico de la vida. La gaita es embriaguez, es llanto transmutado en risa desesperada, es la fiesta cuando sabemos que todo se acaba». Me conmueven sus palabras y el sentimiento que le despierta el recuerdo de su vida gallega, sobre todo del sonido de la gaita que se le grabó en la memoria antes venir a vivir su transtierro a México. Supongo que tiene la misma sensación de extrañamiento que tendría un michoacano si, lejos de su tierra, le ofrecieran unas carnitas enlatadas que pese a ello le evocarían el sabor de las tradicionales de Quiroga. Sin duda, se despierta la añoranza, pero, en el fondo, sabe bien que aquellas carnitas nunca sabrán igual que las que podría comer en el puestecito de la esquina en la plaza de su pueblo. En fin, mientras pienso en estas y otras cosas, voy recogiendo las impresiones de quienes asistieron a las actuaciones de la Banda de Gaitas de Forcarei en Morelia, intentando reconstruir algo de los maravillosos paisajes gallegos con sus estampas de mar y montaña, con su campo verde y sus grandes y remotas piedras. Un misterioso lugar poblado por historias de trasnos y meigas, como en la lengua gallega se llama a ciertos duendes y a las brujas. Todo ello, y más, lo evoca la potente y profunda sonoridad de la gaita. Quien haya vivido o conozca esa parte de España, una zona muy diferente al territorio ibérico central y meridional, habrá percibido también la semejanza con algunos paisajes mexicanos, sobre todo cuando atraviesas la carretera hacia el oriente michoacano, donde todavía puedes contemplar a las ovejas, los caballos, los borregos o las vacas que pastan en medio del campo reverdecido y bajo un cielo algo gris. Esta es una estampa muy gallega, con la diferencia de que allá no suele interrumpir la contemplación de ese bello paisaje un convoy de la Guardia Civil estacionado en la bahía de la autopista, como ocurrió la última vez que transitaba la carretera hacia el arco norte de la ciudad de México. Pero volviendo a nuestra memoria de las gaitas gallegas en la Plaza de Armas, recuerdo haber escuchado a un señor michoacano que le pidió amablemente a un par de asistentes si podían irse a platicar «un poquito más lejos». La razón del buen hombre era contundente: «tal vez –les argumentó–es la única oportunidad que tenga en mi vida para volver a escuchar esta música». Aquellos dos asistentes eran, curiosamente, dos gallegos disconformes con el hecho de que la banda de gaitas y el grupo musical que la había acompañado interpretaran música de bandas sonoras de películas. Con todo, entendieron perfectamente la petición de aquel señor y, tras disculparse con él, se alejaron unos metros para seguir conversando. En efecto, aquel señor, visiblemente emocionado por la música que llegaba a sus oídos, tenía mucha razón, pues no era fácil, en medio del bullicio, escuchar un sonido que venía de tan lejos. Para llegar hasta Galicia, había que contar con, al menos, cuatro horas hasta CDMX; luego, sumar unas diez horas más de vuelo a Madrid, y, finalmente, otras siete horas en autobús (o cuatro si vas en un tren rápido) hasta la ciudad de A Coruña, a unos 45 Km de Santiago de Compostela, capital de la autonomía de Galicia y epicentro del Camino de Santiago, un emblema en la tradición religiosa cristiana, cuyo origen medieval y piadoso contrastaba hoy con las consecuencias ambiguas de haber transformado el camino de devotos peregrinos en una de las rutas turísticas más conocidas en el mundo. En ese enclave de océanos y caminos, se unen las historias de Europa y América, de identidades entrecruzadas, de procedencias distintas y, a la vez, cercanas. Esos caminos que se encuentran hacen que el alma gallega se refleje también en el alma de Michoacán y México. Así que, en honor a esta comunión, los gaiteros interpretaron el «Cielito lindo», algo que el público agradeció con un canto al unísono. Su mensaje dirigido a los asistentes cobró finalmente sentido: «Venimos a abrazar un recuerdo. A tender un puente entre dos tierras que nunca dejaron de mirarse. Porque hay caminos que no terminan en el mar: sólo esperan volver a empezar». Nota relacionada Music Glam La gira de la Banda de Gaitas de Forcarei por México se realizó de la mano de Music Glam, un grupo musical profesional de Galicia, especializado en música en directo, que cuenta con más de quince años de trayectoria. La formación está compuesta por instrumentistas en el piano, acordeón, saxofón flautas, violín y percusión, y una joven vocalista. Su repertorio ecléctico abarca desde el pop actual y jazz hasta bandas sonoras de películas, música tradicional, celta y piezas adaptadas para diferentes eventos. Por ello, el ensamble Music Glam ha actuado en espacios emblemáticos de España. Durante su concierto en el teatro Matamoros, interpretó un tema de la película española Mar adentro, en la que actúa Javier Bardem, así como otra composición de la cinta El último mohicano, protagonizada por Daniel Day-Lewis. 65 integrantes en la banda de gaitas 2 ciudades visitaron en Michoacán Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.